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Entrevista a…CARLOS SEGARRA (Cantante, guitarrista y compositor)

«La canción «Bajo la luz de la luna» la compuse haciendo la mili»

Pocas personas en España podrán decir que no conocen alguno de los grandes éxitos de Los Rebeldes, como Mediterráneo o Bajo la luz de la luna, y eso se lo debemos, sin duda, a Carlos Segarra (Barcelona, 1961), el líder de este mítico grupo de rock and roll que, además, es un apasionado del Ejército de Tierra.

¿A qué se debe su pasión por el Ejército?

Todo surgió gracias a mi padre, que era un fanático de la Segunda Guerra Mundial, y nos llevaba a mi hermano y a mí a ver películas como Objetivo Birmania; Rommel, el Zorro del Desierto; El puente sobre el río Kwai o Tora! Tora! Tora! Para mí, con seis años, el colmo de la felicidad era que me llevaran al cine y, a la salida, me compraran un tebeo de “Hazañas Bélicas” o del “Sargento Gorila”. Yo de pequeño leía libros de temática militar, montaba maquetas de carros de combate, aviones, etc., y de ahí pasé a hacer dioramas. Cuando fui a la mili, la teórica ya me la sabía…

¿Cómo fueron sus comienzos en el mundo de la música?

Yo vengo de familia de músicos. Mi abuelo, José Segarra, era cantante, pianista, etc. Por eso, en mi casa se escuchaba música que aún no había llegado a España. Aquí el rock and roll llegó tarde y mal, se juntó Elvis con los Beatles. Yo con 16 años, y con un pelo y unas patillas que daban miedo, ya tocaba en locales de El Raval donde estaba prohibida la entrada a menores de 18 años. Eso lo cuento en la canción El chico de la guitarra, incluida en nuestro último disco de estudio, Rock Ola Blues. Con 17 años monté Los Rebeldes y el contrato lo firmó mi madre, porque yo era menor de edad.

¿Cómo era el ambiente musical de Barcelona en aquella época?

Riquísimo, era una fiesta de estilos musicales, pero la Barcelona de hoy ya no es mi Barcelona. Yo me fui a vivir a Alicante hace 20 años. Entonces había muchos programas musicales en televisión…Éramos la envidia de los franceses. Venía gente de París a Barcelona o Madrid y flipaban con el nivel que teníamos. Había programas como Tocata, Rockopop, etc., pero nosotros hacíamos música hasta en programas que no eran de música. Todos pensábamos que, con la llegada de las televisiones privadas, nos íbamos a hinchar, pero no fue así. Hemos pasado de cien a cero.

Usted hizo el servicio militar obligatorio en 1982. ¿Qué recuerdos tiene?

Yo llegué una semana tarde a “Camposoto”, porque estaba grabando un videoclip. Me presenté en el cuerpo de guardia del Centro de Instrucción de Reclutas nº 16 vestido como James Dean, con mi flight jacket, el petate y la guitarra. Allí estuve de maravilla, porque resulta que los cabos primeros de mi compañía tocaban la guitarra. Ellos me enseñaron los acordes de Santana y yo les enseñé los de rock and roll.

Durante el servicio militar compuso algunas canciones…

Hice la mili en el Grupo de Regulares de Ceuta nº 3, en el acuartelamiento “González-Tablas”. Allí, en un refuerzo de dos horas, con mi bayoneta, compuse Bajo la luz de la luna. También durante la mili compuse Quiero ser una estrella y empecé la letra de Mediterráneo, aunque esa la acabé ya en casa. Tengo muy buenos recuerdos de aquella época. A mi brigada lo tenía frito, porque yo me ofrecía voluntario para todo: practicar judo, hablar inglés etc. Todo lo sabía hacer, y además bien. Bueno, todo menos jugar al fútbol. Además, yo daba unas novedades espectaculares, los taconazos de Segarra se oían desde Melilla.

Y después de tanto tiempo, “El Último Aplauso” le ha hecho reencontrarse con el Ejército…

Ese concierto tuvo que posponerse varias veces por distintas circunstancias, hasta que se pusieron por medio mi oficina (Rock and Fashion) y el Departamento de Comunicación del Ejército de Tierra, así que podemos decir que el rock and roll y el Ejército español han resucitado a un muerto. ¡Eso es un milagro! Además, he vuelto a encontrarme con el sargento de mi compañía, que ya es teniente coronel. Ha sido una gran alegría.

¿Cree que la sociedad española valora la labor del Ejército de Tierra?

Ahora mismo, la relación de la sociedad civil con nuestro Ejército pasa por un momento muy dulce, gracias a todo lo que los militares han hecho durante la pandemia, la forma en la que han salido de Afganistán —sin dejar a nadie atrás—, lo que están haciendo ahora con el volcán de La Palma, etc.

El grupo Los Rebeldes tiene ya más de 40 años. ¿Cuál es la clave de su éxito?

La clave es que tocamos rock and roll, que es una música vitalista. El rock and roll puro, por definición, no existe, porque se trata de una mezcla de música negra afroamericana, música de inmigrantes irlandeses… El rock and roll es una música mestiza. Y ya lo decía John Lennon: «El rock and roll nunca morirá, porque le gusta a demasiada gente… incluido yo». Nosotros tenemos la suerte de ganarnos la vida haciendo lo que más nos gusta.

¿Qué canciones no pueden faltar nunca en un concierto de Los Rebeldes?

Hay como 20 canciones que son sagradas. ¡Hemos tenido muchos números uno! Mediterráneo, Mescalina, Bajo la luz de la luna, Mi generación, Un español en Nueva York, Eres especial, Quiero ser una estrella, Mía…tú vete a un karaoke y mira quién tiene más canciones: el cabo Segarra. Es más, hay canciones que no recuerdo ni haberlas compuesto, porque yo he compuesto para Loquillo, Fito, etc.

¿Y ha seguido trabajando durante la pandemia?

Sí, he compuesto canciones con las que haré un nuevo disco, junto con otras que ya tenía, porque a mí no me gusta empezar de cero. Cuando acabo un disco, siempre me guardo alguna canción en la recámara. De hecho, a veces es bueno que las canciones reposen, porque cuando las compones igual dices: «¡Qué bueno soy! ¡Que se quiten los Beatles!». Y luego, al cabo de un tiempo, las vuelves a escuchar y dices: «¡En qué estaría yo pensando!». La primera canción que compuse durante la pandemia se llama Las joyas del corona, y está dedicada a los sanitarios, los militares…

¿Qué música escucha Carlos Segarra?

Todo lo bueno: blues, soul, rock and roll, góspel, boleros, etc.

Residencia Militar Virgen del Puerto: «Garantía de éxito»

La preciosa villa cántabra de Santoña acoge la Residencia Militar de Acción Social de Estudiantes “Virgen del Puerto”, uno de los 33 centros que la Dirección de Asistencia al Personal —del Mando de Personal—tiene distribuidos a lo largo de toda la geografía española para servir de apoyo a los componentes del Ejército y a sus familias. Al igual que la Residencia Militar “Virgen de la Paz” de Ronda (Málaga), su razón principal de existencia es la preparación y formación de los militares de tropa para su ingreso por promoción interna en la Academia General Básica de Suboficiales, lo cual hace que ambas residencias sean «especiales y diferentes», tal y como apunta el director de la de Santoña, coronel Bermejo.

Además, si bien la preparación que en ellas se da va dirigida al acceso a la Escala de Suboficiales, «el contenido y nivel de las materias que se imparten permite a los alumnos presentarse también a la Academia General Militar de Zaragoza y acceder a la Escala de Oficiales», añade el
coronel.
En un principio, esta Residencia Militar comenzó su andadura en 1960 como Instituto de Enseñanza Media para hijos y huérfanos de militares en régimen de internado, así como para estudiantes civiles —de Santoña y de otras localidades cercanas—, ante la falta de centros en la zona. En el año 1988 se amplían sus servicios con la creación de la Sección de Preparación dentro del Patronato, germen del actual “Curso de Preparación para el Ingreso en los Centros de Formación del Ejército de Tierra”.

No obstante, y aparte de su función principal de preparar y formar a los soldados para que afronten con garantía de éxito sus exámenes de ingreso en las academias militares del Ejército, «ofrece alojamiento y manutención como residencia de acción social (con capacidad de alojamiento para 56 residentes) a los militares y a sus familias, y acoge en verano campamentos de niños y jóvenes hijos de militares», apunta el coronel Bermejo, quien está al frente de la Residencia desde febrero de este año.

En los más de 30 años que lleva en funcionamiento como centro de preparación, han sido 5.400 los alumnos que por ella han pasado. En concreto, en este curso 2021-2022 son 100 alumnos procedentes de distintas unidades del Ejército de Tierra.

Organización

Respecto a su organización, cabe destacar que la plantilla cuenta con 28 personas, de las cuales 8 son militares, y se distribuye en dos bloques principales: «El Área de Administración y Gestión, con un capitán al frente —la cual realiza todas las tareas necesarias que conlleva el funcionamiento de la Residencia—, y la Jefatura de Estudios, encabezada por un teniente coronel jefe de estudios y que cuenta con un capitán jefe de la unidad de alumnos, un brigada auxiliar y dos civiles de apoyo a tareas administrativas. Sin olvidar al experimentado y prestigioso cuadro de profesores», señala el coronel, quien se muestra satisfecho del renombre con el que cuenta esta institución y «el cariño que se le tiene en esta tierra». Algo, sin duda, a lo que él quiere contribuir de forma personal con «jornadas de puertas abiertas o visitas de colegios» que ya están preparando.

Estudiar en Santoña es una garantía de éxito para todos aquellos que han podido obtener plaza —y quienes cursan sus estudios en situación de “comisión de servicio no indemnizable”, sin perder su plaza en su unidad de origen—. Los números así lo demuestran: en el curso 2020-2021, un 98’8% de sus alumnos consiguieron entrar en las academias militares. Un porcentaje que no es algo puntual, ya que en los últimos años siempre han conseguido aprobar las oposiciones más del 90% de sus residentes. El secreto para conseguirlo está en la férrea disciplina con la que trabajan, en la que los alumnos viven en régimen de internado y absolutamente dedicados al estudio: «Funciona como una verdadera academia militar, en la que al alumno se le exige rigor, disciplina, excelente comportamiento y rendimiento en sus estudios, sin descuidar su formación física. Los internos reciben clases durante toda la mañana, seguidas de estudio y tutorías por las tardes, exámenes trimestrales de control…», asegura el coronel Bermejo. Junto a esto, la intención del director es que los estudios se compaginen con ciertas actividades culturales que también les hagan conocer el maravilloso entorno que les rodea.

Asimismo, se busca que la formación que reciben en esta Residencia sea lo más completa posible. Por eso, los alumnos también van a poder asistir a charlas orientativas sobre diversos temas, como salud y nutrición o valores militares.

Una forma de trabajar que le ha proporcionado a esta institución un gran prestigio, a lo que también ha contribuido el buen estado de sus instalaciones, con seis aulas bien equipadas, un aula de informática dotada de 24 ordenadores, servicio wifi, un gimnasio completo, pistas de pádel y frontón. Además, dispone de cafetería con terraza, sala de juegos, salón de actos, de conferencias, sala de televisión, capilla, biblioteca y zona de aparcamiento.

Inauguración del Curso

El acto de inicio del curso académico 2021-2022 se llevó a cabo el 15 de octubre, en el Patio de Armas de la Residencia “Virgen del Puerto” y bajo la presidencia del director, coronel Bermejo. En esta ocasión, el acto recuperó el tradicional desfile de la compañía de alumnos en el exterior del recinto militar, que pudo ser contemplado por numeroso público. Asimismo, se realizó una visita a la parroquia de Santoña, que precedió a la parada militar, en la que los alumnos realizaron una ofrenda floral a la Virgen del Puerto, patrona de la localidad.