El entorno subacuático ofrece posibilidades diferentes a las que se pueden realizar desde la superficie. La soldado Blanco, encuadrada en la compañía de Operaciones Anfibias del Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros (RPEI) nº 12, se ha ido abriendo camino en las profundidades en deportes específicos como la apnea, el hockey subacuático o la pesca submarina.
Hasta la fecha, ha logrado reconocimientos como el primer puesto en el Campeonato de Andalucía de Pesca Submarina, que le abrió las puertas a su participación en el de España, a nivel individual, celebrado del 22 al 24 de julio, en Cádiz. «Tener la oportunidad de participar en una competición nacional ya es un logro», reconoce la soldado de 24 años.
Su pasión por el agua comenzó desde niña. Nacida en el Mediterráneo, concretamente en la localidad malagueña de Mijas, sintió la llamada del mar, y a los 16 años ya disponía de la correspondiente titulación de Salvamento y Socorrismo. Esto le permitió trabajar en la vigilancia de las playas del entorno. En aquellos momentos, su ocio deportivo se centraba en actividades acuáticas como el paddle surf o el bodyboard, entre otras.
Pronto entró en su vida el que se convirtió en su deporte subacuático preferido: la pesca submarina. «Es una actividad apasionante y la modalidad más sostenible y selectiva», explica la soldado.
Esta actividad se basa en la inmersión en apnea y la caza del pez mediante arpón o fusil submarino. Para ello, fue necesario desarrollar aún más las capacidades subacuáticas y tratar de superar las marcas que ya tenía bajo el agua. «La apnea es la base sobre la que mejorar en todos los demás deportes y la que más practico en sus diferentes modalidades», asevera.
Su llegada al RPEI 12, en enero de 2021, marcó un nuevo impulso a su proyección. Además de poder aplicar sus capacidades en el Ejército, decidió sumarse, como invitada, a la Federación Aragonesa de Actividades Subacuáticas, para realizar entrenamientos. Esto le permitió superarse en apnea estática y afinar la técnica de aleteo. Precisamente, con la marca de 4’16” logró alzarse con el bronce durante la celebración del IV Trofeo San Valero, celebrado el 29 de enero en Zaragoza.
La llegada de los meses estivales le permite realizar apnea en profundidad, aprovechando las oportunidades del mar, donde entran en juego otros procedimientos más avanzados y complejos. Ejemplo de ello es la maniobra de Frenzel, que permite enviar aire a los tímpanos para eliminar la presión. «Es realmente la culminación de este deporte», expone.
Junto con la pesca, el hockey subacuático comparte protagonismo en la vida de esta intrépida militar. En noviembre de 2021, tuvo la oportunidad de participar en el Open La Rioja. «Fue divertido, pero a la vez muy exigente», manifiesta la soldado. Tras participar en el Campeonato de España de Pesca Submarina, en Cádiz, su pasión por el agua se mantiene más viva que nunca. Esta afición, que le viene desde la cuna, seguirá buscando nuevos retos por cumplir. Para ello cuenta con la ayuda del RPEI 12, su unidad, el sitio idóneo para seguir avanzando —nunca mejor dicho— como pez en el agua.
Todas las misiones esconden su verdad. Todas las misiones necesitan su tiempo de preparación y de resistencia. Pero algunas misiones se hacen grandes en los detalles pequeños y, sin precisar fórceps de cirujano, parece que bogan sin dificultad. Aunque nada es producto del azar, sino de un engranaje bien trabado que se hizo fuerte en el pasado para ser necesario en el presente. Es agosto de 2021 y con una llamada de teléfono se pone en marcha la operación NEO (Non-combatant Evacuation Operation). Van a sacar a civiles no combatientes de Afganistán, pues sus vidas con la nueva situación sobrevenida están en peligro.
Empieza a anochecer y Rafa, Carolina, Carlos, Luis, Juan, Ramsés, Marín y Fernando, pertenecientes al Regimiento de Operaciones de Información (ROI) nº 1, mientras están municionando en los hangares de la base aérea de Zaragoza —donde solamente se oye el sonido de los cartuchos entrando en los cargadores—, recuerdan que hace unas horas se han enterado de que parten de misión. Desde este momento, comerán, dormirán y trabajarán juntos todos los minutos del día. Se les ha unido personal de Sanidad del Mando de Operaciones Especiales y de la Brigada Paracaidista, tres en total: Juan, Alicia y Jorge. Suman once. Serán los once de Dubái, pero todavía no lo saben. Por ahora, mientras municionan creen que su destino es Kabul, cuyo aeropuerto está en todos los telediarios mientras civiles desesperados intentan subir a un avión, aunque sea en sus alas.
Se les vienen a la cabeza las imágenes de hace un día mientras estaban con su familia de vacaciones, alguno de ellos en la playa. Todos aceptan la realidad, que no es otra que embarcar en un A-400 con destino a Afganistán. Nunca han usado el valor para cuestionar una orden, sino para cumplirla. Cada componente del equipo tiene una capacidad; este es el informático, comunicaciones y redes; ellos son expertos en cooperación cívico-militar (CIMIC); otros son combat cameras; otros son médicos y sanitarios; este es… Lo que se dice un equipo.
Aterrizan mientras amanece en Dubái. Es 17 de agosto y creen que van a repostar durante dos horas. En ese tiempo, Fernando, jefe de la misión, recibe una llamada y toda la operación gira dando un cambio drástico. Se ha decidido organizar un puente aéreo Kabul-Dubái y Dubái-Torrejón. La misión ahora es cubrir las necesidades del personal civil que es evacuado de Kabul y realizar una segunda filiación en Dubái, aprovechando toda la experiencia en cooperación cívico-militar que atesora el ROI 1.
El primer vuelo de afganos evacuados llega de noche. Como un navío al que obligaron a surcar por mares peligrosos y encuentra aguas tranquilas, el avión A400 toma tierra en el aeropuerto de Dubái y de él sale gente cansada y triste que lleva toda su vida en bolsas de plástico o en mantas atadas a modo de hatillo. Gente que también son hijos del mundo, un cosmos por sí mismos, en una situación que de puro ilógica parece inaceptable, pero que se ha convertido en real. Allí, los once de Dubái se dan cuenta, mirando sus ojos, que no somos solo lo que tenemos, sino que también somos todo cuanto hemos perdido; que las voces afganas que oyen son también sus voces; y que tienen que explicarles que después de ese arduo viaje tienen que volver a embarcar en otro avión. Al mediodía la pista rondaba los 50 grados centígrados.
Se da la señal para comenzar, y así con todos los vuelos que van llegando. Se afilia a todos a pie de pista con unas mesas improvisadas con cajas y, sobre ellas, un ordenador que tiene enlace directo con España. Se realiza un primer reconocimiento y se da apoyo médico a todo aquel que lo necesite, comenzando por las embarazadas y los niños. Alicia y Juan, la ATS y el médico del equipo, atienden a los afganos. Jorge está al pie de la escalera sobre la pista a 50 grados al sol: está repartiendo material sanitario. Como el sol no entiende que este momento no es tiempo de ponerse bravo, cuando puede Jorge se refugia bajo el ala del avión. Se entregan bolsas de comida halal. Se ha estudiado hasta el mínimo detalle. Las familias deben ir unidas y, si por casualidad algún integrante viniera en otro avión, se le abrirá la ficha para que pueda reencontrarse con sus familiares en España. En los asientos, las mujeres no pueden sentarse con varones que no son de su núcleo familiar. Carolina se extraña de que muchas de ellas quieran ir al baño del avión para cambiarse y ponerse ropa más occidental.
Rafa, Luis, Juan y Carolina, los de CIMIC, van como locos cuando hacen los recuentos: «Nos falta gente, cuenta otra vez. ¡Llama al intérprete!». Miran por todos lados y descubren que los niños en cualquier parte del mundo son niños cuando viven una aventura de este calado: «Tío, hay niños debajo de los asientos, ¡estamos todos!».
Carlos toma imágenes de todo lo que ve: es su misión. Eso cuando no lleva a un niño en brazos para que no se queme los pies en la pista. Para evitar esa quemazón se han puesto mantas en el suelo y en la escalera de subida al avión. Sus imágenes y vídeos aparecerán en numerosos medios de comunicación, alguna portada de periódico incluida. Juan se asegura de que todo llegue a su destino y cubre las necesidades de la prensa. Los de CIMIC continúan poniendo orden en el caos del embarque, y Fernando, bueno, Fernando tiene su propia misión atendiendo a los teléfonos y ejerciendo el mando en aquel lugar del mundo y en aquellas circunstancias.
Pero no quedaba ahí la misión; no solo CIMIC, no solo cámaras, no solo afiliación. Sobre las 17.30 se recibe la orden de que hay una necesidad urgente en Kabul de 500 bolsas de comida. «Necesitamos 500 menús para las 20.00, y ¡son las 18.00!». «Nos ponemos con ello», contesta Ramsés.
Inmediatamente se ponen en contacto con un proveedor local. El proveedor se echa las manos a la cabeza: «¿Para las 20.00 horas 500 bolsas de comida? It’s impossible». «Nothing is imposible», contesta todo el ROI. «Tú trae la comida como sea, nosotros nos encargamos del resto». Y allí estaban los once en el autobús, camino del aeropuerto, embolsando y repartiendo la comida para hacer 500 menús; y a pie de pista, y en la misma escalera del avión. Las 500 bolsas, esa comida tan necesaria, llegaron a Kabul, porque para eso estaban allí los once de Dubái.
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