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EL NOVIO DE LA MUERTE, LA ETERNIDAD Y EL AZAR

La eternidad juega, a veces, sus cartas con manos de tahúr; y casi nunca llega sin un poco de suerte y, por supuesto, sin versos

Texto: Norberto Ruiz Lima / Madrid

Fotos: Stte. Jesús de los Reyes (DECET)

Este artículo habla de eternidad y de versos, ahora que se ha cumplido el centenario de la Legión española. Una eternidad que vive colgada de los labios de los legionarios, aunque la primera intención de su creador fuera destinarla a ser cantada por las cupletistas en los cabarés. Nada más poético y nada más natural para un himno militar que nacer en esos románticos lugares de antaño; así ha ocurrido con todas las canciones más escuchadas del repertorio castrense, como el pasodoble La Bandera, Los voluntarios o La bejarana, que nacieron inicialmente para el mundo del espectáculo, por donde suelen pulular inmortales artistas escondidos.

Este periódico, una vez terminado el centenario de la Legión, quiere rendir un homenaje a la persona que escribió una canción que todo el mundo reconoce y sabe tararear, una canción que ha ido más allá de la unidad militar que la hizo suya, una canción que ha sido una obra maestra de comunicación eficaz, tanto interna como externa, tanto espiritual como moral. Una canción que, fruto del azar, se ha convertido en algo con lo que nunca soñó su autor.

Sin duda, solo los poetas escriben sobre el mármol para la eternidad; pero Fidel Prado Duque, autor de cuplés y escritor de novelitas populares del Oeste o de espías, y que firmaba como F.P. Duke, no sabía entonces que él escribiría unos versos para la eternidad.

Ni siquiera lo sabía cuando leyó, trabajando para el Heraldo de Madrid, la historia del legionario Baltasar Queija de la Vega, uno de los primeros muertos de la Legión, entonces llamado Tercio de Extranjeros. Baltasar Queija había muerto el 7 de enero de 1921 en combate; y, cuando sus compañeros encontraron su cadáver, en uno de sus bolsillos había una carta llena de poesía dirigida a su amada ya fallecida, en la que expresaba su deseo de reunirse con ella.

Y cuando un escritor, ya sea de poesía, de novela, de folletines o de cuplé, encuentra una historia así, no puede menos que hacerla suya y darle forma de alma. Con esa letra en la mano, anduvo Fidel Prado Duque buscando su músico. Lo encontró en Juan Costa y, entre los dos, crearon la canción que invoca al sentido de la vida y de la muerte en el amor.

Con esa canción en la mano, Fidel Prado Duque, autor de cuplés, o F.P. Duke, escritor de novelitas populares y de folletín, que eran la misma persona, se cruza por azar en la calle Montera con Lola Montes, canzonetista; y le cuenta que lleva una canción maravillosa y que si quiere oírla lo acompañe a casa del maestro Modesto Romero, en la calle Luchana número 10. Y allá que se van los dos; y en esa casa y en esa calle se oyen por primera vez los sones de El novio de la muerte. Era el mes de julio de 1921.

Lola Montes, nada más oír los primeros compases, se enamora de la canción y la incorpora a su repertorio, cantándola en Málaga primero, en el espectáculo de variedades del teatro “Vital Aza”, y luego en Melilla. A nadie deja indiferente y el éxito fue inmediato. En Melilla, por esos derroteros que provoca nuevamente el azar, la escuchó el fundador de la Legión, el teniente coronel Millán-Astray, que rápido entendió que ese cuplé no podía ser más que de la Legión. Desde entonces hasta ahora, esas notas son reconocibles en cualquier lugar del mundo. Algo mágico tendrá en su fórmula transcendente.

Pero este artículo quiere traer en el centenario a ese versificador olvidado, Fidel Prado Duque, que escribió, para la Legión y para Lola Montes, la que ella consideraba la canción más bonita del mundo. Por eso, el periódico Tierra ha ido al cementerio de Santa María, en el madrileño distrito de Carabanchel, a mostrarle sus respetos a este versificador de sueños; mientras se oye como una letanía: «Soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera; soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tan leal compañera…». 

Lola Montes se enamoró de la canción nada más oír los primeros compases

MODERNIZAR LA HISTORIA

El Instituto de Historia y Cultura Militar ha digitalizado todos los historiales de los cuales es depositario: casi 10.000 archivos que ahora se encuentran a disposición del público en general

Hay ocasiones en las que un acontecimiento concreto de alguna de nuestras unidades queda grabado en la historia colectiva. En otros muchos casos, el volumen de acciones y curiosidades es tan amplio que es imposible de retener y, sin embargo, hacerlo supondría una gran riqueza histórica y cultural. Precisamente para proteger, conservar, investigar y divulgar el patrimonio histórico, cultural, documental y bibliográfico del Ejército de Tierra se creó, en 1997, el Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM) —sucesor del Servicio Histórico Militar, que vio la luz en 1939—.

Este Instituto es el garante de nuestra memoria, ya que a él se remiten anualmente los historiales de las distintas unidades del Ejército. Una práctica que, si bien está regida por su última normativa de 2012, se realiza desde mucho antes, ya que desde el siglo XVIII existen Reales Ordenanzas respecto a la conservación de los historiales, y han sido múltiples las normativas e instrucciones que ordenaban su redacción y actualización.

En la actualidad, el IHCM cuenta con una colección de historiales cercana a 600 carpetas, legajos y libros; es decir, unas 300.000 páginas aproximadamente cargadas con el presente y el pasado de todas las unidades que han existido en el Ejército de Tierra. «La historia de las unidades es la historia del Ejército. Relacionar sus contenidos daría para una enciclopedia», asegura el coronel Martín-Cleto, del IHCM.

Como cabe imaginar, un volumen semejante de material requería de su digitalización para poder conservarse y consultarse en condiciones óptimas. A eso ha dedicado parte de su tiempo el Instituto en los últimos años desde 2012, finalizando esta ingente labor en 2019, con la digitalización de la última remesa de libros y legajos, gracias al mecenazgo del BBVA y a una pequeña dotación presupuestaria extraordinaria. Así, en estrecha colaboración con la empresa Digitalizan, ya se encuentra en formato digital toda la colección del IHCM, que asciende a un total de 9.849 archivos distribuidos en casi 2.000 directorios y subdirectorios. Una vez digitalizados, los historiales más antiguos han sido remitidos a la Biblioteca Central de Madrid a excepción de los libros que contienen historiales de 1969 en adelante, que se mantienen por el momento en el despacho de la Sección de Historiales del Instituto.

La riqueza de esta colección es incalculable, formando parte de ella libros que datan del siglo XVIII. «El contenido varía mucho, pues depende del mayor o menor detalle y cuidado que en su redacción pusiese la correspondiente unidad, pero tenemos algunas curiosidades destacables. Es el caso del Libro de Oro o de Honor del Regimiento de Infantería “España” nº 18, con una simpática dedicatoria del escritor Camilo José Cela, así como una curiosa fotografía del rey Alfonso XIII con su hijo el Príncipe de Asturias», apunta el coronel Martín-Cleto.

Así, se pueden encontrar auténticas joyas, como los historiales manuscritos del primer regimiento en América (el Regimiento de La Habana) o ampliaciones y complementos para los historiales de diversas unidades como, por ejemplo, dos libros históricos de 1910 y 1911 sobre el Regimiento Inmemorial del Rey” nº 1. No son los únicos, puesto que también hay varios manuscritos de gran interés de Regimientos de Infantería, como el Cantabria”, “Granada” “Almansa”, “Bailén” y “Gerona; de Caballería, como el “Rey”, “España” o Castillejos, o el 3º de Montaña de Artillería. «Documentos que datan del siglo XVIII y XIX respecto a unidades que se remontan, en algunos casos, a los siglos XVI y XVII. Es decir, una cosa es la antigüedad del documento y otra la de los historiales que recoge», aclara el coronel.

CÓMO HACER UNA CONSULTA

Este rico patrimonio está abierto a la consulta del público en general. Así, para trabajos de investigación particulares, el procedimiento actual es solicitar cita previa al Archivo General Militar de Madrid (agmmadrid@et.mde.es). Para estas peticiones particulares, si son muy puntuales, concretas y bien definidas y acotadas, también existe la posibilidad de solicitar la consulta a través de la Oficina de Comunicación del Instituto (ihycm@et.mde.es).Evidentemente, el archivo está abierto a que cualquier unidad pueda solicitar la información o documentación que desee relacionada con su historial, dirigiéndose directamente al IHCM vía Sistema de Mensajería de Defensa