Un siglo de complemento

El día 29 de junio de 2018 tuvo lugar la efeméride del nacimiento de la Escala de Complemento en España, que marcará su impronta en el devenir de las Fuerzas Armadas en el último siglo.

En la actualidad hay 444 militares de complemento en el Ejército de Tierra —uno con el empleo de comandante, 150 con el de capitán y 293 con el de teniente—, de los que 111 tienen una relación de servicios de carácter permanente.

Un poco de historia

La Ley de Bases para la Reorganización del Ejército, de 29 de junio de 1918, es la que cita por primera vez, con la denominación de Oficialidad de Complemento, a los cuadros de mando subalternos que, con una instrucción militar básica y apoyada en su formación académica civil, pudieran complementar a la oficialidad profesional. Aprobada en el turno de presidencia de Antonio Maura, promulgada como consecuencia de la 1ª Guerra Mundial, y con el fin de tener un Ejército más numeroso y preparado, evidentemente se necesitaba formar cuadros de mando con eficacia y rapidez. Además, en esta ley se contemplaba también, como novedad, la conveniencia de destinar a los oficiales según sus titulaciones civiles que se relacionaran con cometidos útiles para la defensa. La integración de los seleccionados fue total en las filas de la oficialidad de carrera ya que, dentro de las circunstancias de la época, estos no desentonaban ni con su clase ni con su cultura.

La Guerra Civil trajo como consecuencia la movilización de gran parte de la población. Se planteó formar cuadros de mando para el personal movilizado; así se desarrolló, en el ejército Nacional, el Decreto 94, que reguló la figura de los oficiales de Complemento, que se popularizaron con el nombre de “provisionales”. Hubo un total de 30.000 oficiales con los empleos de alférez, teniente y capitán. Por el ejército Republicano se creó una figura similar a los “provisionales”, los llamados Oficiales en Campaña  y Oficiales de Milicias Populares, 13.000 y 10.000 oficiales respectivamente, con los empleos de teniente y capitán. Debido a la escasez de mandos, tanto en el Nacional como en el Republicano, muchos de ellos mandaron habitualmente unidades tipo batallón. Obtuvieron gran prestigio, llegando a conseguir por el bando Nacional 363 Medallas Militares Individuales y la nada desdeñable cifra de 15 laureadas de San Fernando; y, por el bando Republicano, 23 Medallas al Valor de las 240 grandes condecoraciones concedidas por el Ejército Popular.

Acabada la Guerra Civil, y debido a la nueva situación, cesaron en sus empleos para seguir diversos caminos. Había que adaptar también el Ejército a los nuevos tiempos. Para ello se promulgó el Decreto de la Jefatura del Estado de 22 de febrero de 1941, en el que se instauró el servicio militar obligatorio y, como parte de reclutamiento, se conforma de nuevo la Milicia Universitaria (con oficiales y suboficiales “provisionales”).

El personal que cumplía el servicio militar obligatorio podía alcanzar el empleo de sargento regimental, prolongando un mes su servicio para realizar  las prácticas de dicho empleo.

Pronto, en vista de la escasez de cuadros de mandos en las unidades, se les permitió el reenganche como profesionales. Los oficiales ascendían al empleo de teniente a los 18 meses pudiendo alcanzar, con frecuencia, el empleo de capitán y, escasamente, el de comandante; mientras que los suboficiales  ascendían a sargento 1º y brigada.

A partir de 1973, la Instrucción Premilitar Superior (IPS) —denominación en el Ejército— se convirtió en la Instrucción Militar de la Escala de Complemento (IMEC), que permaneció como tal hasta la Ley 17/1989 de la Función Militar; en este momento se transformó en Servicio de Formación de cuadros de Mando (SEFOCUMA), siempre con características similares.

Situación actual

Con la implantación de la citada ley, los componentes de la Escala de Complemento en activo se integraron en las diferentes escalas según correspondiera a su titulación universitaria. Desapareció, asimismo, el sargento de complemento, y los que había se integraron en la Escala de Suboficiales. En la 17/1989, además, se crea la figura del Militar de Empleo, con categoría oficial, como heredera de la Oficialidad de Complemento.

Poco tiempo duró esta denominación y aquellos objetivos, pues desaparece con la Ley 17/1999 de la Carrera Militar, en la que se les vuelve a renombrar Militares de Complemento, situación que, con diversos matices, permanece en la actualidad. No obstante, las condiciones han mejorado sobremanera desde los Militares de Empleo —que tenían una perspectiva de 8 años, como máximo, de compromiso, sin promoción interna y sin posibilidad de permanencia—; de hecho, muchos cesaron a partir 31 de diciembre de 2003 y pasaron a la vida civil.

En la actualidad, los Militares de Complemento —y en virtud de la Ley 39/2007 de la Carrera Militar y de las sucesivas Leyes de Tropa y Marinería—, tienen la posibilidad de optar a la permanencia hasta la edad de pase a la reserva o de integrarse en las Escalas de Carrera mediante la promoción interna.

 Como uno más

El Militar de Complemento, en todos los casos y a lo largo de estos 100 años de historia, ha acreditado con creces sus valores, el amor a España y al Ejército al que pertenece; ha demostrado su profesionalidad en las unidades en las que ha servido; y ha alcanzado en épocas de paz y de guerra, luchando con denuedo, en el trabajo de cada día y en las misiones internacionales de las que ha formado parte, un alto grado de eficacia en las diversas misiones que se le ha encomendado.

 

«Todos somos hijos de Homero». Entrevista a Bernardo Souvirón

Bernardo Souvirón, escritor y profesor de lenguas y cultura clásica nació en Córdoba en 1953, pero de la ciudad andaluza apenas guarda algunas imágenes del patio de la casa de sus padres ya que, con sólo cinco años, Bernardo Souvirón se mudó a Madrid. Fue tras la muerte de su padre, militar farmaceútico. Su madre le llevó entonces, junto a su hermana, al Colegio de Huérfanos de Oficiales del Ejército, donde estudió hasta llegar a las puertas de la universidad. Un encuentro casual con Homero, en los versos de la Ilíada, trastocaría sus planes de futuro y le llevaría a dedicar su vida al estudio de la lengua y cultura clásicas.
En su caso, Homero cambió su vida de forma consciente pero usted sostiene que su huella la llevamos todos. ¿No es eso lo que defiende en su obra Hijos de Homero?
Sí, porque el de Homero es el pensamiento más influyente de la historia de Occidente, más que Aristóteles, Platón o Santo Tomás de Aquino. Los valores que transmite a través de sus obras están vigentes hoy, son los valores esenciales de la sociedad occidental, que se han mantenido en los cimientos de nuestra sociedad hasta nuestros días.
¿Por eso considera tan importante que se conozcan los clásicos y la cultura antigua?
Sí, porque la historia antigua es una forma de entender el presente, la historia se repite constantemente. Por ejemplo, las crisis migratorias que vivimos en la actualidad, muchos creen que son algo de nuestro tiempo, y no es así. En la antigua Roma se vivieron crisis migratorias que duraron siglos por parte de otros pueblos que querían vivir y tener lo que tenían los ciudadanos romanos. Incluso se crearon centros en los límites del Imperio para acogerles. Pero Roma no fue capaz de dar una respuesta, ni su Ejército, el más poderoso del mundo conocido, fue capaz de controlar la invasión, y eso fue una de las razones de la decadencia del Imperio.
Pues los paralelismos son bastante evidentes… Sin embargo, ¿cree que en la actualidad se valora este tipo de conocimiento?
No, son malos tiempos para el conocimiento del mundo antiguo. El mundo moderno ha aparcado ese conocimiento, lo ha despreciado, cuando en realidad es un mecanismo de desarrollo personal. Se ha abandonado la idea fundamental de la que venimos: el ser humano es la medida de todas las cosas. Hemos abandonado el humanismo, cuando es la base de la civilización occidental. Lo que diferencia a los griegos de cualquier otra cultura es que se preocupan no por los dioses, sino por el ser humano, es lo que los distingue de cualquier otra civilización. En ese esquema se entiende que Ulises, cuando le ofrecen la inmortalidad, la rechace…eso no lo diría nadie hoy en día.
Y ese abandono, ¿qué consecuencias tiene?
Pues para empezar, los jóvenes de las nuevas generaciones corren elriesgo de no entender gran parte del arte o de la literatura universales, porque las referencias al mundo clásico son constantes. Por desgracia, toda reforma educativa que se ha hecho ha sido a costa de los clásicos, del saber humanístico. Yo, como profesor, lo he visto, pero lo cierto es que a mí nunca me faltaron alumnos de griego en mis clases. Yo creo que el conocimiento de la antigüedad es bueno en sí mismo y que el mundo antiguo interesa a todo el mundo.

«Hemos abandonado el humanismo, que es la base de la civilización occidental y un mecanismo de desarrollo personal»

¿Así lo pudo constatar en su experiencia en la radio, con sus colaboraciones en distintos programas?
Sí, en la radio pude comprobar que cualquierpersona, sea cual sea su nivel cultural, no desdeña el conocimiento, y que poner en comunicación a personas, aunque sean de distintos siglos, siempre funciona bien. Yo llegué a la radio por casualidad, porque en una cena con unos amigos en un restaurante, en la mesa de al lado estaba el responsable de un programa y, al oírnos hablar, se le ocurrió ofrecerme que colaborara en su espacio, que se emitía ¡a las tres de la mañana! Pero el caso es que había gente que nos escuchaba y que llamaba, y la sección fue un éxito. Al final, la historia antigua es la de la gente que ha hecho que el mundo avanzara.
Entre esos hombres que han hecho la Historia, están sin duda algunos militares. ¿Qué papel tenía la milicia en el mundo antiguo?
El Ejército era un pilar fundamental del poder en el mundo antiguo, especialmente en el Imperio romano. La Legión era un vehículo de civilización y su avance propició, por ejemplo, la construcción de auténticas carreteras. Los romanos ya tenían la idea de que la comunicación es fundamental. El éxito de los ejércitos griego y romano es que estaban formados por ciudadanos libres. Era un punto constitutivo de su modo de vida.
Como hijo de militar, ¿qué imagen tiene del Ejército?
Yo guardo un buen recuerdo del Colegio de Huérfanos del Ejército, y parte de lo que soy se lo debo a ese colegio. Además, el Ejército es, en cierto modo, depositario de la cultura y del saber. Muchos militares fueron hombres de armas y de letras. La milicia forma parte de la historia humana.
Si tuviera que recomendar una obra para acercarse a los clásicos y descubrirlos,¿cuál sería?
Sería la Ilíada, en la traducción del profesor García Calvo. A mí fue la obra que me cambió la vida con 18 años. Escogí algunos libros de la estantería que mi madre había ido llenando poco a poco para leer en los ratos libres de aquel verano de antes de entrar en la universidad. Uno de ellos era la Ilíada, en la edición de Clásicos Vergara. Desde el primer momento quedé fascinado por los versos, el ritmo, las palabras de aquel poeta tan antiguo, padre de toda la literatura occidental. Enseguida noté en mi interior el cosquilleo de los sucesos determinantes. Cambié la Escuela de Ingenieros Navales y me matriculé en la Facultad de Filosofía y Letras. Grecia me ha dado un hermoso pretexto para llenar muchas horas de mi vida y me ha ayudado a ser mejor persona de lo que nunca soñé ser. Mi deuda, nuestra deuda con Grecia, sólo puede valorarse en el intangible libro del conocimiento histórico.

 

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