ENTREVISTA A… JESÚS GARCIA CALERO/DIRECTOR DE ABC CULTURAL

España es un país de una riqueza cultural

Como redactor jefe de Cultura y Espectáculos de ABC desde hace más de 20 años y, ahora también, como director de ABC Cultural, Jesús García Calero (Segovia, 1965) tiene una privilegiada visión de conjunto de la cultura española. Su mesa de trabajo, repleta de libros, da buena cuenta de ello. No solo entiende de literatura, sino también de historia, de arte, de cine… y de arqueología submarina, que es su gran pasión.


¿Cómo definiría el estado de salud de
nuestra cultura?

Yo creo que no se puede ser sino optimista con todo lo que tenemos y la potencialidad que nos queda. España es un país muy creativo, quizá porque estamos en un lugar que ha sido cruce de culturas durante siglos, y el resultado de ello es lo que somos hoy en día. A pesar de todos los problemas políticos que podamos tener, culturalmente somos un país de una gran riqueza, sobre todo gracias al idioma español, que es la segunda lengua en el mundo. Si nos concentráramos en las cosas que nos unen, encontraríamos fácilmente solución a algunos de los problemas que ahora nos parecen casi insalvables. La cultura tiene ese poder, porque en ella es posible el diálogo.


Usted es experto en patrimonio subacuático. ¿De dónde le viene esa pasión por la arqueología submarina?
Todo comenzó el día en que se supo la noticia del expolio que Odyssey había provocado a un buque español, la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Empecé a seguir el tema y, al cabo de unas semanas, tuve la intuición de que aquella no era una noticia más, sino que estábamos ante una importante polémica cultural con implicaciones jurídicas, arqueológicas, etc. Para formarme un criterio, estuve documentándome con juristas como José María Lancho o arqueólogos como Javier Noriega, y me di cuenta de que existe un patrimonio de un altísimo valor —que es, además, un registro histórico frágil y vulnerable— y que estaba siendo expoliado. La respuesta a muchas de las dudas que podemos tener acerca de quiénes somos o del valor de lo que hicimos en América nos están esperando en los restos de aquellos buques. Una buena excavación de uno de esos yacimientos nos permitiría descubrir qué tipo de sociedad éramos y cómo conseguimos replicar esa sociedad en costas lejanas. Aunque España haya evolucionado y no sea hoy la misma entidad política que era entonces, todos en la actualidad —españoles, colombianos, etc.— descendemos de aquella España. Somos los tataranietos de quienes viajaban en esos galeones y, gracias a ello, compartimos una lengua, unos valores y una visión de la vida y de la muerte.


Quizá debido a la pandemia, la conmemoración del V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo está pasando bastante desapercibida. Al cabo de 500 años, ¿podemos seguir extrayendo lecciones de aquella hazaña?

Sí, desde luego. Lo primero que debemos tener en cuenta es que, aunque Fernando de Magallanes era un navegante portugués, aquel fue un proyecto netamente español, como lo confirmó la Real Academia de la Historia cuando desde este periódico le solicitamos que emitiera un dictamen al respecto. Además, durante ʼʼ Si algo nos llena de orgullo hoy a todos los españoles es el Ejército que tenemos la expedición sucedieron numerosas vicisitudes, entre ellas la muerte de Magallanes, y fue entonces cuando surgió la figura de Juan Sebastián Elcano, sin el cual, seguramente, aquellos hombres no hubieran conseguido regresar a España, demostrando que la Tierra es redonda. La gran lección de aquella época, desde que Cristóbal Colón descubrió América, es que no ha habido un esfuerzo mayor en la historia de España que el esfuerzo marítimo, el cual, además, supuso un revulsivo para el talento y la innovación.

Grandes escritores españoles han sido también militares, desde Jorge Manrique hasta Miguel Hernández, por ejemplo, pasando por Garcilaso de la Vega, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, etc. ¿Usted con cuál se quedaría?
A mí Cervantes me atrae mucho, porque fue muy joven a la guerra y aquello le costó la salud, pero es cierto que el Siglo de Oro está lleno de soldados que fueron también escritores, como Lope de Vega. Eran gente brava, orgullosa y con talento, y no eran peores escritores por ser soldados ni peores soldados por ser escritores. De hecho, durante mucho tiempo tuvimos el ejército más perfecto del mundo, los Tercios, que estuvieron en todas las latitudes. Una de las cosas que me hacen discrepar mucho de mi tiempo es la confusión que existe entre los deseos y la realidad. Evidentemente, todos tenemos ansias de paz, pero eso no nos puede llevar a pensar que en el mundo va a dejar de haber guerras. Y si algo nos llena de orgullo hoy en día a todos los españoles es el Ejército que tenemos. La historia de España es en buena medida historia militar, y eso forma parte de nuestra cultura.


La guerra, ya sea la de Troya o la Segunda Guerra Mundial, ha inspirado innumerables obras literarias y también cinematográficas. ¿Cuáles son sus preferidas?


Por citar una muy reciente, yo destacaría el libro Línea de fuego, de Arturo Pérez Reverte. Es una novela sobre combatientes de la Guerra Civil que tiene la enorme virtud de que, cuando has leído 30 páginas, ya te da igual en qué bando lucha cada uno, porque estás centrado en su
peripecia vital, estás pegado al terreno, sintiendo el miedo, el valor, el dolor, la falta de medios, el humanitarismo… Es una novela que no te dice quién es bueno y quién es malo. Todos tienen motivos válidos para estar donde están, y los valores que cada uno tiene no dependen del bando al que pertenece. Pero podríamos hablar también de películas como Salvar
al soldado Ryan, que plantea la grandiosidad de ese escenario en el que una generación se vio abocada a un sacrificio que hoy nos cuesta mucho entender. También me encantan los libros de Antony Beevor, especialmente El Día D, que está basado en archivos que nadie antes había utilizado, con los testimonios de quienes sobrevivieron al desembarco de Normandía. Es un libro fabuloso, que a mí me impresionó muchísimo.

“LA GESTA DEL ALCÁNTARA Y LOS VALORES MILITARES”,

del coronel de caballería L. Carlos Domínguez Deprá

“Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el camino más complicado” (George Sand).

Verano de 1921. Protectorado español, zona oriental, próxima a Melilla. El regimiento de Caballería Cazadores de Alcántara nº 14 pasa a la Historia militar española, al sacrificarse protegiendo la retirada de las tropas españolas de las acometidas de los rebeldes rifeños.

La gesta del Alcántara es conocida, sí, pero, ¿cuántos eran?, ¿cómo combatían?, ¿cómo protegió el regimiento la retirada del “tropel en desbandada” desde Annual?, ¿cómo fueron las famosas cargas del Gan? y -muy especialmente- ¿dónde estuvo la clave del Alcántara?…

Estas y otras muchas preguntas llevaban años rondando la cabeza del autor, a pesar de los muchos libros leídos y las numerosas conferencias recibidas; para él, la actuación del Alcántara en 1921 permanecía envuelta en una nebulosa, mezcla de mitos replicados a lo largo de cien años, de interpretaciones que no habían tenido en cuenta suficientemente las declaraciones de los testigos supervivientes y de aspectos que, simplemente, no tenían una explicación lógica sólida.

Tratando de resolver sus dudas, realiza una investigación histórica sobre la actuación táctica del Regimiento Alcántara entre el miércoles 20 de julio de 1921 (en que se reúne en Dar Drius) y el martes 9 de agosto (en que capitula Monte Arruit).

Para ello utiliza principalmente los testimonios de veinticinco testigos supervivientes del Alcántara, apoyándose en cartografía oficial de esa época y en el reglamento de Caballería de entonces, analizando todo ello bajo su perspectiva de oficial de caballería.

Tras un análisis profundo, el autor llega a una descripción cronológica y coherente de las acciones del Alcántara durante esos días de julio y agosto, citando, además, los Valores Militares de los jinetes del Alcántara a medida que se ponen de manifiesto.

Esto es lo novedoso de este libro: no hay mito ni leyenda, hay realidad, contada por veinticinco jinetes supervivientes que protagonizaron los hechos.

En suma, en línea con el lema del regimiento Alcántara: “Disipa, como el sol, las nubes a su paso”, este pequeño libro trata de arrojar luz sobre la actuación real de nuestros héroes de Alcántara.

Porque la realidad no fue menos heroica que la leyenda.

Imagen de portada del libro, que trata de transmitir el enorme sacrificio que supuso la Gesta, al superponer la imagen de un capitán con sus dos hijas y el listado de Caídos en 1921.

(Capitán José del Castillo Ochoa -que tuvo un comportamiento ejemplar, falleciendo a consecuencia de las heridas sufridas en los combates de Dar Azugaj-, con sus hijas Pilar y María Luisa, que perdieron a su padre, sobre el listado de los numerosos Caídos del Alcántara, que se encuentra en la Sala Histórica del Regimiento en la Base Alfonso XIII, Melilla).

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