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SARGENTO JUAN MONCADAS PUJOL

Llegaremos, a TZelata o al Cielo

Tcol. Norberto Ruiz Lima (DECET) / Madrid

No quedaba otro. Era el último de su tiempo. Epígono de una época pasada que nunca se apagará en la memoria. Era el último, un hombre solo. El último soldado, dueño de la Medalla Militar Individual concedida por el ministro del Ejército según escrito 1177-J Sección 1ª del Gobierno General del África Occidental española de fecha 11 de diciembre de 1957. Era el último, y aunque se ha apagado su voz queda su historia.

Volemos al año 1957 y recordemos ese tiempo. Sargento Juan Moncadas Pujol; 7ª Compañía, Bandera “Roger de Lauria” II de Paracaidistas. Volemos hasta el año 1957. Es 23 de noviembre y el sargento Moncadas, formando parte de la 3ª Sección mandada por el teniente Ortiz de Zárate, sale en dirección a T’Zelata con misión de romper el cerco que elementos rebeldes mantienen sobre ese puesto, donde resisten otros españoles. Al día siguiente, a primera hora son atacados por fuerzas hostiles recibiéndose fuego desde varias direcciones, momento en que los paracaidistas entran al combate contrarrestando el fuego enemigo para llegar al poblado y romper el cerco. Hasta las 17 horas no cejan en su empeño. El enemigo es numeroso y, con vistas a la noche, deciden atacar una loma para desalojarlos y organizar durante la noche la defensa de la posición, dibujando esas líneas que los soldados pintan como infranqueables.

El teniente Ortiz de Zárate decide racionar la comida, con seis heridos, sin agua. Ahora llega el momento, lo saben, de identificar sombras, de volver a emular historias que los mayores les contaron, de apurar sedientos hasta el viento que refresca la noche. Aguantan, están aguantando, como se sostuvieron siempre los cercos inmortales. Los que están en la memoria.

Durante el día 25 sostienen varios tiroteos con el enemigo y el día 26, sobre las 7 horas, las fuerzas hostiles, muy numerosas, intentan el asalto a la posición, momento en que resulta muerto en combate el teniente Ortiz de Zárate; asumiendo el mando en ese instante el sargento Juan Moncadas. El enemigo, después de ese primer durísimo asalto, es rechazado arrastrando consigo unas 50 bajas. Por parte paracaidista, se saldó ese combate con una baja y un herido.

Ese día 26 se termina el pan y aparece la llama de la sed, pero la moral no decae, nada les ha cambiado este tiempo que viven; como fueron, son; y no vuelven la cara a las ofensas.

El día 28 son nuevamente atacados, volviendo a rechazar con fuerza nuevamente el ataque, ocasionando unas 10 bajas enemigas, teniendo que lamentar los españoles cuatro heridos. Sobre las 16 horas la aviación española les lanza una jarra de agua y medicamentos, bordando la alegría en sus bocas con fino hilo de médico. Siguen atrincherados y en posición. Los enemigos siguen hostigándolos durante el día 29, haciendo fuego desde distintas direcciones. El día 30 vuelven a sonreír cuando la aviación les lanza una jarra de agua y granadas de mano para su defensa. La jarra cae un poco lejos y el sargento Moncadas y cuatro paracaidistas tienen que realizar una descubierta para llegar hasta ella. Se ha roto y lo que queda es un charco, pero consiguen llenar varias cantimploras bajo fuego enemigo.

Era el último. No quedaba otro. El último Medalla Militar Individual: comandante Juan Moncadas Pujol, que aguantó su posición hasta su liberación

El día 1 de diciembre reciben fuego concentrado de morteros y aguantan en sus puestos sin tener que lamentar ninguna baja, viendo de lejos de la gloria el brillo. No eran días para pensar en otra cosa. Saben que los refuerzos llegarán pronto. Saben que los enemigos han probado su resistencia dejando a casi 70 de los suyos en el combate. El día 2 por la mañana siguen recibiendo fuego de fusilería, y ellos continúan sin dar tregua a la defensa. Sobre las 14 horas divisan fuerzas propias que vienen a su encuentro. Es el tabor del Grupo de Tiradores de Ifni nº 1 que viene en su ayuda. Es el momento de atacar para establecer contacto con los compañeros que aparecen por detrás de una pequeña loma. De pronto, todo ha cambiado, la tenaz resistencia de los paracaidistas ha dado sus frutos y el enemigo se dispersa. El fuerte queda a la vista y emprenden la marcha hacia él una vez que el enemigo ha sido obligado con la fuerza de las armas a abandonar el cerco a T’Zelata. Allí curarán a los heridos y rezarán por sus caídos. Allí llenarán sus cantimploras de agua, comerán pan otra vez y recordarán en la memoria todos los momentos que los llevaron a T’Zelata o al Cielo.

Era el último. No quedaba otro. El último Medalla Militar Individual: comandante Juan Moncadas Pujol, que aguantó su posición hasta su liberación, combatiendo, fortificando la defensa, saliendo a recoger agua, luchando. Era el último. Siempre te recordaremos, paracaidista.

Entrevista a… Carlos Franganillo, periodista

EEUU, RUSIA Y CHINA DEFINEN MUY BIEN LAS INTERACCIONES GEOPOLÍTICAS

Selene Pisabarro / Madrid

Quienes trabajan con él comentan, sorprendidos, que Carlos Franganillo (Oviedo, 1980) no usa ni papeles ni bolígrafo cuando presenta la edición nocturna del Telediario de La 1. «Si algo va mal, sabe improvisar perfectamente», aseguran los técnicos en plató. Franganillo está pendiente de cualquier detalle hasta el último minuto. «No se le escapa nada». Este periodista al que le apasiona la geopolítica ha sido corresponsal en Washington (Estados Unidos) y Moscú (Rusia). Aunque le encanta leer sobre estos temas, confiesa que últimamente tiene menos tiempo.

Ha estado en Washington, Moscú… Le queda Pekín. Me encantaría. Es el destino en el que me gustaría vivir y trabajar. Si tuviera que elegir uno sería ese, pero por circunstancias familiares y personales no sería todo lo cómodo que querría. Pekín me parece, ahora mismo, el sitio más fascinante para un periodista al que le guste la información internacional. Creo que Estados Unidos, Rusia y China son tres poderes principales que definen muy bien las interacciones geopolíticas y las relaciones internacionales en la actualidad.

¿Allí tuvo relación con las Fuerzas Armadas? Sí, sobre todo en Washington, tenía mucho contacto con los agregados de Defensa y las actividades que realizaban. Siempre me ha interesado mucho el tema, pero al haber estado en el exterior, la exposición a las Fuerzas Armadas es menor, aunque sí he descubierto a profesionales de primerísimo nivel.

Me imagino que habrá sentido alguna vez la saturación informativa. Muchas veces, pero no en cuanto a los temas internacionales, porque me iría a cualquier parte. La actualidad del mundo es más cambiante, porque un día te puedes fijar en una parte y otro día en otra, pero la política nacional es un bucle constante en tiempos de gran polarización y de mucha crispación. Creo que, a veces, tengo esa sensación de saturación, no solo por la propia actualidad, sino porque vivimos en un mundo tan conectado que nunca logras desconectar. Ahora es muy difícil, porque a través de las redes sociales o grupos de WhatsApp estamos en un torbellino informativo constante.

Precisamente, el móvil es ya una herramienta más para los periodistas. En parte lo es. Es verdad que hoy un periodista tiene que estar en Twitter, porque muchas decisiones se anuncian a través de la plataforma. Obviamente, seguir la presidencia Trump sin Twitter era casi imposible, por nombrar un extremo. Una parte de la diplomacia se hace en redes sociales, es una herramienta más, no se puede evadir si eres periodista y eso obliga a meter la cabeza de lleno en ese torbellino. Muchas veces extraes cosas positivas y otras muchas lo que te encuentras es ruido, crispación y mensajes de odio. Es el entorno en el que nos movemos y el profesional tiene que adaptarse y sacar lo mejor.

En las Fuerzas Armadas he descubierto a profesionales de primerísimo nivel

En TVE, están realizando telediarios en directo desde los colegios electorales, la España vaciada… ¿Cómo surgió la necesidad? Fue un experimento que funcionó razonablemente bien y empezamos a ponernos retos un poco más complejos. Yo creo que es un modelo que en otros países funciona, donde el presentador no está solo en el plató, sino que también hace otro tipo de reportajes o tareas. Pienso, personalmente, que eso aporta al espectador y así puede suponer que quien le está contando las noticias tiene una participación más directa y lo conoce de primera mano. Es verdad que no se puede hacer a diario porque exige mucho trabajo e implicación técnica.

Aun así, las audiencias han bajado en los últimos meses. ¿Son tan importantes? Sí, claro que lo son. La televisión pública no tiene que estar desesperada por la audiencia porque ya no tenemos publicidad y nuestra financiación depende de otros factores. Pero sí que preocupa, obviamente porque un medio de comunicación quiere tener trascendencia y una televisión pública debe. Nuestra misión tiene que ser aportar neutralidad, objetividad y cierto debate social fuera de la crispación en tiempos tan agitados. Hay que hacerse un hueco para cumplir con esa función social.

¿Hay algún truco para que un adolescente que es capaz de ver horas de
vídeos en Youtube se conecte para ver el telediario?
Nadie lo sabe, si yo lo supiera triplicaríamos la audiencia (ríe). Es difícil saberlo y yo creo que todos los medios tradicionales estamos en ese debate. Hoy por hoy, es complicado encontrar una solución para que la gente vea la televisión en vez de consumir otros medios, porque todos estamos acostumbrados a utilizar varios a la vez.

Al trabajar en el turno de tarde, ¿tiene tiempo para hacer los deberes con sus hijos? Ahora mis hijos son pequeños todavía, y los deberes son llevaderos. Si continúo con este horario, cuando vayan creciendo será más difícil. Pero es complicado conciliar. Es verdad que durante el día no tengo más vida que la televisión, porque, aunque no estés en Torrespaña, ya estás pendiente de las noticias desde que amanece, escuchando las tertulias, viendo las últimas horas… Estás enganchado desde que te despiertas. Es lo que conlleva esta profesión y posición concreta, con este horario. Trato de encontrar mis huecos.