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PELOTARI POR TRADICIÓN FAMILITAR

Pelotari
Elegido uno de los mejores deportistas aragoneses

CONOCER A…BRIGADA CENTRO

Desde muy pequeño, en cuanto tuvo fuerza para coger una pala, el brigada Centro—destinado en la Agrupación de Apoyo Logístico
nº 41 (Zaragoza)— comenzó a jugaral frontón. «En el colegio teníamos frontón cubierto y era una actividad extraescolar que practicábamos muchos chicos. Aparte, pertenecía a un pequeño club de pelota, en el que también jugaba con otros muchos
chavales», recuerda el suboficial.
Su primer torneo de este deporte minoritario
lo ganó con 12 años. «La mayoría de los pelotaris lo son, normalmente, por tradición familiar y yo no soy una excepción.
Mi padre jugaba como aficionado a pelota mano y creo que, de verle y llevarme por los frontones, empezó mi afición», explica el brigada Centro.

Brigada Centro
Brigada Centro

Dentro de la pelota vasca hay muchas modalidades:
pelota mano, cesta punta, pala corta, paleta cuero y frontenis. Incluso hay diferentes canchas de juego: frontón corto
(36 metros), frontón largo y trinquete.
El brigada Centro ha destacado en frontón corto en las modalidades de pala corta y paleta cuero: «En las dos he conseguido
títulos a nivel nacional en la posición de delantero; también he destacado en la modalidad de paleta goma, en la que, a
nivel regional, he conseguido muchos títulos». El militar justifica su mayor número de éxitos en pala corta «por haber podido
disfrutar de unas parejas de juego, Daniel Velilla y David Caballero, con un nivel excepcional», si bien en ambas modalidades se siente muy cómodo.

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El brigada Centro ha destacado en frontón corto

Para el brigada Centro la pala es una afición…«Lo tomo como diversión: busco encontrarme bien conmigo mismo y los beneficios que reporta para la salud el deporte, porque, en la vida, tengo otras
prioridades, como el trabajo y la familia». Además, reconoce que la competición exige estar físicamente muy preparado y, en ocasiones, forzar el cuerpo al máximo. «Aunque la adrenalina que genera ver un frontón lleno de público aplaudiendo y animando es una sensación fantástica, también te llevas disgustos: lesiones, pelotazos y derrotas. Sin embargo, al final solo te acuerdas de las cosas buenas».
El suboficial entrena un par de horas al día: los lunes, miércoles y viernes, más centrado en lo físico (correr, velocidad y gimnasio); y los martes y jueves, más técnico, en el frontón. «A la hora de compaginar los viajes para competir con el trabajo,
siempre intento cambiar el servicio con los compañeros o aprovechar las vacaciones», matiza.
El brigada Centro ostenta el título de campeón
de Europa, un título que se dirime entre los dos mejores clubes franceses y españoles, ya que en Europa solo se juega a la pelota en estos dos países.

Ya cercano (por edad) al final de su carrera como pelotari, el militar defenderá, próximamente, el título de subcampeón en la Copa del Rey con el Equipo de Aragón —del que es jugador y, desde hace
tres años, entrenador—.
Además, el brigada Centro fue reconocido (hace dos años) como uno de los mejores deportistas en la Gala del Deporte Aragonés.

 

 

 

Maestro en autocontrol

Conocer a…Comandante Robles

Artes marciales
Ha participado en la redaccióndel Manual de Combate Cuerpo a Cuerpo del Ejército de Tierra

EL COMANDANTE ROBLES  diplomado en Operaciones Especiales, dio el salto al de­porte «por vocación personal y trasferen­cia de valores entre la milicia y el deporte».
Ya de profesor en la Escuela Central de Educación Física (ECEF) del Ejército —seis años al frente del Área de Defensa Perso­nal—, se doctoró en Ciencias del Deporte, en la Universidad Autónoma de Madrid, y cursó un máster en Investigación en Cien­cias del Deporte, en la Universidad de  Castilla-La Mancha; también es autor de
varios libros y manuales, así como de nu­merosos artículos; monitor de natación, atletismo, baloncesto y esgrima; ha sido director técnico del Campeonato de Judo del Ejército y delegado del Equipo de Judo del Ejército; practica y es maestro entre­nador nacional de jiu jitsu, defensa perso­nal, kárate, bu jutsu, sambo, aikido… Su in­terés se centra sobre todo en el combate cuerpo a cuerpo y en la defensa personal, de hecho ha participado en la redacción del Manual de Combate Cuerpo a Cuerpo del Ejército de Tierra… Semejante currícu­lum intimida un poco, ¿verdad?

Sin embargo, aquellos que conocen al comandante Robles aseguran que es un hombre tranquilo, que transmite sere­nidad. Él mismo asegura que las artes marciales, «me han aportado estabilidad, seguridad y equilibrio emocional, prin­cipalmente». Esto que, a primera vista, podría resultar paradójico tiene una ex­plicación: «Recientes investigaciones en Neurociencia indican que la felicidad es “la ausencia del miedo”. Desde este pris­ma, el entrenamiento modulado de artes marciales nos enseña a gestionar el es­trés, a la vez que nos prepara para poder defendernos físicamente. Esta capacidad superior de defensa nos permite mejorar en el autocontrol, venciendo los miedos —a menudo psicológicos— que tenemos, lo que al final nos permite gestionar estas situaciones con mayor templanza y, por tanto, permitiéndonos ser más felices en nuestra vida, y disfrutar de las relaciones sociales», asegura el oficial.
Al final, uno de los mayores beneficios de las artes marciales no es tanto defender­nos de las agresiones físicas como de las pequeñas agresiones psicológicas que recibimos a diario de compañeros, fami­liares, amigos… «El poder gestionar estas emociones nos enriquece como personas y nos permite contextualizar determina­das agresiones.  A la vez, como militares, nos prepara para las situaciones más peli­grosas en las que nos podemos encontrar a vida o muerte», matiza el comandante Robles.
En cuanto a su práctica por parte de per­sonas poco estables o agresivas, el pro­fesor de la ECEF considera que lo deter­minante es el enfoque: «Los deportes de contacto aumentan el grado de agresivi­dad intrínseco y extrínseco, mientras que las artes marciales, en un contexto más amplio que el mero entrenamiento de lu­cha, dan como resultado una modulación del grado de agresividad a partir de los seis meses de entrenamiento. No es que la pierdan, sino que son más capaces de canalizarla, y utilizarla solo en caso estric­tamente necesario».