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SIEMPRE HE SIDO UN CURRANTE

Entrevista a …Adrián Lastra


Texto:  Juan Diego Tobajas / Madrid

Fotos:  Alejandra Ghersi, Telecinco


Este actor que actualmente goza de una gran popularidad, gracias a la televisión y a series como «Velvet» o programas como «El desafío» (Antena 3) y «Bailando con las estrellas» (Telecinco), ha hecho de la humildad y el esfuerzo su bandera. Adrián Lastra (Madrid, 1984) nunca ha aceptado un «no» en un casting como un fracaso, sino como un acicate para seguir trabajando. Se ha formado como los actores norteamericanos de ahora, en interpretación, canto y baile. Aunque ama el teatro, no se le caen los anillos por participar y seguir dando lo máximo de sí en la televisión.

Alguna vez ha mencionado que «Operación Triunfo» supuso una gran inspiración para usted. ¿Qué fue lo que más le impresionó del programa y qué le llevó a decidirle por una carrera en el mundo del espectáculo?

Yo tenía 17 años y estaba un poco perdido. No sabía qué hacer con mi vida. Vi la primera edición del programa y me impactaron muchísimo los participantes: Bisbal, Bustamante, Rosa… Me sentí muy identificado con Bustamante y lo imitaba. Había algo parecido en el timbre de voz, en cómo adornaba las canciones, aunque luego me di cuenta de que estamos muy alejados vocalmente.

Comenzó sus estudios de técnica vocal con Victoria Manso y luego hizo interpretación musical con Patricia Ferro. ¿Cómo influyeron estas maestras en su desarrollo artístico?

Por aquel entonces, estaba estudiando un módulo de grado medio de FP. Tenía una profesora que me escuchó y me dijo que tenía buen oído para la música. Entonces me puso en contacto con una cantante de lírico, una amiga suya, que era Victoria Manso. Con ella empecé a tomar clases de técnica vocal y, a partir de ahí, me entró el gusanillo de cantar. El de actuar me llegó mucho más tarde. Victoria fue la que me dio los primeros consejos, cómo colocar la voz, aprender unas partituras… Estuve con ella nueve meses y después me fui a una escuela de interpretación en Madrid. Patricia era la profesora. Al final del curso se hacía un concierto con todos los alumnos en la sala «Clamores». Allí me subí por primera vez a un escenario. El tema fue «Noelia», de Nino Bravo.

Y mientras, ¿también trabajaba?

La verdad es que he hecho de todo: reponedor en un supermercado, repartidor de publicidad, camarero… Con esos trabajos me pagaba las maquetas de algunas canciones e iba a algunos concursos a los que me presentaba ilusionado como un niño.

Para mí lo más importante es dar todo en cada trabajo, sea teatro, televisión o cine

Empezó su carrera en el teatro musical con «Broadway Millenium» y luego participó en producciones como «Hoy no me puedo levantar» y «Más de cien mentiras». ¿Qué le atrajo del teatro musical y cómo ha sido su experiencia?

Es un mundo muy sacrificado. Son funciones de una duración muy larga, tres horas. Del género musical, me llamó la atención que abarca tres disciplinas: el canto, la interpretación y el baile. Cuando a mí, hoy por hoy, me proponen hacer teatro musical, digo que sí, aunque yo sea una cara conocida y gane menos dinero que en la televisión o en el cine. Siempre estaré ligado al teatro musical, es mi esencia, mis raíces.

Su carrera ha sido versátil, ha trabajado en el teatro, en la televisión y el cine. ¿Cómo ha manejado la transición entre estos medios y cuáles han sido sus mayores desafíos?

Para mí lo más importante es ofrecer mi mejor versión, dar todo en cada trabajo, ya sea en teatro, televisión o cine. Siempre he sido un currante, nunca lo he tenido fácil. En mi primer trabajo como actor y cantante de musicales, me echaron a los 15 días porque decían que era mal actor. Esta vida es complicada, pero yo siempre voy a dar el mil por ciento.

Actualmente goza de mucha popularidad, gracias a programas de entretenimiento como «El desafío» (Antena 3) o «Bailando con las estrellas» (Telecinco). ¿Ser popular ayuda?

 Es cierto que te conoce parte de un público que a lo mejor no va al teatro. La popularidad siempre está bien, los actores trabajamos porque el público nos quiere, si tú no interesas no vas a estar a ningún sitio. Creo que hay que manejar el miedo a hacer un programa de televisión cuando ya se ha trabajado en la industria del cine o del teatro. No pasa nada.

¿Es un hándicap?

La industria ha cambiado muchísimo desde que yo empecé. Hoy está todo muy mezclado debido a las redes sociales. De hecho, ¿cuántas veces vemos en una serie de televisión a gente que es su primera vez haciendo un papel o a personas que han sido conocidas como modelos o creadores de contenido en Instagram y tienen millones de seguidores? Las personas de mi generación debemos perder el miedo a hacer cosas de este tipo. 

Hablando de series y popularidad, ¿qué significó «Velvet» para usted?

Fue el gran empuje de toda mi carrera. Cuando estrenamos la serie hacíamos un 25 % de share en televisión, lo que a día de hoy es prácticamente imposible.

Ha sido nominado al Goya como mejor actor revelación, ha ganado el Premio Ercilla de Teatro, el de la Unión de Actores… ¿Qué significan para usted esos reconocimientos?

Un premio es una palmadita en la espalda de la profesión, pero ya está, lo único que te da es un espacio en tu casa o en la de tus padres, como en mi caso, con los pocos premios que tengo. Pero no te van a proporcionar trabajo, lo que te da el trabajo es lo que tú hagas durante toda tu carrera. Esto es una carrera de fondo. Puedes tener diez años muy buenos pero, de repente, empiezas a ser olvidado por el público. Hay que aprovechar cualquier oportunidad.

¿Ahora en qué está trabajando?

Voy a participar en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con la obra «Medusa», en la que interpreto a Perseo. Es la primera vez que se cuenta la historia de Medusa de una forma que la gente no conoce: ¿por qué Medusa es cómo es, qué razones tiene, quién la ha hecho así? El elenco está encabezado por Victoria Abril como Medusa, con un gran cuerpo de bailarines y el Coro de Cámara de Extremadura, que es impresionante. La obra es una gran apuesta de Mérida. Tenía muchas ganas de volver al teatro, de ponerme con un texto, de estudiar, de ensayar, de equivocarme y equivocarme hasta dar con la tecla correcta. Después de Mérida iremos al Festival de Sagunto. Luego, desde el 24 de septiembre hasta el 19 de enero, vuelvo al género musical y a cantar con «Grease». 12 semanas en las que trabajaré con un elenco maravilloso de gente joven a la que conozco desde que tenían 13 y 14 años. Ahora los ves con 21 años haciendo lo que hacen en el escenario y es increíble. Me da mucho miedo y respeto. Tengo que estar a la altura de estos chavales. 

Durante su trayectoria se ha enfrentado a muchos rechazos en las pruebas de casting a las que se ha presentado. ¿Qué consejo le daría a los jóvenes que están luchando por abrirse camino en este mundo tan difícil?

Yo les diría: «Ten perseverancia, sé muy luchador, esto es muy duro; frustrante en muchos momentos. Te pueden dar el “sí”, pero la mayoría de las veces es un “no”. Tienes que levantarte, volver a ponerte las zapatillas y seguir corriendo. Que nadie acabe con el sueño de dedicarte a un mundo donde quieres expresar emociones y volver a ser un niño. No de ganar dinero, porque si quieres ganar dinero no te dediques a ser artista».

¿Cómo equilibra una profesión tan exigente con su vida personal?

La verdad es que yo cambio muy rápido el chip, o sea, sé que el nombre o el personaje de Adrián Lastra solo existe cuando trabaja o cuando tiene alguna alfombra roja. Cuando termino aparece otra vez «Adri». No me cuesta volver a mi realidad porque sé que estoy viviendo una burbuja. Si no tuviese el apoyo de mis padres, de mi pareja o de mis amigos, la verdad es que me hubiese venido abajo hace muchísimo tiempo.

Usted pertenece a una generación que ya no hizo el servicio militar. ¿Con qué valores del Ejército se identifica?

Principalmente, con la constancia y la disciplina. Creo que si no hubiera sido constante y disciplinado en mi trabajo no hubiera llegado a donde estoy. 

CABO MAYOR CARDELLE

UNA VIDA VINCULADA A LA MONTAÑA

Texto: Luis Villaverde / Madrid

Fotos: CBMY. Cardelle


Nacido en Baracaldo, se crió en el barrio bilbaíno de Masustegui, donde conoció la felicidad de vivir cerca de la montaña. El cabo mayor Cardelle, destinado en el Grupo de Operaciones Especiales «Valencia» III, del Mando de Operaciones Especiales (MOE), ha vinculado su vida al alpinismo desde muy joven. Con 19 años se incorporó al servicio militar voluntariamente, lo que le dio la oportunidad de elegir destino en una unidad de montaña, en la Sección de Esquiadores y Escaladores del Regimiento de Cazadores de Montaña «Tercio Viejo de Sicilia» n.º 67, en San Sebastián. Desde entonces, Cardelle conoció la dureza de la montaña, pero también valores como el honor, la amistad, el sacrificio, el deber y la responsabilidad. En el MOE, donde ha pasado la mayor parte de su vida militar, aprendió que el ser humano no tiene límites cuando se trata de superar obstáculos.

Alcanzar la cima de las montañas más altas del mundo es uno de los mayores desafíos del alpinismo, y el cabo mayor Cardelle se encuentra inmerso en el ambicioso «Proyecto 7 cumbres». El reto trata de ascender a las montañas más altas de cada continente, añadiendo además la de Norteamérica. Estos gigantes de la Tierra son: el monte Elbrus (5642 m), en Europa; el Kilimanjaro (5895 m), en África; el Aconcagua (6961 m), en Suramérica; el Vinson (4897 m), en la Antártida; el Everest (8848 m), en Asia; el monte Denali (6194 m), en Norteamérica y la Pirámide Carstenz (5029 m),  en Oceanía. «Se trata de un proyecto muy interesante por lo que engloba a nivel de experiencias. Cada expedición es diferente y conocer otras culturas y personas a través de esta diversidad lo hace más atractivo. Hay que ser muy polivalente en la montaña para enfrentarse a este gran reto», aclara. Su próximo desafío es la subida al Everest, la cumbre más alta del mundo. Será su cuarta montaña de este proyecto, pues ya cuenta con tres ascendidas, el Aconcagua (Argentina) y los montes Denali (Alaska) y Kilimanjaro (Tanzania).

En el ascenso a este último, en 2019, el cabo mayor contó con la compañía de su esposa, Sabina, y de su hijo, Carlos. «Fue de las expediciones más bonitas que he hecho, aunque también de las más estresantes por la responsabilidad que conlleva subir al Kilimanjaro con un niño de 11 años, ya que con esa edad los niños son más sensibles al frío o a la altitud, y entonces tienes que ir con mucha más precaución», explica. Durante los últimos 20 años no siempre ha sido fácil encontrar compañeros que le siguieran en este tipo de actividades. El comandante (R) Blas, del MOE, ha sido su fiel binomio de montaña en muchas de sus hazañas. «Disfruto mucho más acompañado porque compartes experiencias, aunque hacerlo solo también tiene su parte bonita. Al final, eres tú y la montaña, y afloran más los sentimientos contigo mismo», afirma.

Las expediciones del cabo mayor Cardelle también tienen matiz solidario, ya que colabora con pequeñas organizaciones benéficas. «Lo que hacemos, el comandante y yo, es darles visibilidad. Cuanto más conocidas son,  más ayudas pueden obtener a la hora de buscar apoyo económico», explica. 

La montaña no siempre muestra su lado amable, y es entonces cuando hay que afrontar esas inclemencias que la naturaleza aporta al alpinismo. En 2014, el cabo mayor y el comandante Blas afrontaron un nuevo proyecto en el pico Alpamayo (5947 m), en Perú. La que comenzó como una expedición, por la que dicen que es una de las montañas más bonitas del planeta, se tornó en una amarga experiencia. «La montaña del Alpamayo cuenta en su parte de abajo con una rimaya —grieta larga y profunda—, y en la parte final, una pared de hielo de 500 m de altitud. Al bajar estaba nevando mucho, el comandante Blas y yo íbamos encordados, y él se cayó en la grieta, pero yo lo aseguré bien, clavé piolets para sujetarnos y pudo salir. Fue un susto tremendo», relata.

En 2022, durante una expedición al Broad Peak (8047 m), en Pakistán, tuvieron que rescatar al cabo mayor, al que el COVID le sorprendió en plena subida causándole un episodio de hipoxemia moderada —se manejan valores de entre 40 % y 59 % de oxígeno en sangre—. «Tuve serios problemas, me marcaba un 45 % de óxigeno en sangre, una barbaridad si tenemos en cuenta que los marcadores normales están en 95-97 %. Bajé al campo base sin fuerzas, allí llamamos a un helicóptero y me rescató».

El cabo mayor a lo largo de estos años ha ido aprendiendo de cada expedición, nunca deja de instruirse en algo nuevo. Su relación con la montaña es un continuo proceso de formación y siempre intenta adaptar las lecciones aprendidas a sus siguientes proyectos.