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Entrevista a… Carlos Arévalo

Selene Pisabarro/Madrid

Carlos Arévalo (Betanzos, La Coruña; 1993) ya forma parte de la historia del deporte olímpico, concretamente, del piragüismo. Lo que empezó siendo una afición cuando era un niño se ha convertido en una parte de su profesión, que compagina con la militar. Tras años de mucho esfuerzo, esta disciplina le ha dado la mayor alegría a este soldado destinado en el Regimiento “Príncipe” nº 3. No solo ha participado en los Juegos Olímpicos de Tokio, sino que regresa con una medalla de plata. Lo ha conseguido en la modalidad K4-500, junto a sus compañeros Saúl Craviotto, Marcus Cooper y Rodrigo Germade. Una gesta que ha elevado a lo más alto al Ejército de Tierra, orgulloso de este gran deportista.

Ha sido una plata muy merecida y trabajada.

Sí, la verdad es que ha sido un trabajo muy largo y, además, con la pandemia se ha alargado un año más. Han sido muchos años detrás de la medalla y ha sido durillo, pero al final se ha conseguido el objetivo, que era lo importante.

Los Juegos se cancelaron en 2020 y, finalmente, se pospusieron un año. ¿Cómo habéis vivido, como deportistas, el estar preparándoos sin fecha?

Fue tremendo. Llegó un momento, cuando se cancelaron por la pandemia, que tuvimos un momento de incertidumbre muy complicado. Fue difícil, porque estabas entrenando sin ningún objetivo y no sabías lo que iba a pasar. Desde el Comité Olímpico Español y el Comité Olímpico Internacional se nos animó a seguir entrenando, nos dijeron que los Juegos seguían hacia adelante y que no se iba a cancelar nada; y así fue al final.

Durante el confinamiento, ¿cómo entrenabais?

Tuve la suerte de tener en casa un simulador, un kayak ergómetro, y una bicicleta estática. Gracias a eso pude hacer buenos entrenamientos y mantenerme lo mejor posible para que, cuando volviéramos a entrenar, estuviera en buena forma.

Habéis hecho una gran competición, os quedasteis a muy pocas décimas de los alemanes. ¿Qué sensaciones os traéis a España?

Llevamos todo el ciclo olímpico peleándonos con los alemanes, es verdad. Son un barco muy, muy potente, lo han demostrado ganando en todas las competiciones mundiales y en el campeonato olímpico. Nosotros hemos tenido muy buena sensación, hemos hecho una regata perfecta, nos hemos encontrado muy bien y hemos podido dar el 100%. Nos ganaron porque fueron mejores, no tenemos nada que reprocharnos y estamos muy contentos. Solo <<estar en una Olimpiada es un orgullo como deportista >> y lo mejor a lo que puedes aspirar; y si encima has sido capaz de sacar una medalla para tu país, el orgullo es tremendo.

Me imagino que durante la competición el grado de concentración es tan alto que no tienes tiempo para pensar en nada más, pero cuando atraviesas la línea de meta, ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza?

Nada más entrar en la línea de meta, dices: “Quedé segundo, qué mala suerte”, pero al momento ya te viene la alegría y dices: “¡El segundo olímpico!”. Estás toda la regata concentrado, el máximo momento de nervios es la salida: vas concentrado en el paleo, en seguir a tus compañeros y en hacer todo perfecto. Una vez que entras, es una mezcla de sensaciones: felicidad, frustración por no haber podido ganar…

Las marcas son buenísimas, me imagino el cariño que habéis recibido de la gente.

Por supuesto. El cariño que he sentido detrás ha sido inmenso desde toda España, todo el mundo. El empujón ha sido tremendo: mi familia, mis amigos, mi novia…

Volvamos a unos días atrás: a la Villa Olímpica. ¿Cuáles eran vuestras rutinas?

Normalmente, madrugábamos bastante para levantarnos a la hora de la competición, a las cinco o seis de la mañana. Desayunábamos en el comedor, que era inmenso. Después, íbamos a entrenar a la pista, probábamos un poco las condiciones y cómo estaba el aire para simular la competición. Dependía del día, pero por las tardes solíamos descansar porque, por el calor y la humedad, el desgaste era tremendo, así que nos metíamos en la habitación con el aire acondicionado a tope para descansar.

Precisamente, los deportistas se quejaban de esas altas temperaturas de Japón.

Tuvimos que ir con tiempo para poder adaptarnos. Los primeros días fue horroroso: 35 grados, 80% de humedad… No podíamos ni respirar, estábamos cansadísimos. Lo combatíamos con chalecos de frío, piscinas heladas, echándonos toallas frías y congeladas… Era la única manera de refrescarnos. Era una locura, sobre todo en competición, porque, en otros deportes a lo mejor estás dentro del agua y te refrescas un poquito, pero para alguien que esté en una pista con esas condiciones es muy difícil.

¿Habéis aprendido a gestionarlo de alguna manera antes de viajar a los Juegos?

Aquí intentamos simular todo, pero cuando llegas a Japón todo cambia. No solo es por el clima, sino que te metes en un mundo del deporte que no es comparable a nada que se haya visto nunca. El estar en una Villa Olímpica con los mejores deportistas del mundo, solo verlos ya te hace entrar en la competición de golpe y, por mucho que quieras gestionarlo aquí, es complicadísimo.

Otro de los temas de los que se ha hablado ha sido el de la presión que ha sufrido Simon Biles, por la que dejó de competir en algunas modalidades. ¿La habéis sentido también?

Por supuesto, claro que sientes presión. Vas allí con las expectativas de luchar por una medalla y todo el mundo está pidiendo resultados, tú mismo te lo impones: “Llevo trabajando cinco años para jugármela en un minuto, tengo que hacerlo bien”. Es una presión tremenda, pero siempre he dicho que este tema es una cuestión muy personal porque cada persona es un mundo y reacciona a su manera. Por ejemplo, yo cuando estoy nervioso hablo muchísimo (risas). Cada uno tiene sus formas de llevarla, pero si es insoportable, porque te puede perjudicar a la salud, cada uno toma sus decisiones acorde a lo que va sintiendo.

Entrevista a Carlos Arévalo

Cinco años de preparación, pero estuviste a punto de desistir en 2016.

Sí. Más que desistir, quise reorientar mi vida. Una cosa con la que soportas bien la presión es que, si se te acaba el deporte, vas a tener algo detrás. Si eres deportista y no tienes respaldo, en el momento que se acaba el deporte, se acaba todo, ahí la presión no se multiplica por diez, sino por un millón. Si sabes que tienes un apoyo con el que, pase lo que pase, vas a tener tu vida enderezada y un camino que seguir… Yo eso lo conseguí con el Ejército de Tierra. La verdad es que es la mejor decisión que he tomado en mi vida y que me ha llevado a estar donde estoy ahora.

El Ejército te ha proporcionado apoyo a la hora de entrenar, porque un deportista de élite necesita muchas horas a lo largo del día…

Sí. <<Si no hubiera sido por ese apoyo, yo no hubiera conseguido esa medalla>>. Gracias a la seguridad que me transmitieron y el apoyo, yo estoy donde estoy. Siempre lo digo: se lo tengo que agradecer, principalmente, al Ejército español.

¿Cuántas horas entrenas al día?

Al principio de temporada es cuando entreno más, porque son más largos, más volumen, entrenamientos aeróbicos… No sé decir horas exactas, pero cuatro, seis o siete horas al día. Al final de temporada, son entrenamientos más específicos: hacer un par de series de velocidad y descansar. Es variable, pero se entrena muchas horas al día y no solo es el entrenamiento. Hay que cuidar las comidas o el descanso; no puedes hacer una vida normal, como tomar algo o dar un paseo, porque al final eso también es descanso.

Son 24 horas al día dedicado al deporte profesional, pero también a la vida militar, porque es dedicación completa.

Exactamente, tienes que tener disponibilidad 24 horas para ambos. Tuve la suerte de que lo he podido compaginar maravillosamente. Se han portado todos, mis jefes y compañeros, genial siempre conmigo y las facilidades han sido enormes.

¿Alguna vez has pensado: “¿Qué hubiera pasado si lo hubiera dejado”?

No lo sé. Las vueltas de la vida son enormes. Seguí este camino y me fue bien. Si no lo hubiera tomado, no sé qué hubiera sido de mí, pero creo que tomé la decisión correcta y ha salido bien.

¿Has tenido que renunciar a algo?

A muchas cosas. Llevo cinco años perdiéndome mucha vida social, familiar, vacaciones, disfrutar de muchas cosas… Como con el tema COVID-19, se acabó totalmente la vida social y era una burbuja. Ahora tengo unas ganas tremendas de retomar la vida familiar, sobre todo, porque a mi familia no la veo prácticamente nada y es la peor parte.

¿Qué objetivos tienes antes de los próximos Juegos de París?

Hasta que sea París 2024, el clasificatorio es en 2023 y entre estos años habrá mundiales, campeonatos de Europa, del mundo… Es donde volveremos a entrar en competición de ciclo olímpico y son los objetivos que me planteo a corto plazo.

CONOCER A… BRIGADA PÉREZ

«Baloncesto y Ejército comparten disciplina y espíritu de sacrificio»

Brigada Pérez

«Tiene un ritmo frenético que engancha». Así define el baloncesto el brigada Pérez, destinado en el Regimiento de Transmisiones (RT) nº 22 y entrenador del Palmer Alma Mediterránea Palma, equipo de la categoría LEB Oro nacional. Sin embargo, no es lo único que destaca de este deporte, que le cautivó siendo apenas un niño cuando empezó a jugar en La Línea de la Concepción (Cádiz), su localidad natal: «El hecho de ser un deporte en el que el empate no vale lo hace muy atractivo. Eso, unido a los muchos valores que te inculcan al ser militar y que aquí se ponen en práctica», puntualiza el brigada. Pero mejor conocer su historia paso a paso.

Como se ha mencionado, los inicios de Álex Pérez en el baloncesto fueron como jugador, de la mano de su tío —entrenador del equipo de los Salesianos, ahora Unión Linense Baloncesto—. Pasados los años, y a principios de los 90, decidió ingresar en el Ejército de Tierra, donde ha ocupado distintos destinos hasta que hace dos décadas recaló en Palma de Mallorca, concretamente en el destacamento balear del RT 22. No obstante, esta vocación militar no mermó en ningún momento su pasión por el baloncesto, del que seguía disfrutando desde otra perspectiva: ser entrenador, un ámbito en el que ha conseguido el Carnet de Entrenador Superior y en donde no ha dejado de formarse.

Tras colaborar con numerosos equipos de la ACB y trabajar durante más de 15 años con el veterano ex baloncestista y técnico Pepe Laso —padre del actual entrenador del Real Madrid, Pablo Laso—, Pérez se ponía al frente del Palmer Alma Mediterránea Palma al inicio de esta temporada 2020-2021. Los resultados han sido excepcionales, al haber conseguido llegar a los playoff de ascenso para la ACB: «Se trata del equipo más joven de la categoría LEB Oro y con menor presupuesto, así que haber logrado esto el mismo año que debutaban el entrenador y algunos jugadores es algo extraordinario», puntualiza el brigada. Por ello, se muestra muy orgulloso del gran trabajo realizado por un grupo de chicos que se han dejado la piel en cada partido y, aunque es consciente de que es muy difícil alcanzar el ascenso, jugar los playoff «te permite soñar e ilusionarte».

En esta buena actuación seguro que también ha tenido mucho que ver esa dualidad militar-entrenador que se da en el brigada, ya que el mundo castrense y el deportivo tienen numerosos valores en común: «Aspectos como el espíritu de sacrificio y la disciplina son compartidos, así como luchar hasta el final y no dar nada por perdido. Por otra parte, el haberme formado en técnicas de liderazgo me da una serie de herramientas muy útiles». De igual manera, entrenar a un equipo tan joven —con una edad media de 22 años— y con jugadores que se están revalorizando mucho, hace que el ritmo sea muy rápido, puesto que «usualmente hay reemplazos nuevos y es como volver a instruirlos otra vez», puntualiza el brigada.

De este modo, Pérez encara ilusionado los playoff, así como la próxima temporada y, aunque recibe distintas ofertas de clubes de ACB, su vida está en Mallorca: «Mi sueño sería poder participar en la ACB, pero desde la isla. Mi sitio está aquí».