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Al otro lado de la frontera

Cuando a comienzos de este curso que ya está llegando a su fin, dos de mis compañeros de la LXXVIII Promoción de la Academia General Militar y yo llenamos los maleteros de nuestros vehículos y nos dirigimos a Guer -una pequeña localidad situada en la Bretaña francesa- no podíamos imaginar hasta qué punto esta experiencia académica al otro lado de la frontera apuntalaría para siempre la forma de entender nuestra vocación militar. En Guer enriqueceríamos nuestra preparación como futuros oficiales del Ejército de Tierra mediante la realización, en virtud de un acuerdo de intercambio, del primer semestre de 4º en la Academia Militar de Saint-Cyr Coëtquidan,

Los alféreces Rey, Campos y Fernández en la entrada de la academia francesa

De los Alpes a Dangeul

Nada más pisar la école en la que se forman los oficiales del Armée de Terre, sin tiempo siquiera para deshacer las maletas, cogimos nuestro equipo y nos embarcamos en un nuevo viaje hacia los Alpes con alumnos franceses, alemanes, finlandeses y surcoreanos. Tras un largo trayecto en autobús, en el que aprovechamos para conocer a nuestros binomios galos, llegamos a Modane. Allí nos instruimos durante tres semanas en un curso de montaña estival gritando al unísono con nuestros compañeros “¡Assureur prêt, départ!o “¡Rapel libre!durante los respectivos ejercicios de escalada y rápel. Asimismo, llevamos a cabo diferentes ascensos de dificultad creciente para afrontar con garantías la prueba final, tras cuya exitosa ejecución obtuvimos el certificado BAM de alpinista militar.

A este intenso curso de alpinismo le siguieron varias continuadas, en las que realizamos asaltos, emboscadas, movimientos tácticos por los bosques bretones, combate en zonas urbanizadas y topográficas. Si bien estábamos familiarizados con todos los conceptos porque los habíamos trabajado antes en el plan de instrucción y adiestramiento de la AGM, su desarrollo nos resultó bastante “novedoso” debido a la importancia que los franceses le conceden al proceso de planeamiento a nivel sección y al detallado método que ponían en práctica para programar cada uno de los ejercicios.

Un botón de muestra fue la experiencia que vivimos en Dangeul, una ciudad situada en la región de Países del Loira en la que tuvo lugar una de las batallas de la Segunda Guerra Mundial. Para estudiar este acontecimiento histórico y sus aspectos tácticos llevamos a cabo durante dos días una serie de actividades en las que todos los alumnos revivimos lo sucedido sobre el terreno y planeamos cuál hubiese sido nuestra manera de proceder de haber estado al frente de las tropas francesas. Así, por ejemplo, tuvimos que decidir si el asalto a un cruce de caminos debía hacerse de este a oeste, como realmente sucedió, o si, por el contrario, había que haber cambiado la dirección de ataque. Además, recorrimos la zona en la que se tendió una emboscada a los carros alemanes y examinamos el material de combate galo utilizado durante la contienda.

: La bandera de La General en la cima del Col d’Arplane

Geopolítica en ambiente internacional

Junto a las jornadas de instrucción militar, las clases de geopolítica fueron, sin duda, las actividades formativas más interesantes de nuestra estancia en Saint-Cyr, y no solo por el interés que de suyo poseían asignaturas como “Terrorismo en África”, “Política exterior y de seguridad de Rusia”, “Política exterior y geopolítica de China”, “Retos de seguridad en el Ártico” o “La transformación geopolítica del Golfo Persa” para comprender los renovados conceptos estratégicos de Seguridad y Defensa, sino por la oportunidad de trabajar en ellas con un vocabulario específico en inglés y una perspectiva verdaderamente internacional: la que nos proporcionaron los alumnos de Francia, Japón, Polonia, Austria, Estados Unidos, Italia o Noruega.

De este modo, estas sesiones nos brindaron la ocasión de dar a conocer a nuestros compañeros internacionales, a través de exposiciones orales, sugestivos aspectos de nuestra historia, como las campañas militares de los tercios o la actividad propagandística llevada a cabo durante la Guerra Civil española. Pero también nos acercaron su particular visión acerca de otros más recientes protagonizados por sus respectivos países, como el giro de la política exterior y de defensa del Reino Unido hacia la región de Indo-Pacífico tras el Brexit, la herencia geopolítica de las guerras del Golfo Pérsico o las tensiones crecientes en Ucrania y Afganistán.

Intercambio cultural y proyección internacional de los futuros oficiales del ET en Saint-Cyr

Desembarco en Normandía

No obstante, durante nuestro semestre al otro lado de la frontera, además de nutrirnos intelectual y militarmente, también llevamos a cabo una inmersión total en la cultura del país vecino. En este sentido, no solo aprendimos la organización de sus Fuerzas Armadas y la forma de trabajar de su Ministerio de Defensa, sino que también perfeccionamos nuestro conocimiento del idioma, y nos acercamos un poco más a su historia y sus tradiciones, sobre todo, a través de un didáctico viaje a la región que marcó el devenir de Francia y del resto de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

En nuestro particular desembarco en Normandía, visitamos los museos dedicados a la citada operación militar, la playa Omaha -que alberga el famoso cementerio americano de Colleville-sur-Mer-, las posiciones defensivas de la época y el también conocido cementerio de guerra alemán de La Cambe. Redescubrimos, a través del orgulloso y emocionado relato de los lugareños que nos asistieron como guías, la relevancia que el desembarco tuvo para la liberación francesa. Y además, llegamos a comprender que, a pesar de no contar con la grandiosidad del camposanto estadounidense —que, presidido por una enorme bandera nacional, acoge casi 10000 tumbas blancas a lo largo de 70 hectáreas de césped, un gran monumento conmemorativo y un muro en el que están escritos los nombres de otros 2000 soldados fallecidos cuyos cuerpos no fueron encontrados—, el sencillo cementerio construido en suelo galo para el reposo de los alemanes caídos en esa batalla era un inequívoco símbolo de la posterior unificación europea.

Aunque ya han pasado más de dos meses desde que regresamos de Saint-Cyr, el recuerdo de lo vivido, aprendido y compartido allí, lejos de difuminarse, se hace más nítido a medida que nos esforzamos por completar en La General nuestra formación como tenientes. Está claro que las fronteras delimitan, pero también unen, y hemos tenido la oportunidad de instruirnos para servir a España en otro país y en otra lengua, trabajando, además, codo con codo con cadetes de numerosos ejércitos aliados quienes, en un futuro próximo, podrían ser compañeros de filas en misiones internacionales. Esto no solo nos ha hecho más conscientes de la crucial responsabilidad que, como militares, tenemos de preservar, junto a su integridad territorial y su soberanía, la cultura y la historia de nuestra nación, sino que nos ha reafirmado en la idea de que, en el incierto panorama geopolítico actual, más que en cualquier otro periodo histórico, la salvaguarda de la Seguridad Nacional depende cada vez en mayor medida del fortalecimiento de la seguridad colectiva.

Caballero Alférez Cadete Daniel Campos Sánchez

LXXVIII Promoción de la Academia General Militar

CONOCER A… SOLDADO DOMÍNGUEZ

«Con Ron voy a trabajar, al cine o al centro comercial»

Ana Vercher / Madrid

Existen muchas maneras de ser solidario, y el soldado Domínguez
—destinado en el Regimiento “Alcázar de Toledo” nº 61— ha escogido la de ser familia de acogida de un cachorro de la Fundación ONCE. Junto a su pareja y después de una larga espera, Domínguez recibía el 23 de diciembre de 2021 a Ron: una cría de labrador que vivirá con ellos durante un año. «Debido a la gran demanda que hay y al minucioso proceso de selección, han tardado dos años en asignarnos un perro, pero la espera ha merecido la pena», señala el soldado.

Durante este año, y antes de que vuelva a la Fundación para aprender a ser perro guía, Ron va a ser un miembro más de la familia «mientras aprende a socializar, así como ciertas pautas que le ayudarán a desarrollar mejor el trabajo que va a desempeñar después», señala Domínguez. Esa es una de las razones de ser de esta actividad, ya que si bien durante sus 12 primeros meses de vida el perro no está preparado para entrenarse, sí que es fundamental que adquiera ciertas habilidades sociales y educativas que orienten su aprendizaje. «Uno de los aspectos más relevantes es que el perro debe salir cada dos horas, aproximadamente, por lo que está siempre con nosotros», puntualiza el soldado, algo que no sería posible sin la ayuda de los superiores y compañeros de Domínguez, al que apoyaron en esta aventura desde el primer día. Así, Ron lo acompaña cada día a su trabajo. Afortunadamente, se trata de un cachorro «muy bueno, que se ha acostumbrado en apenas tres días a los horarios» y que, poco a poco, hará lo mismo con ciertas pautas como la de hacer sus necesidades entre los coches aparcados, para que, si el invidente a quien acompañe no pudiese recoger los excrementos, que no queden en la vía pública. También debe habituarse a estar con otros perros y personas para que no se asuste cuando vaya a trabajar como guía: «Este tipo de perros van más allá de ser animales de compañía, son herramientas de trabajo, por lo que la forma de educarlos es completamente distinta», apunta Domínguez.

Con Ron no solo va a trabajar, sino que también lo lleva al cine, al centro comercial o cuando sale con los amigos. En definitiva, lo acompaña en su día a día, «lo que hará imposible que no se suelte alguna lágrima el día que haya que devolverlo a la Fundación». Pero lo hará orgulloso, ya que se trata de un voluntariado que da grandes satisfacciones «no solo por ver lo rápido que aprende el cachorro, sino, sobre todo, por saber que todo el trabajo realizado durante un año va enfocado a ayudar a una persona», mantiene Domínguez. Tanto es así, que este militar por vocación, miembro del Ejército de Tierra desde 2001, ve «muy aconsejable vivir una experiencia como esta, especialmente si se tienen niños, porque estos perros requieren aún más implicación y responsabilidad que uno normal». Además, el hecho de no elegir al perro ni saber nada sobre él —ni el sexo, ni el color, ni su nombre— hace que lo que de verdad importe sea la labor que se va a desarrollar.

Una experiencia «maravillosa» que seguro repetirá en dos o tres años y que se suma a la lista de voluntariados que este licenciado en Farmacia ha llevado a cabo, principalmente en el ámbito de la salud. Entre ellos, se incluye su colaboración con el Samur-Protección Civil, con la UVI (Unidad de Vigilancia Intensiva) y el VIR (Vehículo de Intervención Rápida) del SUMMA 112 y con la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid).

PARA SABER MÁS…

La Fundación ONCE del Perro Guía tiene como finalidad criar y adiestrar perros guía para personas con ceguera o deficiencia visual grave y contribuir así a la mejora de su autonomía y la seguridad de sus desplazamientos. La Fundación presta sus servicios a personas con discapacidad visual de toda España y cuenta con un centro de cría y adiestramiento ubicado en Boadilla del Monte (Madrid), donde dispone de instalaciones destinadas a albergar a los perros, dependencias administrativas y una residencia para acoger a los solicitantes de perro guía durante el curso de formación que deben realizar. Más información, en la web www.perrosguia.once.es/es/quienes-somos/la-fundacion, donde se incluye el formulario para solicitar ser familia de acogida de un cachorro.