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Testimonio de nuestros soldados durante la «Operación Balmis»

Testimonios de nuestros soldados de la Brigada Infantería «Galicia» VII, durante las labores que desarrollaron en la «Operación Balmis»

El cabo 1º Apellániz, de enfermar por el COVID-19, a combatirlo.

Cabo 1º Apellániz

El cabo 1º Apellániz, perteneciente a la Compañía de Defensa NBQ número 7, participó en el ejercicio “Ave Fénix” en Valencia, del 9 al 13 de marzo, de instrucción y adiestramiento para unidades NBQ, y a la vuelta, al haber pasado por Madrid y Valencia, se ordenó a todo el personal permanecer aislado durante 14 días como medida de prevención.

Al cabo de una semana comenzó a sentirse mal, con síntomas compatibles con el COVID-19, por lo que se le realizó la prueba pertinente, resultando positivos tanto él como su esposa.

Una vez recuperado, pudo reincorporarse a su Compañía, donde se unió a las tareas de desinfección de las diferentes residencias de mayores de Galicia, que ya realizaban sus compañeros desde hacía varias semanas.

Cabo 1º Apellániz

“En estos 25 años que llevo sirviendo a mi País, esta misión ha sido de lo más gratificante que hice como soldado. Solo me queda dar las gracias al servicio médico de la base, a mis jefes y compañeros, por la preocupación constante que tuvieron mientras estuve convaleciente”.

La Sargento de Artillería Noelia Carricoba López tuvo que cambiar sus hábitos de trabajo y forma de vida.

Sargento Carricoba

La pandemia que sufrimos supuso un nuevo escenario de actuación ante un enemigo desconocido e invisible frente al cual la BRILAT dio respuesta entre otras formas llevando sus equipos NBQ y de descontaminación por todo el territorio gallego.

Uno de estos Equipos estaba dirigido por la Sargento de Artillería Noelia Carricoba López, destinada en la Batería MISTRAL del GACA VII de la BRILAT, que tuvo que cambiar sus hábitos de trabajo y forma de vida, dejando momentáneamente “aparcado” su puesto de tiro MISTRAL para adaptarse al nuevo escenario al que se enfrentaba.

Un escenario que se planteaba con un enemigo que había que combatir centrándose principalmente en salvaguardar al colectivo más desfavorecido en esta pandemia, “nuestros mayores”.

La Sargento Carricoba se encontraba al mando de uno de los Equipos de desinfección del GACA VII de la BRILAT, habiendo sido formada para llevar a cabo su misión por el equipo de especialistas en NBQ del Batallón de Cuartel General de la BRILAT.

Sargento Carricoba

Desde el primer momento la incertidumbre ante lo que podía encontrarse la acompañaba en cada misión.

Durante los largos días en los que se pasaba junto a su equipo más de 5 horas, enfundados en los trajes de protección, resistiendo altas temperaturas y sensación de agobio, ella y su equipo desinfectaron desde residencias de ancianos hasta centros penitenciarios como el de “A Lama” (Pontevedra).

Uno de los mayores temores de la Sargento Carricoba era el riesgo a infectarse y llevar el virus a otros centros.

En todo momento seguía de manera seria y responsable las pautas de seguridad e higiene, dando directrices precisas al personal a su cargo para preservar su seguridad así como a los empleados civiles que se ocupaban de las residencias de mayores, de manera que una vez terminada la desinfección mantuvieran las medidas higiénicas para preservar su salud y la de sus ancianos.

La experiencia vivida durante las misiones de desinfección y las muestras de agradecimiento que en todo momento le expresaban los ancianos y sus cuidadores cubre con creces las horas de desinfección pasadas. Su vida ha cambiado y la labor que ella y su equipo han realizado sigue vigente.

Miedo a lo desconocido

En mis 15 años de servicio como soldado experimentado en el Regimiento “Farnesio”, creí estar preparado para sobrellevar los momentos difíciles que surgen cada día. Nada más lejos de la realidad. Cuando empezó la Operación “Balmis”, mi mujer estaba embarazada de unos meses. La preocupación e incertidumbre a lo desconocido fue inmediata.

Sargento 1º Rodriguez

Jamás me perdonaría que mi mujer o mi futuro hijo corrieran algún peligro por mis descuidos.

Desde el primer momento el protocolo de desinfección desde que salía hasta que llegaba a casa era muy estricto. Me llevaba un buen rato estar en condiciones para entrar en casa, lo cual provocaba más de una sonrisa a mi esposa, pero sé que la reconfortaba y le daba mucha tranquilidad.

Ahora que se va acercando el momento de ver por fin a mi pequeño, no puedo, no debo bajar la guardia, por eso, con bastante más soltura que al principio, aún extremo todas las medidas de protección.

Acercándose el final de este camino, puedo decir que ha merecido la pena este esfuerzo, participar en la operación “Balmis”, un Honor; la de proteger a mi familia, un Orgullo.

El soldado Zapico del Regimiento de Infantería «Príncipe» nº 3, un ejemplo de ayuda a los demás.

Soldado Zapico

No hay duda de que durante el periodo de cuarentena motivado por la pandemia COVID 19 mucha gente se vio afectada, de una u otra manera, en su quehacer diario. Este detalle no pasó desapercibido para el Soldado D. Óscar Zapico Carrocera, destinado en el Regimiento de Infantería «Príncipe» nº3, de la Brigada «Galicia» VII (BRILAT). Sin pensárselo dos veces el Soldado Zapico se anunció por su barrio, en Avilés (Asturias), para ayudar a todo aquel que necesitara sus servicios. En un principio lo hizo pensando en las personas mayores o incapacitadas que no pudieran desarrollar su día a día con normalidad pero rápidamente su propuesta se hizo conocida y pasó a realizar los más variados encargos desde compras en el supermercado hasta el traslado de productos entre vecinos, no habiendo día que, durante la parte más severa de la cuarentena, no tuviera que realizar algún tipo de ayuda.

El Soldado Zapico presta sus servicios en la Compañía MAPO del Batallón de Infantería Protegido «Toledo» II/3, como conductor. Esta Unidad participó de forma muy activa en la Operación Balmis dentro del Principado de Asturias en labores de desinfección, por lo que su proyecto de ayuda tuvo que desarrollarlo en el poco tiempo libre que esta especial situación le permitió, llevando a gala su condición de Soldado y ayudado sin duda por el Espíritu BRILAT, que caracteriza a todos sus componentes, reflejado fielmente en su artículo 10 del Decálogo BRILAT: Jamás abandonaré a un compañero que precise ayuda.

ALBERT CASTILLÓN

Todos tenemos un límite emocional en nuestras profesiones.

Vive el periodismo con pasión. En un momento como el actual, tras la declaración del estado de alarma, la labor de los comunicadores es fundamental para garantizar el acceso a la información de los ciudadanos. Albert Castillón (Barcelona, 1962) cree que han llegado nuevos tiempos a los que hay que adaptarse. Aunque para muchos es conocido por su paso por el programa Espejo Público, en Antena 3, confiesa que la radio siempre ha sido su debilidad. Desde el confinamiento retransmite cada tarde su programa El Barómetro, en Radio Inter. Además, acaba de publicar un libro sobre la COVID-19, titulado El origen de la pandemia. Un nuevo orden mundial, que ya se puede adquirir online.

¿De qué forma está viviendo, como profesional de la información, la crisis ocasionada por la COVID-19? Muy intensamente. Por primera vez, Internet y el mundo globalizado nos aportan información, a menudo más veraz que los medios de comunicación clásicos. Me da mucha pena por mi profesión, pero los medios generalistas obedecen órdenes gubernamentales y consignas de partido, Internet no. No hemos visto en las televisiones ni un funeral, ni un entierro, y sin embargo nos inundan con vídeos de sanitarios cantando y bailando, cuando somos uno de los países con más muertos y con más sanitarios contagiados.

Actualmente, dirige el programa El Barómetro, en Radio Inter. ¿Cómo está siendo la retransmisión estos días desde casa? Muy gratificante. Durante años estuve haciendo programas de radio
desde una cabina de doblaje, y también desde casa. No es nuevo para mí. Tengo instalada una Red Digital de Servicios Integrados
y se escucha como si estuviera en los estudios.

Durante todos estos años ha vivido momentos informativos de especial relevancia. ¿Un periodista está preparado para contar situaciones como estas (de extrema dureza en muchos casos)? Todos tenemos un límite emocional en nuestras profesiones. Yo me cansé de la radio local en Barcelona y di el salto a la televisión nacional. Más tarde, me agoté de secuestros y asesinatos y fui abandonando sucesos, porque me afectaba el contacto con las familias de los asesinados; dirigí mis esfuerzos a la actualidad política. Lo que nunca dejé de hacer es radio. La mayoría de periodistas están preparados con la teoría, no con la práctica, y esta pandemia nos va demasiado grande a la mayoría.

¿Cuál ha sido la cobertura informativa más dura que ha realizado? Sin duda, los atentados yihadistas en La Rambla de Barcelona. Estar en directo seis horas de televisión, poco después del atentado, cuando todavía estaba la sangre de los fallecidos en el suelo, y entrevistar a los supervivientes fue muy duro.

Su paso por el programa Espejo Público, de Antena 3, marcó un antes y un después en su vida profesional… Espejo Público marcó una etapa muy especial, pero para los demás, no para mí. De lo que estoy más orgulloso en mi vida profesional es de un programa llamado Tarde de Todos, que ganó un premio Ondas y realicé durante años en Onda Rambla. Aún me lo recuerdan cada vez que voy. Espejo Público fue una bonita etapa en la que conocí por dentro la televisión nacional, con sus luces y sus sombras. Pero como digo, me quedo con la radio.

Comentaba el premio Ondas, pero también ha logrado la Antena de Oro, entre otros reconocimientos. ¿Cuál es la mayor satisfacción para un periodista? Yo tengo tres motivos por los que ejerzo mi profesión: para intentar transmitir a otros lo que no conocen, para mejorar la vida de los demás y para ofrecer otro punto de vista de la actualidad, que pocas veces coincide con el oficial.

«En la actualidad, los digitales y las redes sociales son una forma más libre de estar informado»

¿Cómo es Albert Castillón tras los micrófonos o detrás de las cámaras? Hogareño, “cocinillas”, padre de dos hijos, amo de tres perros y un gato, perfeccionista y tozudo, y tremendamente trabajador.

Tuvo la oportunidad de realizar el servicio militar obligatorio…Durante un año y tres días. Lo hice ya mayor, con 22 años, por pedir prórrogas de estudios universitarios. Empecé en San Clemente, en Gerona; luego en Mas Enric, en Tarragona; y, finalmente, en el cuartel de Tarragona ciudad. A los pocos meses de llegar, ya tenía permiso para salir cada día a hacer radio y trabajar para sufragarme los gastos de la mili. Además, para hacer más llevadera la estancia, monté una orquesta con soldados del cuartel, en la que yo cantaba, e hicimos alguna gira por otros acuartelamientos de la provincia.

¿Qué destacaría del trabajo que realiza el Ejército durante estos días? España tiene mejor Ejército que políticos y siempre está dispuesto, sin hacer preguntas, cuando se necesita. Es, sin duda, la Institución española mejor valorada y, de nuevo, estos días ha dado ejemplo, además, de paciencia infinita ante los desaires recibidos. Imagino las escenas que han tenido que ver en alguna residencia de ancianos cuando iban a desinfectarlas… Son héroes.

Cuando esta situación pase, ¿cree que afectará de alguna manera a la forma de hacer periodismo? Desgraciadamente, no a la forma de hacer, sí a la forma de recibir información periodística. Mis hijos, de 18 y 21 años, ya nunca se informan de nada por televisión, ni por radio, mucho menos leen un periódico. Lo hacen a través de digitales y redes sociales, y según quién publica o transmite la noticia, la creen o la ponen en cuarentena. Es una forma mucho más libre, y no sujeta a órdenes políticas ni subvenciones públicas, de estar informado. En casos graves para el país, las redes sociales son fuente más fidedigna de información. Ahora somos nosotros, los periodistas con experiencia, los que debemos ir a trabajar a ellas para infundir confianza a los ciudadanos.