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UN CORAZÓN VALIENTE: TENIENTE ARTURO MUÑOZ CASTELLANOS

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Un Corazón valiente: Teniente Arturo Muñoz Castellanos

El plasma sanguíneo había llegado dos días antes al helipuerto de Metkovic, una pequeña localidad costera, justo en la frontera entre Croacia y Bosnia-Herzegovina en la desembocadura del río Neretva, donde éste pierde su color esmeralda dejándose arrastrar sin remedio posible hacia el mar Adriático.

La sangre que hace latir corazones y es la luz y el prodigio del existir llegó desde el aire. No había pocos heridos y agonizantes que, agarrados a esa única esperanza, soñaban con que llegara el plasma sanguíneo y los medicamentos, que tanta falta les hacían a los dos hospitales de una Mostar en guerra, situados uno a cada lado de la línea de confrontación: el hospital bosnio-musulmán y el hospital bosnio-croata; y eso que nadie ignora que la sangre no pide documentación ni papeles para entregar la vida, ni distingue razas ni religiones, ni hace preguntas cuya respuesta sea el odio.

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Un Corazón valiente: Teniente Arturo Muñoz Castellanos

Eso no lo hacía la sangre que llevaba Arturo, ni por dentro en las venas, ni por fuera, en los camiones después de recoger el plasma sanguíneo y los medicamentos en el helipuerto de Metkovic. Ya lo había demostrado cuando, pocos días antes, el día 3 de mayo, tuvo que proteger a refugiados musulmanes en el itinerario Jablanica-Konjic de las fuerzas bosnio-croatas; y cuando, cuatro días después, el día 7 de mayo le tocó proteger a civiles croatas procedentes del ataque a Rodesine de fuerzas bosnio-musulmanas. La Legión no distingue, diría Arturo, ni a los pobres, ni a los ricos, ni a los grandes ni a los chicos. Protege a todos. Ésa es la Legión. Y allá estaba con sus legionarios de la 2ª Sección de la Compañía “Alba”.

El día 10 de mayo de 1993, Arturo recibió la orden de ir a recoger la sangre, su sangre, a Metkovic. La recogieron sin novedad y, por carretera, la llevaron a la base de Medjugorje, donde les esperaban los contenedores para guardarla. No sabía que el día 11 de mayo, venía marcado en su calendario con la traza que impone el destino a los valientes. Así que se fue a descansar sin saber las heridas, que valen un mundo, que caerían sobre su piel al día siguiente.

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Un Corazón valiente: Teniente Arturo Muñoz Castellanos

Esa noche era calurosa y apetecía pasear para aprovechar el frescor de la caída del sol, entre árboles, por la colina de aquel antiguo camping que ahora servía de base a los españoles. Arturo sabía que allí al viento del sur lo llamaban yugo y al del norte bora, o algo parecido. Y asoció Yugoslavia al viento del sur, allá donde vivían los eslavos del sur; y el bora, al viento boreal y frío del norte. Esa noche soplaba viento del sur, el yugo, y las aguas esmeraldas del río Neretva empezaron a oscurecerse escondiéndose entre sus propias sombras.

Ya sabe que a la ruta del Neretva la llaman “la ruta de la muerte”, porque en Mostar se acaba de abrir un frente en el que las partes se emplean con ferocidad y dureza; mientras miles de civiles no combatientes se encuentran atrapados, prisioneros entre cristales rotos, muros derruidos y un continuo fuego de fusilería y morteros que traen heridas sin forma en los corazones, haciendo preguntas cuya única respuesta es el odio.

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Un Corazón valiente: Teniente Arturo Muñoz Castellanos

Y llega el día 11 de mayo, que el teniente Arturo Muñoz Castellanos anota con lápiz terrible en su cuaderno: La sección sale a las 11:35 de la base de Medjugorje, dirección a Mostar, primero pasará por el hospital bosnio-croata a dejar plasma sanguíneo y medicamentos y luego hará lo mismo con el hospital bosnio-musulmán.

Que la sangre no entiende de documentos ni papeles para entregar la vida, ni distingue razas ni religiones, ni hace preguntas cuya respuesta sea el odio. Que esa es la Legión.

Sabe, porque lo vivió, que el día 9 de mayo la carretera de Dracevo a Jablanica estaba cerrada a la altura de Mostar debido a los violentos combates; es por eso por lo que aquella mañana es agregado con su unidad a la Compañía “Austria” para intentar abrir de nuevo el itinerario hasta Jablanica. Así que no le va a sorprender cuanto va a encontrarse allí.

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Un Corazón valiente: Teniente Arturo Muñoz Castellanos

El Neretva los conduce entre túneles, curvas sinuosas y un valle impetuoso que sostiene a la carretera, arañada por las explosiones que la desgarran sin convencimiento pero con ira. El no sabrá nunca que “la ruta de la muerte”, después de muchas escoltas, de mucho trabajo interponiéndose entre los contendientes, pronto se llamará “la ruta de la vida” y, más tarde, conforme pasen las aventuras y los días, los bosnios la llamarán “la ruta de los españoles”.

Los vehículos entran en el bulevar y lo cruzan, sabiendo que dentro de Mostar hay poca sangre y mucho fuego; y los legionarios se dirigen a Mostar y a sus hospitales a dar mucha sangre y a interponerse entre los contendientes para que haya poco fuego.

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Un Corazón valiente: Teniente Arturo Muñoz Castellanos

Entran por el barrio de Donja Mahala, y suben por Gojka Vukovica. El río Neretva, con su eterno color esmeralda, esperaba paciente, como siempre hizo a lo largo de los siglos. El convoy que manda Arturo consigue alcanzar el hospital bosnio-croata y descargar la mitad del plasma sanguíneo y los medicamentos en su primer destino y recoger a un civil herido, todo ello con intensísimo fuego de morteros y fusilería.

El aire se llena de polvo y arena mientras enfocan el camino al hospital bosnio-musulmán para descargar la sangre y los medicamentos que les corresponden, mientras desde posiciones bosnio-croatas del HVO caen, sin número, granadas de mortero, y el aire se llena de metralla.

Mientras descargan el material en el hospital bosnio-musulmán ve a un civil herido, y decide llevárselo. Como con el vehículo no puede acceder debido a las barricadas y la destrucción tiene que hacerlo a pie. Y lo hace. Deja los vehículos a cubierto y se va a por él. El fuego continúa siendo muy intenso. Cuando regresa a los vehículos, una de las muchas granadas de mortero que les cayeron durante el trayecto lo alcanza, dejándolo malherido, con los brazos como dos alas, junto al hospital donde había dejado la sangre que llevaba para dar vida y entregando también la suya y los veintiocho años que tiene. Su mujer, en Ceuta, todavía no sabe que Arturo está herido, y en ese momento mira el anillo que le regaló poco antes de partir a Bosnia. Tardará muchos años en volver a ponérselo.

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Un Corazón valiente: Teniente Arturo Muñoz Castellanos

Los médicos musulmanes son los primeros que lo atienden y ponen todas las ganas en salvar al casco azul español que acaba de dejarles sangre y medicamentos suficientes para salvar muchas vidas; además, los médicos de los hospitales en guerra saben que las heridas tampoco entienden de idiomas o religiones, y que la metralla desgarra la carne de la misma manera sin importar otra cosa que no sea la misma carne.

Partió con vida para España y cuando lo llevaron al hospital Gómez Ulla empezó a repartir un corazón, dos pulmones, dos riñones, un hígado, a todo aquel que pudiera hacerle falta. Como era de prever su corazón sigue vivo, y debe de ser fácil distinguirlo a la primera cuando ande por la calle en otro cuerpo, porque debe diferenciarse a la primera cuando alguien lleva dentro un corazón valiente.

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Un Corazón valiente: Teniente Arturo Muñoz Castellanos

Nota: Las fotografías de esta entrada corresponden al carrete que llevaba ese fatal día el Teniente Muñoz Castellanos en su cámara fotográfica y que han sido cedidas por su viuda.

A PESAR DEL FRIO

El alba se despereza aún tímida, y deja paso a otro día nublado y frío. El silencio se rompe por el sonido ronco de los motores, que parecen despertar también del sueño. Tras repasar los últimos detalles del planeamiento, los jefes suben a sus vehículos. Cuatro TOA,s salen en fila india del vivac con dirección sur.

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A pesar del frio

Minutos después, además de la cabeza del jefe y la del tirador, se ven otras que asoman de vez en cuando atentas al despliegue y a quien lo manda. “Ahora ha mandado cuña”, dice uno que ve la seña que el jefe de sección hace a sus compañeros, al tiempo que escucha como otro informa por radio para que no haya duda. A continuación se oye “de PAPA 0 para toda la malla, despliegue en línea’, y de nuevo los vehículos pivotan sobre el base adoptando el nuevo despliegue. En cuestión de segundos estos avanzan en guerrilla haciendo vibrar el suelo. Empiezan los saltos hasta que, de repente, el jefe ordena prepararse para desembarcar. Al poco, los portones se abren y de su interior salen los fusileros corriendo como locos a conquistar la posición, acompañados por el fuego de apoyo de los vehículos que dejan atrás. Una vez tomada esta, vuelta a empezar.

Este es solo un pequeño ejemplo de los ejercicios que los alféreces de cuarto de Infantería de la Academia General Militar hemos realizado durante dos semanas de instrucción y adiestramiento; dos semanas intensas en las que hemos visto la premura que se exige al teniente para planear, organizar, coordinar y ejecutar las acciones que conlleva una misión, que se le puede encomendar en cualquier momento, incluso nada más cumplir la anterior, con la misma o con mayor exigencia que la última y, por supuesto, sin tener en cuenta el sueño o el cansancio acumulado.

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A pesar del frio

El planeamiento y la posterior ejecución de temas tácticos ha sido la constante de casi todos los días de maniobras, ya que es el trabajo al que fundamentalmente nos enfrentaremos como tenientes. Dicho planeamiento se basa principalmente, y más para la infantería, en el estudio del terreno, ya que de su conocimiento puede depender la supervivencia en las operaciones en el exterior. No obstante, también hemos aprendido que el planeamiento no es algo cerrado, estático o absoluto, y que, en su conducción, el saber adaptarse a la situación cambiante es un aspecto que debemos tener en cuenta. Además, los caballeros alféreces cadetes que han tenido la suerte de liderar los temas tácticos han comprobado lo difícil que es mandar una sección mecanizada. En su caso, a todo lo aprendido sobre la infantería ligera hubieron de sumar un elemento más: los vehículos, llámense Pizarro o TOA. Incluso alguno tuvo el privilegio de montar en carros de combate Leopardo 2E. El añadir este elemento a la maniobra agrega a la táctica una variable que, bien usada, es un potenciador de la capacidad de combate de la infantería.

No obstante, el aprendizaje de los infantes de la AGM no terminó con el mando de las unidades mecanizadas, puesto que, si de algo nos han servido estas maniobras, es para tomar conciencia de que la infantería cuenta con más medios de los que a simple vista puede parecer, y que todos requieren de un alto conocimiento y preparación técnica para sacarles el máximo rendimiento y lograr cualquiera de los objetivos que se nos encomienden.

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A pesar del frio

De ese modo, la instrucción en el tiro de armas colectivas ocupó gran parte de la segunda semana. Aprovechando las posibilidades que ofrecía el campo de maniobras de Cerro Muriano (Córdoba), hubo tiro con ametralladoras, con la novedad para nosotros, los cadetes, de hacerlo sobre trípode. Pero el esfuerzo principal se centró en el tiro de mortero. Las posibilidades que esta arma da al apoyo de la maniobra de las pequeñas unidades de infantería la hacen fundamental para el éxito de las misiones. Asentar la pieza, apuntarla y disparar no es nada fácil, y requiere de un alto nivel de instrucción y preparación. En este sentido, los futuros tenientes aprendimos que las claves para emplear los morteros eran papel y boli, el plano, el cordinatógrafo y la calculadora Calmor.

Pero, sin duda, la experiencia más enriquecedora que nos llevamos los alféreces de este último periodo de instrucción y adiestramiento ha sido la posibilidad de haber estado con los tenientes de las unidades.

Aprender de ellos ha sido una motivación para comprender que la ansiada segunda estrella, que tan lejana parecía cuando comenzó el curso, cada vez se encuentra más a la vuelta de la esquina, y que llevarla en el pecho de la guerrera requiere trabajo duro y supone una gran responsabilidad. Pero también una enorme satisfacción, por un lado, por ver cumplido un sueño después de exigentes años de formación, y por otro, por lo gratificante que será, a la postre, mandar a unidades de infantería para servir a España. A pesar de la dureza. A pesar del cansancio. A pesar del frío.

Texto:            Caballero Alférez Cadete Antonio Pérez Urieta

4º Curso de Infantería. LXXIV Promoción AGM