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HISTORIAS DE SOLDADOS – RICARDO FEDERICO DE LA SAUSSAYE Y DUFFEY

Tres Laureadas y la memoria

La memoria en la filosofía escolástica es una de las potencias del alma, y así la define también la Real Academia Española. Por ello, debe de vivir en alto vuelo en un perpetuo movimiento para alcanzar lo inalcanzable que es la eternidad y, por otra parte, debe, también, de mantenerse clavada al suelo para no terminar diluyéndose en el aire del tiempo cuando las circunstancias que provocaron su nacimiento se desvanezcan.

Demasiadas historias de héroes españoles se han ido diluyendo en este largo viaje de los ejércitos desde sus orígenes hasta el día de hoy; unas veces por simple olvido, otras por desidia y otras por personales querencias e intereses. El Tierra tiene entre sus cometidos tanto fijar las actuales misiones del Ejército, que en poco tiempo se convertirán en hemeroteca, como recuperar en un ejercicio de memoria a esos soldados, dueños del coraje de su tiempo, que se fajaron en aquellas altas ocasiones que propiciaron fechas que nunca dejaron de ser convulsas.

Un Ejército tan antiguo como el español no puede menos que estar cubierto de gestas señaladas y sus filas repletas de héroes, pero solo hay uno que posee tres Cruces Laureadas de San Fernando de 2ª clase, de esas que se ganan en combate, cara a cara con el enemigo. Su nombre: Ricardo Federico de La Saussaye y Duffey.

Ahora cabe preguntarse, ¿por qué siendo el único que posee tantas Cruces Laureadas de 2ª clase, que son las que por su propia condición ven más cerca al enemigo, sin embargo, ha sido relegado al olvido? ¿Por qué esa memoria selectiva, cincelada siempre por el tiempo presente, lo ha postergado? ¿Tal vez por su origen?

De la biografía de La Saussaye y Duffey no se conoce mucho; por eso, este periódico Tierra se puso en contacto con el coronel José Luis Isabel, profesor emérito de la Academia de Infantería de Toledo y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, quien nos contó que Ricardo Federico de La Saussaye y Duffey era proveniente de una familia originaria de Francia que cambió el apellido Saussaye por Sausse al emigrar a tierras irlandesas y que nació en Carrick-on-Suir (Irlanda) el 16 de julio de 1806, siendo sus padres el banquero Richard Sausse y Jane Duffey, quienes en 1827, por temas económicos, tuvieron que regresar a Francia, fijando su residencia en Toulouse, donde recuperaron el apellido Saussaye.

Son unos orígenes peculiares, en unos tiempos también peculiares; como curiosidad acerca de lugares de nacimientos y muertes, cabe decir que Ricardo Federico de La Saussaye y Duffey llegó a mariscal del Ejército español y su hermano Matthew Richard Sausse (1809-1867), del que fue albacea, ejerció el cargo de presidente del Tribunal Supremo de Bombay y obtuvo el título de Sir. ¡Y originarios de una familia católica francesa emigrada a Irlanda!

Pero, ¿cómo llegó a conquistar tantas Laureadas este soldado de ascendencia francesa criado en Irlanda y soldado del Ejército español durante 45 años, 9 meses y 5 días?

Pues demostrando un valor desmedido a lo largo de su carrera militar, que fue recompensado con seis Cruces de San Fernando, ¡ahí queda eso!, cuatro de ellas de 1ª clase, que canjeó por una Laureada de 2ª, dos Laureadas de 2ª y una de 3ª.

Primera Laureada

La primera Laureada se le concedió por el asalto y toma de Irún los días 16 y 17 de mayo de 1837. La guarnición carlista había decidido abandonar Oyarzun, pero decidió defender Irún fortificando el Fuerte del Parque y la Casa Consistorial. La tarde del 16 de mayo se inició el ataque con un bombardeo por parte de la artillería liberal, conquistando las casas a extramuros de la población. La madrugada del 17 de mayo se reinició el ataque, que se alargó todo el día por la defensa enconada de los carlistas en sus fortificadas posiciones. Sin embargo, la escasa potencia de los cañones liberales condujo a que fuera la infantería quien llevara el peso del ataque. Eso obligó a conquistar casa por casa, hombre por hombre, a la bayoneta, cada metro de Irún; y allí combatió y ganó su primera Laureada La Saussaye en el asalto al fuerte, cubriéndose de honor y valor por la causa liberal.

La siguiente Laureada la ganó por su intervención en Los Arcos (Navarra), el 3 de diciembre de 1838. Todas las obtuvo tras pasar el preceptivo juicio contradictorio.

Nuestro héroe había ingresado en el Ejército español en 1827 con el empleo de alférez en el 3er Regimiento de Granaderos de la Guardia Real de Infantería; en 1830 ascendió a capitán y fue destinado al Regimiento de Gerona. En 1833, una vez ascendido a segundo comandante, se le concedió licencia para viajar al extranjero. En 1834 fue agregado a la Plana Mayor del Ejército del Norte y asistió a las acciones de Olazagoitia y Artaza (Navarra).

Carrera militar

En el mes de febrero de 1836 se enfrentó a los carlistas en las líneas de San Sebastián, Alza, Fuenterrabía (Guipúzcoa), y en otras acciones, y al año siguiente fue puesto al frente de la División Auxiliar Inglesa, con la que combatió en Arteaga, alturas de San Marcos y Venta de Oriamendi (Vizcaya), ganando por esta última acción los ascensos a primer comandante y a teniente coronel. Posteriormente, participó en las tomas de Hernani e Irún (Guipúzcoa) y en 1838 ganó el ascenso a coronel en la acción de Los Arcos y Sesma (Navarra). Al año siguiente tuvo una destacada actuación en las acciones de Belascoáin, Ciriza, Arróniz, Allo, Dicastillo (Navarra) y otras muchas. Se halló en 1840 en los sitios de Segura y Castellote (Teruel), Morella (Castellón) y Berga (Barcelona), y al año siguiente se le concedió el empleo de brigadier por su intervención en los sucesos del asalto al Palacio Real, siendo nombrado comandante general de la provincia de Segovia.

Tampoco se privó de ir a África y, en septiembre de 1859, se le entregó el mando de la Brigada de Vanguardia del Ejército de Observación de la Costa de África, con la que se embarcó en ese mismo mes hacia Ceuta, tomando parte en noviembre en la toma del Serrallo y en las acciones siguientes, por las que fue recompensado con el empleo de mariscal de campo. Posteriormente, se le concedió el mando de la 2ª División del 1er Cuerpo de Ejército, con la cual combatió en Samsa y Wad-Ras.

Falleció en uno de los viajes realizados a París, el 27 de octubre de 1872, y recibió sepultura en el Cementerio de Montparnasse.

Posiblemente, con el mariscal del Ejército español Ricardo Federico de La Saussaye y Duffey se demuestra que no es lo importante dónde uno nace o crece, sino dónde muere y por qué arriesga su vida; ya que lo que nos identifica en la vida son todos aquellos motivos por los que somos capaces de arriesgarla; que es lo que sumará cuando nos hayamos ido, porque somos lo que damos sin tiempo. De su biografía no se conoce mucho, salvo que vino a España a combatir, y ¡vaya si combatió!

CONOCER A… SOLDADO FERNÁNDEZ

«El kárate aporta equilibrio entre cuerpo y mente»

Ana Vercher / Madrid

Su entrada en el mundo del kárate, con apenas seis años, se presumía algo puntual, más por interés de su madre que por el suyo propio. Ahora, 18 años después, la soldado Fernández —actualmente destinada en el Batallón III del Regimiento de Transmisiones nº 21, en Castrillo del Val (Burgos)— es cinturón negro segundo dan, bronce en el Campeonato de España de 2021 —tanto en la modalidad individual como por equipos— y medalla de oro sénior en los Campeonatos de Castilla y León de 2021 y 2022.

Soldado Fernández

Y es que el kárate ha ido conquistando poco a poco a esta leonesa, desde aquel 2004 en el que lo practicó por primera vez en las escuelas municipales de Villaquilambre (León). «La disciplina, los valores que inculca y el estado de forma que te ayuda a conseguir son algunas de las cosas que más me gustan de este deporte», apunta la soldado Fernández.

Así, poco a poco, fue pasando de nivel, alcanzando nuevos cinturones e introduciéndose en el mundo de la competición, hasta que se subió a su primer pódium en 2013, cuando consiguió el bronce en el Campeonato de España cadete. Tras este, llegaron muchos más: bronce en los Campeonatos de España de 2014, 2016, 2017 y 2018 —en su correspondiente categoría—, oro sub-21 y bronce sénior en la Final de la Liga Nacional de 2017, 2018 y 2019.

Gracias a cada uno de estos torneos, la soldado fue adquiriendo veteranía hasta, finalmente, lograr uno de sus sueños: participar en la 46ª edición del Campeonato Europeo de Kárate, celebrado en Aalborg (Dinamarca) en 2019. «No conseguí medalla pero fue una experiencia increíble. Siempre quise poder acudir junto a la Selección española a una cita deportiva de este nivel y lo he hecho», señala Fernández.

Pero esto no sería lo único que marcase ese 2019, un año que, sin duda, no olvidará. También fue entonces cuando decidió orientar su carrera profesional a la milicia, y atravesar las puertas del Centro de Formación de Tropa nº 2, en San Fernando (Cádiz). Sin duda, un salto de fe, porque desconocía completamente el mundo castrense, aunque desde siempre había sentido la vocación. Hoy, con varios años de servicio a sus espaldas, sigue manteniendo que, «aunque ha sido un camino duro, fue la opción correcta», e incluso no descarta tratar de promocionar a la Escala de Suboficiales.

En este sentido, en el trabajo constante y sacrificado, el ámbito militar y el deportivo se parecen y se complementan. «El kárate me ayuda a estar en buena forma y eso ha sido un extra a la hora de la preparación física que exige el ser militar, potenciando además mi coordinación y concentración, y enseñándome a manejar las situaciones y sobrellevar las adversidades», comenta la leonesa.

La soldado Fernández lleva muchas horas de esfuerzo y entrenamiento acumuladas para llegar hasta donde se encuentra ahora mismo, porque «no es solo un deporte de brazos o piernas, sino una disciplina completa que comprende el aspecto físico y mental». Ese es precisamente otro de los puntos que más destaca sobre este arte marcial: «El kárate aporta equilibrio entre cuerpo y mente».

El Ejército siempre ha apoyado su trayectoria deportiva, y el hecho de que el entrenamiento físico sea parte de su trabajo diario ha sido una ventaja. A ello se suman las dos tardes a la semana que dedica al kárate en exclusiva, así como el tiempo que la soldado emplea en seguir preparándose en solitario y acudir a los diferentes campeonatos en los que participa.

Su brillante palmarés ha hecho que, a pesar de que el kárate no es considerado un deporte militar, el Ejército la haya designado como “deportista militar destacada” en este 2022. Porque representar a España en el deporte también es un servicio a la Patria. Un reconocimiento que supone una gran ayuda a la hora de compatibilizar el trabajo con la competición y que incluye la posibilidad de optar a becas para sufragar algunos gastos, como material deportivo o inscripciones.

En cuanto al futuro, «la temporada de este año ha terminado, pero quiero seguir entrenando y avanzando a nivel técnico, alcanzar el tercer dan y lo que venga por delante», concluye la soldado Fernández.