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Entrevista a … CHAIM MARTÍN, Actriz, productora y locutora de radio.


 «Nunca es tarde para cumplir los sueños»

Texto: Juan Diego Tobajas (Madrid)

Fotos: Sdo. I. Martínez (DECET)

Chaim Martín (Málaga, 1972) es actriz, productora y locutora de radio. Aunque inició su carrera en la interpretación más tarde que otras compañeras, lleva una década entregada al teatro, el cine y la producción audiovisual. La actriz malagueña se atreve con todo y ha fundado Seven Time Producciones, además de defender el poder transformador de la cultura y el trabajo en equipo. Procedente de familia militar y gran admiradora del Ejército de Tierra, valora su papel humanitario y apuesta por tender puentes entre las artes escénicas y los valores que representa la institución. Cree en los sueños tardíos, la comedia como vía de esperanza y la labor del artista como instrumento para el bien común.

Lleva más de una década vinculada al teatro, el cine y la televisión. ¿Qué le aporta cada medio como actriz?

Personalmente, lo que más me gusta es el teatro. Es donde me siento más actriz, donde veo que el personaje va in crescendo. El audiovisual, por ejemplo, me encanta porque te da más visibilidad como personaje público. Pero no lo desarrollo igual, porque en una grabación puedes empezar por el final o por la mitad de una emoción y, de repente, te la cortan. En el teatro, la emoción crece contigo. Y, además, siento al público. Eso es muy importante para mí.

¿Qué le impulsó a fundar Seven Time Producciones? ¿Fue una necesidad o una decisión valiente?

Soy bastante temeraria, pero también he tenido apoyo. Antes de crear Seven Time Producciones, empecé con Eunice Producciones, que monté junto a un compañero que estudiaba teatro conmigo, y fue donde me lancé realmente al mundo de la producción. Ahí aprendí lo que era producir y distribuir teatro. Con Seven Time Producciones he podido hacer lo que quiero: elegir los proyectos, al equipo… me da libertad. Y, sobre todo, algo que me llena muchísimo es poder dar trabajo a otras personas, a actores y actrices que no han tenido la oportunidad que yo he tenido. 

¿Se centran en teatro o también producen audiovisuales?

Con Eunice Producciones hacíamos teatro. Con Seven Time Producciones hacemos las dos cosas, aunque ahora estamos más enfocados al audiovisual. Producimos lo que queremos, a nuestra manera, con la gente que elegimos. A veces, si no me cogen en un casting, pues produzco yo misma el proyecto y me doy el papel. Eso es lo bonito, que eres libre.

¿Qué puede contarnos de La familia Pollo?

Es una producción nuestra. Empezó como un proyecto audiovisual y luego la llevamos al teatro. Ha estado en el Teatro Muñoz Seca (Madrid) y volverá en septiembre. Interpreto a una granjera que también es policía infiltrada. Es un doble personaje, y a mí me encantan los retos. 

¿Ha producido obras que le hayan supuesto también un reto personal?

Sí, por ejemplo, Desgraciados. La hicimos con Eunice Producciones y fue mi primera producción. Fue arriesgado, tuvimos pérdidas, pero aprendí muchísimo. No fue como esperábamos en lo económico, pero me quedo con la parte positiva. Tuve la suerte de contar con Roberto Cerdá como director.

Ha trabajado tanto en televisión convencional como en webseries. ¿Qué diferencia hay entre ambos formatos?

Pues realmente el contenido y el trabajo actoral es el mismo. Lo que cambia es el presupuesto. Las webseries permiten grabar con menos medios, incluso con móviles de alta resolución. Nosotros grabamos Enredo entre dos con un iPhone. Eso te permite llegar a la gente fácilmente. La puedes ver a través del móvil en cualquier sitio… es muy accesible. Y sí, la planificación está pensada para ese formato.

También tiene experiencia como locutora de radio… 

Sí. Hicimos un programa llamado Esperanza y Vida en Radio Intercontinental. Lo desarrollamos con Javier Losán. Queríamos dar voz a enfermedades raras y también a quienes las sufren. Fue muy duro. Algunas entrevistas fueron muy emotivas, como la de una mujer que había perdido a su marido por ELA. Me impliqué mucho emocionalmente.

¿Cómo utiliza su faceta de actriz para esa labor social?

Si tengo visibilidad como actriz, quiero usarla para ayudar. Lo tengo muy claro. Estoy implicada en casos como la fibromialgia. Incluso hemos producido un corto sobre esta enfermedad y otro que comenzamos en septiembre sobre la eutanasia. Se titula Me quiero ir. 

¿Cree que la cultura puede contribuir a la proyección social del Ejército de Tierra?

Por supuesto. Soy defensora del Ejército de Tierra, lo llevo en la sangre, porque mi padre era militar. Creo que se pueden hacer cosas muy bonitas juntos. En momentos trágicos como la Dana, ellos fueron los primeros en ayudar. Hay una parte humanitaria del Ejército que se puede mostrar más desde la cultura.

¿Se identifica más con la comedia o el drama?

A mí me encanta la comedia. Me dicen que tengo un perfil muy dramático, pero soy una persona alegre. La comedia es difícil, pero muy necesaria. Ayuda a la gente a evadirse, a sentirse mejor. Me gusta hacer reír.

¿Cómo ha influido la formación continua en su trayectoria?

Muchísimo. Yo fui madre joven, prioricé a mi familia. Después, cuando mis hijos fueron mayores, me centré en mí. A los 40 vine a Madrid y empecé en serio. Me dieron mi primera distinción, a la Mejor actriz revelación, en Málaga, mi ciudad, en los premios Costa del Sol. Lo digo siempre: nunca es tarde para cumplir los sueños. Yo empecé a los 42.

¿Qué sueños le quedan por cumplir? ¿Qué proyectos tiene en marcha?

El sueño de toda actriz: hacer más cine, vivir de esto. No necesito Hollywood. Me conformo con trabajar aquí, en mi país. Ahora tengo varios proyectos: el corto Me quiero ir, una nueva serie de comedia que se rueda en enero, y una obra teatral en el Muñoz Seca. Pero soy supersticiosa, así que no cuento más (risas).

¿Tiene algún ritual antes de actuar?

La verdad es que sí Siempre escucho la canción One Moment in Time de Whitney Houston. Desde pequeña ya me «conectaba» con ella. Me calma y me centra. Mis compañeros calientan o vocalizan, yo escucho esa canción. 

Entrevista a… ROZALÉN, cantante, compositora y actriz.

 «Encarnar a Chavela ha sido un desafío»

Texto: Juan Diego Tobajas (Madrid)

Fotos: Bg. J. M. Dueñas

María de los Ángeles Rozalén (Albacete, 1986), conocida artísticamente como Rozalén, es una cantautora española reconocida por sus letras profundas y su compromiso social. Con una formación en Psicología y Musicoterapia, Rozalén ha fusionado sus conocimientos académicos con su pasión por la música, canto e interpretación. Al protagonizar Chavela, la última chamana en el Teatro Marquina de Madrid, en cuyas tablas nos recibe, la artista albaceteña se ha enfrentado a un nuevo reto que la acerca a la figura inimitable de Chavela Vargas. De esta forma, la artista combina su trayectoria musical con la actuación, explorando también aspectos personales y colectivos que van más allá de la escena y reafirman su compromiso con las causas sociales. Esta implicación se refleja en iniciativas como el concierto benéfico que ofreció en respuesta a la DANA, que sacudió Letur, el pueblo en el que creció. Allí, como en otras localidades de las zonas afectadas por el desastre natural, la intervención del Ejército fue crucial. El testimonio de Rozalén destaca la importancia del esfuerzo y la solidaridad, valores compartidos por las Fuerzas Armadas para construir una sociedad más humana.

¿Qué le ha motivado a participar en la obra Chavela, la última chamana y cómo se siente al interpretar a una figura tan icónica como Chavela Vargas?

Bueno, la verdad es que no he ido yo a buscarlo, me han buscado a mí, y bendita la hora, porque siempre me he sentido una impostora y una intrusa incluso en el cante, ya que lo que estudié fue Psicología, con un máster en Musicoterapia. Pero lo cierto es que canto desde que hablo y hacía canciones desde muy pequeñita, así que, de alguna manera, siempre había estado en mi interior. Encarnar a Chavela ha sido un gran desafío.

Considerando que usted ha dicho que no es actriz…

Cuando me lo propusieron, de primeras incluso dije que no, porque me parecía un reto muy difícil; yo no soy actriz, y encima Chavela Vargas es inimitable. Es una artista con demasiada personalidad y con una vida muy difícil. Pero benditas son las locuras y los retos para aprender y crecer, y ahora que llevamos más de la mitad de las funciones programadas, no me arrepiento en absoluto. He estado ensayando de lunes a viernes desde octubre hasta diciembre y, los fines de semana, iba con la gira de mi disco El Abrazo.

¿Cómo ha sido el proceso de dirección interpretativa y qué papel ha jugado su formación en este proyecto?

Me han dirigido muy bien; han estado muy encima, sobre todo en la parte interpretativa, que es la que más me daba miedo. Mis compañeras son todas actrices, y eso me ha ayudado mucho. Yo creo que me ha servido la carrera que estudié y el hecho de ser compositora. Al escribir canciones, la psicología —que es el estudio del comportamiento humano, de la psique y de las emociones— me resulta muy valiosa. Para mí, hacer canciones es terapia; voy cantando mi vida, lo que me pasa y lo que siento. La psicología me acompaña en cada nota y también me ha servido para encarnar al personaje de Chavela.

¿Cómo ha sido la acogida del público en el Teatro Marquina?

Increíble, desde el minuto uno. Todas las veces que he actuado el teatro estaba lleno. En algunas funciones, como máximo, han quedado cuatro o cinco butacas libres. Estoy súper agradecida porque la gente viene a verte sin saber siquiera lo que va a ver. Es diferente a un concierto mío, donde sabes que vas a escuchar canciones. En el teatro, la sorpresa está en el ambiente, y la fidelidad del público me conmueve muchísimo.

¿Por qué cree que viene el público, por Chavela Vargas o por Rozalén?

Eso habría que preguntárselo a ellos. Yo creo que es una combinación que puede ser un caramelito. En muchos conciertos, y sobre todo al principio, cantaba muchas canciones de Chavela —por ejemplo, La Llorona— y eso llama la atención. Puede ser que la discográfica haya aprovechado y dicho «estás haciendo esto, ¿por qué no grabas seis de las canciones más míticas de Chavela?». Aunque, claro, la grabación no tiene nada que ver con la música de la obra, ya que se realizó «a lo macorina», con guitarristas mexicanos, clavando arreglos de las canciones más antiguas. Al final, he dejado seis canciones grabadas en un EP que, además, son temas que todo el mundo conoce, como El último trago de José Alfredo, La Llorona y La Macorina. Son temazos que me llenan de orgullo.

Tras la DANA en Letur, organizó un concierto benéfico. ¿Qué vivencias le dejó esa experiencia y cómo valora la intervención del Ejército en esas labores de ayuda?

Cuando pasó la DANA, justo el 29 de octubre, llegué al lugar un par de días después; ya estaba todo a punto, con el puesto de emergencias preparado. Luego, en diciembre, la gente se volcó en el concierto que di en Albacete. Ahora estamos preparando Leturalma, un festival contra la despoblación rural en Letur, que está viviendo unos momentos muy difíciles porque la reconstrucción en algunas zonas del casco antiguo llevará tiempo. Para mí, mi pueblo es lo más íntimo; aunque nací en Albacete, me he criado allí, y en Letur están enterrados mi padre, mis abuelos, todo mi pasado. La intervención y el apoyo del Ejército fueron fundamentales. Esa experiencia me abrió los ojos, y he aprendido a dar gracias y a conocer más antes de juzgar. Me conmovió ver cómo trabajan con perros y otros recursos para rescatar a la comunidad. Es un agradecimiento sincero hacia todos los que ofrecieron su tiempo y esfuerzo para socorrer a mi pueblo.

¿Qué responsabilidad cree que tiene el artista con la promoción de esta u otras causas sociales, como la contención de la violencia de género, tema presente en su canción La Puerta Violeta?

Yo elegí la rama de Psicología, la Psicología social, y durante una temporada incluso quise dedicarme a la cooperación internacional. Mi padre, que fue sacerdote, siempre me hablaba de la teología de la liberación, de estar por y para el pueblo. Los artistas, como Serrat, Joaquín Sabina, Víctor Manuel, Bebe, e incluso cantautores de Latinoamérica como Chavela Vargas y Violeta Parra, llevan siempre un componente social en sus letras. Creo que mi forma de entender la vida se plasma en mis canciones, que son mi manera de expresar mis pensamientos y de lanzar mensajes de reflexión, sin que suenen como un dardo, sino como un medio amable de conectar.

¿Qué proyectos futuros tiene en mente, especialmente ahora que termina la gira del disco El Abrazo?

Sí, ya he terminado la gira de El abrazo, un disco muy emocional en el que el duelo está presente, como en esta obra en la que se trata también el tema de la muerte. Puede que el año que viene meta la cabecita bajo tierra, descanse y viva para volver a cantar y contar mi historia. Por otro lado, llevo años escribiendo un libro de cartas a mi padre, quien falleció de golpe hace tres años, un libro que mezcla ternura y dureza. Sobre mi debut como actriz, si alguien me llama para algún cameo, lo consideraré. Mi director favorito siempre ha sido José Luis Cuerda, también albaceteño, y eso me inspira a seguir explorando nuevas facetas, aunque mi compromiso sigue siempre con la música.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir al público que sigue su obra y su música?

El mensaje que quiero transmitir es que el arte y la cultura deben prevalecer en estos tiempos de tanta crispación. Ojalá que la belleza esté por encima de muchas cosas, que sepamos mirarnos a los ojos y contemplar lo que nos une. Con una canción o una obra de teatro, se relaja el ambiente y nos queremos más. Es fundamental que el público valore la emotividad y la capacidad transformadora del arte, que nos ayuda a reflexionar y a encontrar la unión en momentos difíciles.