Archivo de la categoría: Nuestros hombres y mujeres

«Quien nace legionario, muere legionario»

Ana Vercher/ Madrid

Más de cuatro décadas. Exactamente 43 años, 2 meses y 17 días. Este es el tiempo que el comandante Lomeña habrá dedicado a la Legión cuando el próximo 26 de diciembre pase a la reserva y se despida del Tercio “Gran Capitán” 1º de la Legión —su actual destino—. Nadie antes había servido en ella un periodo de tiempo tan dilatado. Toda una vida, desde aquel 9 de octubre de 1978, cuando con apenas 17 años cruzara las puertas del campamento de reclutas, tras dejar sus estudios como perito mercantil y alistarse como voluntario. «Más de dos semanas me costó convencer a mi padre para que me firmara el consentimiento», asegura, aunque al final lo consiguió. Y es que Lomeña lo tenía claro desde muy pequeño, cuando, en su Melilla natal, se quedaba fascinado al ver desfilar a los legionarios.

Con él se irá el último representante en activo de la Escala Legionaria: una escala propia de la Legión que permitía recorrer primero puestos de tropa para después ocupar los de suboficiales y, finalmente, los de oficiales. El máximo empleo que se podía alcanzar por esta vía era el de comandante, así que Lomeña se despide con el orgullo de haber llegado a lo más alto de su carrera militar: «En un principio mis padres no querían que dejase mis estudios, pero se lo compensé cuando vieron cómo ascendía», puntualiza. Aunque hay una cosa en la que sí tenían razón, y es que «en aquella época la Legión era especialmente dura, con mucha disciplina, donde se trabajaba mucho y se cobraba poco». Pero a él eso no le importaba demasiado, ya que su vocación estaba clara, y esta le ha llevado constantemente a querer mejorar y buscar ser un legionario modelo: «Iba siempre en perfecto estado de revista y aprovechaba todas las oportunidades que me daban para hacer cursos y prosperar». Tanto es así, que Lomeña puede presumir de que, con cada ascenso, se convertía en el más joven de su escala en alcanzar ese empleo en la unidad.

Después de tan provechosa y dilatada carrera, en la que ha pasado por Cádiz, Ceuta o Ronda, las anécdotas vividas son muchas: desde su participación en la misión de Kosovo hasta el intercambio de bromas con sus mandos. Ahora se marchará con un pellizco en el corazón, no sin antes dejar claro que sus compañeros constituyen su «familia legionaria». A ella se le une la que ha formado junto a su mujer, sus tres hijos y cinco nietos, a los que agradece su apoyo constante y abnegado, ya que sin ellos «no habría conseguido llegar al final de mi profesión y vocación». Ambas familias son y han sido todo para él.

El veterano comandante tiene claro que la Legión es un lugar donde los jóvenes tienen futuro y que es imposible «pasar por ella y no quererla». Así, a las nuevas incorporaciones les transmite que deben «aprovechar las oportunidades que se les brindan para poder sentirse orgullosos de pertenecer a una unidad de élite».

Este año ha sido el último en el que Lomeña ha participado junto a sus compañeros en el Día de la Fiesta Nacional, desfilando ante Su Majestad el Rey. Ya lo había hecho en otras ocasiones, pero esta vez lo vivió de una manera especial. Lo que está claro es que esta despedida no es un “adiós”, sino un “hasta siempre”, ya que, como él mismo indica, «quien nace legionario, muere legionario».

Y como legionario que siempre será, no podía despedirse de otra manera que no fuese gritando: «¡Viva España! ¡Viva la Legión!».

CONOCER A… SARGENTO 1º LASO

«EL MEJOR REGALO ES UNA CARTA FIRMADA»

Rocío Gallo / Madrid

Tréboles, diamantes, corazones y picas son los palos que componen la baraja de cartas francesa, una de las preferidas por los magos para hacer sus trucos. Este es el caso del sargento 1º Laso, destinado en el Regimiento de Infantería “Príncipe” nº 3, que desde los 7 años comenzó a aficionarse a la magia.

Su andadura como ilusionista empezó de la mano de los juegos de mesa de Magia Borrás. Sin embargo, no fue hasta los 16 años cuando un familiar le enseñó dos trucos —uno con una moneda y otro con un cigarrillo—, que practicó y perfeccionó durante años. Recuerda que un día le llevaron a ver un espectáculo de magia y no perdía detalle de cómo el mago ejecutaba cada movimiento. Tras ello, se acercó

a hablar con él: «Vio que no se me daban mal los trucos que le hice y quedamos para ir a la Sociedad Oviedo Mágico, para que conociera a otros ilusionistas».

Allí se preparó, le recomendaron diversos libros y le ayudaron a realizar nuevos trucos. Recuerda con especial cariño el momento en el que comenzó haciendo magia en la calle y creó una web para publicar sus actuaciones. Esto le permitió en 2006 presentar uno de sus vídeos a un concurso de YouTube: «El premio a los cinco mejores era salir como extra en el DVD de la película El ilusionista, y el mío estaba entre ellos», afirma el sargento 1º.

Con esta aparición consiguió darse a conocer y realizar espectáculos de “magia de cerca” en diferentes locales. Estos son los más complicados, ya que el público está alrededor, pendiente de lo que el mago hace y cómo lo ejecuta. Además, si emplea monedas la dificultad es mayor, porque todo el mundo está familiarizado con ellas. «Cualquier movimiento extraño se puede ver muy fácilmente», asegura el sargento 1º Laso, quien, aunque ahora mismo no actúa, sigue llevando una moneda de medio dólar en el bolsillo como si fuese su amuleto de la suerte.

Los juegos de cartas son una de las especialidades de este mago y, a día de hoy, todavía le recuerdan aquel truco en el que pedía a una persona que escogiera una carta, luego la mezclaba con las demás y, tras lanzar la baraja contra una ventana, la carta se quedaba pegada en el cristal, pero por la parte de fuera.

La ejecución de estos trucos ha hecho que la mayoría de las barajas del sargento 1º estén incompletas. «El mejor regalo que puede hacer un mago a un espectador es una carta firmada», considera. Por ello, cuando acababa sus espectáculos firmaba una carta a todos los que se lo pedían. A su vez, él guarda con gran cariño la que le firmó su ilusionista favorito, el argentino René Lavand, que solo tenía una mano.

Pasión por la esgrima

Otra de sus pasiones es la esgrima. Un deporte que comenzó a practicar en la Academia de Logística, en Calatayud (Zaragoza). Allí realizaba esgrima en la modalidad de espada, pero uno de los profesores le recomendó que aprendiese a utilizar el sable. En 2009, estando destinado en el Batallón de Zarpadores VII, en Pontevedra, comenzó a practicar con el sable en una escuela especializada. Allí aprendió que lo más difícil es automatizar los movimientos e intentar predecir la actuación del oponente y forzarle a atacar por un sitio, para así ganarle. Su principal éxito como esgrimista fue ganar el Campeonato de las Fuerzas Armadas en 2016.

Para el fututo, el sargento 1º Laso tiene diferentes retos. Por un lado, no descarta volver a actuar como mago, aunque actualmente la magia para él es un hobby. Por otro lado, su objetivo se centra en las competiciones de tiro con arma corta (9 mm), donde le gustaría ganar el Campeonato del Ejército de Tierra.