Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

Tendría que haber hecho esto antes, pero no he tenido tiempo hasta ahora para escribirlo con la dedicación que se merece. Después de nueve años en el Ejército de Tierra, el 8 de noviembre, el día que cumplió mi niña un año, colgué mis botas y mi boina para emprender otra etapa de mi vida. Una etapa diferente.

Quiero agradecer a todos mis mandos y compañeros, tanto de la Brigada Paracaidista (II Bandera Roger de Lauria), del Batallón de Montaña (Arapiles IV/62) y de la unidad de seguridad del Cuartel del Bruch, donde he estado estos últimos cinco meses, por esta etapa de la que tan orgulloso me siento y me sentiré toda mi vida. Sí, seré el típico yayo-batallitas «¿Dices tú de mili?».

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Hace nueve años dejé mi vida en Sarda para emprender la aventura más alucinante de mi vida. Dejé a los míos, a mi familia, a mis amigos y, en definitiva, todo. Tenía 18 años, las historias de los tercios de Flandes en la cabeza y muchas ganas de ganarme los cuartos, sin tener que estar pegado a una silla. Mi padre me dejó en la estación de Barcelona Sants con 200 euros en el bolsillo, cogí un tren dirección Murcia y… ahí empezó todo. En el Batallón de Instrucción Paracaidista.

Sudé sangre hasta convertirme en el hombre que quería ser: un paracaidista. Me gané mi boina negra, mis hombreras y, para mí, fue una satisfacción igual que la que, imagino, sentirá un estudiante cuando aprueba la carrera, o un policía o bombero cuando aprueban la oposición.

Aprendí los valores del compañerismo, el honor, el sacrificio, el sufrimiento, la hermandad, la satisfacción del deber cumplido, el ayudar al compañero cuando lo necesita, el valor de la moral y de la fuerza mental. Aprendí a obedecer y a que me obedecieran. Aprendí y enseñé.  Corrí, día tras día, todas las mañanas durante casi ocho años de mi vida. Me superé una y otra vez a mí mismo. Aprendí a convertir el peor de los sufrimientos en el mejor de los recuerdos, las vivencias más duras en los momentos más felices junto a mis compañeros de armas.

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Tuve el honor de servir en la para mí, mejor compañía de paracaidistas del Ejército  de Tierra, en la Laureada, en la Séptima Compañía. Viajé por toda España y, más de una vez, caí desde el cielo en los lugares más inhóspitos para desempeñar las labores más alucinantes. No se puede explicar lo que es un asalto de Brigada. Hay que vivirlo.

Hice de la ametralladora MG-42 mi más fiel compañera, supe lo que era el dolor con una ‘peseta’ de mortero colgada al cuello durante kilómetros y kilómetros,. Lo que es saltar de un avión por rampa y por puerta y de un helicóptero Chinook en marcha con un paracaídas.

Supe lo que es dormir en un iglú y lo que se siente al tocar el cielo subiendo los picos del Pirineo catalán con una mochila de 40 kilos a la espalda, unas raquetas, unos crampones y un piolet. Lo que es el frío de verdad, el dolor en los dedos, el de las ampollas durante kilómetros, que se te congelen los huesos. El estruendo al disparar un mortero,  los nervios al tirar una granada, el sonido inconfundible de la MG 42 y disfrutar disparando con un fusil de precisión, quemarte la mano cambiando el tubo de la ametralladora, fumarte el cigarro sin que te vean y un sin fin de cosas que necesitaría un libro entero para contarlas.

Carta de un Caballero Legionario Paracaidista

Llevé 6 meses un equipo de combate con casco y chaleco con placas de cerámica por dentro, a 50 grados de calor en el desierto, reconocí una y otra vez con preocupación los laterales y bajos del vehículo buscando alguna mina o IED. Sentí el nervio de subir una montaña de arena armado sin saber que te espera detrás, lo que es la adrenalina y a que huele el queroseno. Escuché silbar las balas, como suenan los explosivos, o lo que se siente cuando pasa una onda expansiva por dentro de tu cuerpo y  la valentía que tienen los zapadores. Vi morir y me rondó la muerte. Supe lo que es ayudar de verdad a los que lo necesitan, lo que es la miseria, de que están hechos los malos, que la edad es mental y que hay niños y …niños.

Vi el cielo más espectacular que he visto en mi vida y dormí días y días en un agujero en el desierto comiendo raciones de combate. Aprendí el valor de una carta, el valor de lo que no valoramos. Supe lo que es el síndrome de Estocolmo al marchar de Afganistán.

Jamás olvidaré esos sitios a los que ya no iré: San Gregorio, Chinchilla, Casas de Uceda, Toledo, etc… He conocido a los mayores profesionales que conoceré en mi vida y aprendí lo que es admirar a alguien de verdad. Hice de España mi primer amor y conocí en Leganés al amor de mi vida:  la madre de mi hija, mi fiel compañera.

Viví en Murcia y en Madrid. Hice de mis compañeros mis hermanos, algunos siguen siendo militares hoy, otros no. Aprendí quien vale, quien no, en quien confiar y en quién no.

En definitiva, quiero agradecer al Ejército la oportunidad que me dio de convertirme en el hombre que soy hoy, en enseñar a valerme por mi mismo, a no depender de nadie, lo que es el ‘postureo’ y lo que no, lo que significa ser independiente. Quiero agradecer la oportunidad que me dio de dejar atrás a ese joven de 18 años un tanto perdido en la vida, a tener todo lo que tengo hoy, lo que he ganado con el mayor de los esfuerzos, a sentirme tan orgulloso como me siento. Quiero agradecer el honor de haber servido en uno de los mejores ejércitos que ha tenido y tiene el mundo.

A todos y cada uno de mis mandos, compañeros y amigos de esta etapa de mi vida: muchas gracias por haber pertenecido a la mayor de mis aventuras, muchas gracias por todo, jamás os olvidaré.

Caballero Legionario Paracaidista Joan Seguí Ruiz.

Con la vista al frente

Un año que concluye supone siempre un antes y un después. Para terminarlo con buen pie, las unidades no han querido perder la oportunidad de demostrar su alto nivel de preparación en condiciones meteorológicas adversas. Han puesto a prueba sus capacidades con ejercicios de instrucción y adiestramiento en diferentes escenarios de la geografía española. Las unidades llegan a 2020 preparadas para afrontar los nuevos retos, tanto en territorio nacional como en las diferentes operaciones en el exterior.

El equipo del periódico Tierra está integrado esta vez en el ejercicio que desarrolla el personal de la VII Bandera del Tercio “Don Juan de Austria”, 3º de la Legión. El objetivo de los militares es dar seguridad al convoy, en el que viajan los periodistas, desde Albacete hasta el Centro de Adiestramiento “Chinchilla”, y simular la llegada a un poblado ficticio para mantener un encuentro con autoridades civiles.

Pero esto es solo una parte del despliegue que ha realizado la Bandera en su ejercicio principal de adiestramiento del año y que se ha desarrollado del 10 al 19 de diciembre. Ha tenido dos fases: una, en “Chinchilla”, y otra, en el campo de maniobras y tiro “Álvarez de Sotomayor”, en Viator (Almería).

El ejercicio ha servido para integrar a todo el personal de la Bandera, así como para iniciar la preparación del grupo táctico, de cara al próximo despliegue en Mali, previsto para mayo.

Es la primera vez que la Bandera “Valenzuela” participará en la misión del país africano, pero esta no es la única peculiaridad. La unidad tomará el relevo a otra de la misma Brigada, la X Bandera, algo que no es usual. A ello hay que añadir que, además, actualmente la Brigada está desplegada en el Líbano. «Es un reto para la unidad y también para el personal», explica el teniente Zuñiga, jefe de sección en la Compañía de Mando y Apoyo, que aportará parte del contingente.

Del mismo modo, destaca que, a pesar de que se acaba de iniciar el periodo de preparación para Mali, la orientación del ejercicio les ha sido de gran utilidad. Sin ir más lejos, aunque la Bandera es de Infantería ligero-protegida, y se conforma en torno al BMR fundamentalmente, en esta ocasión se ha contado con vehículos RG-31 y Lince, ya que son los efectivos materiales de los que dispone la misión. «El ejercicio contribuye a que toda la unidad se familiarice con los vehículos, ya que al no estar en dotación en nuestra Bandera se puede haber tratado menos con ellos», explica el capitán Caro, jefe de la 1ª Compañía, que aportará el grueso del contingente.

marcos-JDR_5507Así mismo, han recibido apoyos de la VIII Bandera y de otras unidades de apoyo al combate y capacitadores del resto de la Brigada. Cabe destacar la involucración en el ejercicio de dos helicópteros Tigre del Batallón de Helicópteros de Ataque I, con sede en Almagro (Ciudad Real).

marcos-_MG_7773También se puede destacar la participación del Controlador de Ataque Terminal Conjunto (JTAC, en sus siglas en inglés). «Los helicópteros nos aportan seguridad sobre aquellos objetivos que no podamos alcanzar con nuestras armas de tiro directo», señala el teniente Camacho, jefe de sección de la 1ª Compañía. Para ello, el teniente Gamero, perteneciente al Grupo de Artillería de Campaña de la Brigada está integrado como JTAC del ejercicio. Su objetivo es coordinar el apoyo aéreo de los helicópteros Tigre. El JTAC es un capacitador para el jefe de la unidad de maniobra y le permite un empleo óptimo de los medios aéreos. «A parte del apoyo de fuego, el helicóptero Tigre aporta una mayor conciencia situacional de la zona, además de ser un elemento disuasorio fuerte», expone el teniente.

Sin duda, poder unir a toda la Bandera es un reto para la unidad y les aporta más posibilidades: «La extensión de Chinchilla nos permite instruirnos en espacios mayores y nos da una perspectiva diferente en operaciones de combate en población, al ser un escenario más amplio que al que estamos acostumbrados», expone el soldado Martínez, que tiene previsto desplegar en Mali con la 1ª Compañía

«Hemos respetado la configuración del subgrupo táctico, con los mismos elementos y apoyos que va a tener en el contingente», explica el comandante Román, jefe de Operaciones. De este modo, señala que, además de servir de adiestramiento del subgrupo táctico de Mali, el ejercicio ha permitido a la unidad tener una visión global de la situación en la que se encuentra la Bandera, ya que cuenta con mucho personal de reciente incorporación y su integración supone un reto.

La Legión vivirá 2020 de una manera muy especial, ya que cumple su primer centenario. La VII Bandera se prepara, sin embargo, para hacerlo de otra forma, pero no menos importante: «Para nosotros va a ser un honor estar desplegados en zona de operaciones en el año en el que se cumple el centenario de la Legión”», concluye el comandante Román.

EN EXPERIMENTACIÓN

La Brigada de la Legión llega a 2020 con el reto de haber sido designada Brigada Experimental (BRIEX) 2035. Esto implica que todos los ejercicios de sus unidades tienen la enorme responsabilidad de adaptar los medios y los procedimientos.

El capitán Romero, jefe de la 3ª Compañía y del subgrupo táctico de la BRIEX 2035, señala que todo se realiza pensando en las nuevas incorporaciones. «Aunque no contamos aún con el 8×8, el personal embarcado ya se instruye de acuerdo a las necesidades que tendrá este vehículo», señala. A ello se suman las pruebas con los materiales novedosos aportados por las empresas.

Blog oficial del Ejército de Tierra