Jefe del I Batallón de las Fuerzas iraquíes de Operaciones Especiales
Coronel, gracias por recibirnos. ¿Qué valoración hace sobre esta colaboración?
No puedo hacer otra cosa que estar agradecido por el apoyo y la rápida respuesta que se dio por parte de España en cuanto mi Gobierno solicitó esta colaboración. Al principio, este Batallón no conocía muy bien a los españoles, ni su manera de trabajar, la formación o los protocolos que emplean, porque hasta ese momento, en el pasado, nosotros nos habíamos instruido con el Ejército de Estados Unidos. Pero, desde el primer día que empezamos a trabajar con ellos, queríamos ser una única unidad, sin diferenciar entre instructores y alumnos. Lo estamos logrando, porque están integrados con nosotros. Necesitamos este trabajo conjunto porque nos ayudan a planear y nos dan consejos para poder llevar a cabo nuestras operaciones con éxito.
¿Cómo es el día a día?
Evidentemente, somos militares, de Operaciones Especiales, y nuestra forma de trabajo es a través de reuniones, coordinar la instrucción, hablar para mejorar las capacidades de nuestro Batallón e intercambiar la información. A día de hoy, lo hemos conseguido y actuamos como una sola unidad.
Ya llevan varios años trabajando conjuntamente…
Sí, y hay dos cosas que quiero destacar de los españoles, y sobre todo de sus capacidades, que nos han venido de maravilla. Una es el K-9, es decir, el trabajo con los perros de policía, y la otra, el planeamiento y los cursos específicos de diferentes especialidades que nos imparten.
Y en el sentido inverso, ¿qué aporta el Ejército iraquí al español?
El conocimiento, la colaboración en temas de inteligencia en nuestro país y la experiencia a la hora de haber participado durante años en la guerra contra el terrorismo yihadista.
Se ha forjado un vínculo.
Sí, porque, además, los españoles son muy cercanos y sociables. Evidentemente, nos entendemos muy bien con ellos, ya que tenemos ciertos parecidos culturales.
Jefe del NMI y del contingente español en Irak. «Lo que suceda en Irak influye en la región, que es crítica para nuestro bienestar»
El teniente general del Ejército de Tierra José Antonio Agüero asumió el mando de NMI el 24 de mayo de 2023. Durante un año tiene el cometido de liderar esta misión y, al mismo tiempo, ser el comandante jefe de todo el contingente español, tanto el que pertenece a esta misión como el de la operación Inherent Resolve. Una oportunidad que describe como «un reto y una lección de humildad», al mismo tiempo que reconoce el duro trabajo que están desempeñando todos los componentes, algo que califica como un éxito. Una vez que finalice, le relevará en el cargo Países Bajos, pero no repercutirá en la participación española, que continuará con las mismas directrices.
General, ¿en qué punto se encuentra la misión?
Creo que en expansión, porque cada vez estamos asesorando a más instituciones. También nos estamos extendiendo, porque, anteriormente, solo se asesoraba en la zona de Bagdad y en sus inmediaciones, pero cada vez vamos saliendo un poco más lejos de la ciudad.
¿Con qué instituciones trabajan?
Normalmente, con el Ministerio de Defensa. Hacemos asesoramiento, pero no instrucción. Cuando hablamos de lo primero, nos referimos a altas estructuras dentro del Estado, cuando es lo segundo es con unidades de combate. Por ejemplo, me entrevisto cada semana con el Jefe de Estado Mayor de la Defensa o con el Secretario General —similar al Secretario de Defensa—. También trabajamos con instituciones tipo CESEDEN, la Escuela de Guerra y Liderazgo del ET, las Academias Generales… Y desde agosto, con el Ministerio del Interior, centrándonos en la Policía Federal. Durante la guerra contra el Dáesh estuvo muy involucrada combatiendo a la insurgencia como una unidad de infantería, pero ahora todo se ha convertido en un problema de terrorismo.
Desde la otra perspectiva, ¿qué supone para Irak la presencia de militares extranjeros?
La operación Inherent Resolve está muy centrada en apoyar a Irak para derrotar al Dáesh e impedir que se reconstituya de nuevo. También está ayudando a desarrollar ciertas capacidades, como el servicio contraterrorista, que no está dentro del Ministerio de Defensa ni del Interior, sino que depende directamente del Primer Ministro. Es una unidad de élite para luchar contra el Dáesh. Además, trabajan con el Ministerio de Peshmerga, ya que en la región autónoma del Kurdistán tienen sus propias Fuerzas Armadas. Y luego está la misión de la OTAN, que es completamente diferente, porque nos orientamos más a la reforma del sector de seguridad, como las grandes organizaciones y los problemas de Defensa. Por eso trabajamos a nivel ministerial o de centros de educación.
Aunque son operaciones diferenciadas, ¿existe alguna conexión entre ambas?
Sí. Creo que una de las cosas buenas que se hacen aquí, en Irak, es que hay una buena cooperación entre todas las organizaciones internacionales que operamos, porque nos complementamos. Por ejemplo, nosotros vivimos en las bases de la coalición de Inherent Resolve y contamos con una serie de capacitadores. Por ejemplo, con los helicópteros para una evacuación aérea.
Porque el trabajo conjunto es fundamental…
Hoy por hoy, la defensa de cualquier país por sí sola es bastante difícil. Por eso conviene pertenecer a una estructura de seguridad y nosotros tenemos la ventaja de estar en la OTAN. Uno de los objetivos que tiene esta misión no es que estemos aquí para siempre, sino que hacemos que se continúe a través de un partenariado. Es decir, que los iraquíes entren en un programa que existe dentro de la OTAN, de tal manera que, el mismo apoyo que estamos dando ahora, se proporcione, ya sea participando en ejercicios o cursos OTAN.
¿Cómo explica la necesidad de este trabajo?
Irak no es solo Irak. Es Oriente Medio. Es lógico pensar que vivimos en una burbuja y nada nos afecta, pero no es así, porque es una sociedad totalmente globalizada y cualquier cosa que pasa en una esquina del mundo le va a afectar a la otra, sobre todo a Europa. Lo que suceda en Irak influye en la región, que es crítica para nuestro propio bienestar. El futuro de este país importa y no solo ahora que han tenido una amenaza de un grupo terrorista.
Lleva 11 meses como jefe de la misión, ¿qué valoración hace?
Cuando llegué me encontré una misión que estaba bastante consolidada, porque mis antecesores hicieron una labor extraordinaria. Es una misión muy bien aceptada y querida por los iraquíes. Estamos aquí porque ha habido una invitación de su Gobierno para que la OTAN, como una organización de seguridad —la más prestigiosa del mundo—, les apoye a ellos en lo que es la reforma y la reconstitución de su propio sector de Seguridad. También se ha empezado a asesorar en más temas. Tenemos una lista de objetivos a largo plazo, porque los iraquíes lo han ido requiriendo. Por ejemplo, dentro de los últimos que se han aprobado, están la disponibilidad de las Fuerzas Armadas para hacer frente a cualquier amenaza inmediata, la gestión de crisis, la interoperabilidad con la OTAN… Y, además, estamos empezando a trabajar fuera de Bagdad cada vez más; nos estamos alejando un poco más del centro.
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