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EL GRAN CAPITÁN, LA NUEVA NOVELA DE JOSÉ CALVO POYATO

José Calvo Poyato, historiador y novelista, habla con nosotros acerca de su nueva novela.

Este año los Premios Ejército, cuya Gala tendrá lugar el próximo 11 de junio, están dedicados a la figura de El Gran Capitán, el hombre que cambió la historia de Europa y del mundo; y que este año celebra desde Montilla, su tierra natal, a todos los lugares de España su quinto centenario. El Ejército, manteniendo su vocación de impulsor de la cultura y de apoyo al conocimiento de nuestra Historia y tradiciones, quiso hablar con el escritor e historiador José Calvo Poyato acerca de su nueva novela y volver a cabalgar con el Gran Capitán desde Granada a Ceriñola, viviendo sus triunfos, sus fracasos, sus desvelos y sus cuitas.

Desde luego no desaprovechamos la oportunidad de preguntarle sobre todo tipo de asuntos. Lean la entrevista, y lean el libro.

Acaba de publicar una novela sobre Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. ¿Qué es lo que más le atrae de este personaje histórico?

Gonzalo Fernández de Córdoba me atrae por varias razones. La primera por ser ejemplo de lealtad a sus reyes. Llegó incluso a realizar actos de los que se sintió poco satisfecho, por cumplir sus mandatos. También me resulta muy atractivo el que llegara a la cima, gracias a su esfuerzo y su valor personal. Gonzalo era un segundón en su linaje familiar y se encumbró a la cúspide de la sociedad: virrey en Nápoles, titular de la Rosa de Oro —la máxima condecoración pontificia—, duque de Sessa, de Terranova o de Santángelo; aclamado por sus hombres como el “Gran Capitán” de su tiempo… Es una de las grandes figuras de nuestra Historia.

El Gran Capitán puso las bases para el desarrollo de los famosos tercios

 

¿Cómo definiría al Gran Capitán desde el punto de vista humano, militar y político?

Desde el punto de vista humano era un caballero, formado en los principios morales sostenidos por Diego de Valera en su Espejo de verdadera nobleza. Representa los valores del caballero: protección del débil, virtuoso, defensor de los desvalidos… Como militar tenía el carisma de los grandes jefes, al que sus hombres están dispuestos a seguir adonde ordene. También descubre la importancia de la Infantería en el combate; convenientemente armada y empleando la táctica adecuada, puede vencer a la Caballería pesada. Revolucionará el arte de la guerra y será quien ponga las bases para el desarrollo de lo que años más tarde serán los famosos tercios de Infantería española. Como político demostró personalidad cuando fue virrey de Nápoles. Tuvo iniciativa e incluso se resistió a cumplir órdenes del rey que consideraba graves errores, como la de expulsar a los judíos del Reino de Nápoles.

Nacido en Cabra (Córdoba) en 1951, José Calvo Poyato es catedrático de Historia y doctor en Historia Moderna por la Universidad de Granada
Nacido en Cabra (Córdoba) en 1951, José Calvo Poyato es catedrático de Historia y doctor en Historia Moderna por la Universidad de Granada. En 1995 publicó su primera novela —a la que siguieron muchas otras— y ahora acaba de ver la luz El Gran Capitán.Es colaborador asiduo de revistas como La Aventura de la Historia e Historia y Vida. José Calvo ha sido alcalde de Cabra (1991-2000) y diputado del Parlamento de Andalucía (1990-1994 y 2000-2005). Desde 2008 mantiene una columna de opinión semanal en la edición cordobesa del diario ABC.

 

Este año la ceremonia de entrega de los Premios Ejército estará dedicada al V centenario del Gran Capitán, ¿qué le parece la iniciativa?

Creo que los españoles somos poco dados a ensalzar a las gran- des figuras de nuestra Historia. Ejemplos como los de Blas de Lezo, Hernán Cortés, Pizarro… algunos de ellos incluso denostados, me parecen sangrantes. Otro tanto ocurre con los acontecimientos. Somos más dados a recordar las derrotas que las victorias. Trafalgar, Rocroy, la Invencible —por cierto, el nombre de “invencible” se lo pusieron los ingleses para referirse con sorna a la Gran Armada, que era como se denominó a la flota que Felipe II envió contra Inglaterra—, pero Nördlingen, Cartagena de Indias o Ceriñola son hechos menos conocidos. Todo lo que sea rendir homenaje a quienes escribieron páginas muy importantes de nuestra Historia —que también incluye momentos dramáticos y hasta trágicos— me parece adecuado. Que este año se recuerde a un personaje como el Gran Capitán es todo un acierto.

Otro aniversario reciente ha sido el del nacimiento de Juan Prim (1814), a quien usted dedicó la novela Sangre en la calle del Turco. ¿Qué le llama la atención de él?

Prim es mucho más que un “espadón” de los que marcaron buena parte de nuestro siglo XIX. Además de un prestigioso militar, fue un notable político con un concepto muy claro de lo que debía ser España. Partidario de una monarquía parlamentaria, defensor de las libertades ciudadanas —libertad de prensa o derecho universal de sufragio masculino— y de la separación de poderes, buscó dar un sesgo a la vida política española, pero murió en el empeño. Quizá si hubiera logrado su propósito… tal vez…

El Museo del Ejército ha dedicado al general Prim una de sus ex- posiciones temporales más importantes. ¿Qué le ha parecido?

La exposición, que tuve la oportunidad de ver con mucho detalle de la mano de su comisario, el coronel Fernández del Barrio, me pareció completísima. Ofrecía tanto la visión del militar como la del político. La encontré muy didáctica e instructiva. Además, al reunir numerosos objetos que pertenecieron a Prim o eran de la época —documentos, armas, cuadros, uniformes… la carroza don- de iba cuando atentaron contra su vida—, resultaba muy atractiva. Fue todo un acierto.

En el Museo del Ejército impartió usted la conferencia El asesinato de Prim y sus consecuencias políticas. ¿Qué se sabe realmente de la muerte del general?

Prim es el único de los cinco presidentes del Gobierno de España que han muerto asesinados cuya muerte continúa envuelta por un velo de misterio. No hay un culpable condenado por una sentencia judicial. Desde los mismos días del atentado se tuvieron sospechas muy fundadas sobre quiénes fueron sus autores. En mi opinión, hay que distinguir entre los autores materiales, los que estuvieron en la calle del Turco el 27 de diciembre de 1870, y los que denominaríamos autores intelectuales. Lo que no comparto, en absoluto, son las últimas afirmaciones sobre estrangulamientos y otras especulaciones sin fundamento.

Sus investigaciones como historiador se han centrado principalmente en el fin de los Habsburgo en España y la llegada de la dinastía Borbón, ¿Qué importancia tuvo ese cambio dinástico?

En mi opinión, la mudanza de dinastía supuso un cambio de modelo de Estado. Frente a la monarquía descentralizada de los Habsburgo, el primer Borbón español configuró, como consecuencia de la Guerra de Sucesión —me parece muy importante puntualizarlo—, un Estado mucho más centralizado. También el cambio dinástico supuso un giro para la política exterior española. A lo largo del siglo XVIII, estuvo marcada por las alianzas —los llamados Pactos de Familia— entre los Borbones de España y Francia, países que habían sostenido largas y duras contiendas a lo largo del siglo XVII.

La Guerra de Sucesión no es, en general, uno de nuestros episodios históricos más conocidos, a pesar de su dimensión internacional y de las importantes pérdidas territoriales que supuso para España. ¿A qué se debe ese cierto desconocimiento?

No sabría decirle por qué. Dediqué uno de mis libros a la Guerra de Sucesión y otro, más específico, a la Guerra de Sucesión en Andalucía. Pero le diré que, más que ese… desconocimiento, me preocupa la tergiversación que algunos están haciendo de una guerra que, en su dimensión de guerra civil entre partidarios de los Austrias y de los Borbones, se quiere presentar desde otra perspectiva. Hay quienes la consideran como una guerra de secesión. No lo fue en ningún caso.

¿Realizó usted el servicio militar obligatorio? ¿Qué recuerdos guarda de aquella etapa?

Sí, lo hice en la Instrucción Militar para la Escala de Complemento. Fue en la segunda mitad de la década de los años setenta. Estuve en 1975 en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) “Álvarez de Sotomayor”, luego en la Academia de Infantería en el verano de 1976 y, más tarde, en 1979, en el CIR nº 4 de Córdoba, como alférez de Infantería. Guardo gratos recuerdos de momentos y compañeros. Sobre todo de mi paso por la Academia en Toledo, con arrestos incluidos y los jolgorios vividos.

¿Cómo ve al Ejército de Tierra en la actualidad?

Por lo que puedo observar desde fuera, lo veo muy diferente al que yo conocí. Tengo la impresión de que tiene muy claro el papel que ha de desempeñar en una sociedad democrática. Me parece un Ejército mucho más internacional en sus relaciones. El que yo conocí era muy cerrado. Lo veo formando parte de la sociedad a la que pertenece y manteniendo valores que, conforme cumplo años, me parecen más importantes. No me extraña que se haya convertido en una de las instituciones más valoradas por los españoles. Algo impensable hace 40 años.

Conocer a… Sargento 1º Sergio Pérez ‘De piedra en piedra por el mundo’

Este suboficial de Artillería afronta en abril, junto a Pol Tarrés, la primera prueba del Mundial de Trial

Sergio Pérez guía a Pol Tarrés en uno de los saltos del Campeonato de España en Cal Rosal (Barcelona)
Sergio Pérez guía a Pol Tarrés en uno de los saltos del Campeonato de España en Cal Rosal (Barcelona)

 

Para quien no esté metido en el mundo del Trial, decir que el sargento 1º Sergio Pérez es un mochilero puede dar lugar a un malentendido —parecería que viaja con su mochila a pie de un lado a otro—. Sin embargo, si añadimos que es mecánico de Pol Tarrés, que guía al piloto, asegura la situación de la rueda trasera en los distintos saltos de la moto y está pendiente del tiempo en la competición, la cosa cambia. De hecho, según nos explica el suboficial «estudiamos las zonas y obstáculos con los pilotos, preparamos su alimentación y necesidades, pero, sobre todo, al pasar tanto tiempo con ellos, los conocemos, y somos un poco el “psicólogo” en carrera cuando las cosas no van bien».

Aunque más de una vez han ido al suelo el piloto y él, por intentar agarrarlo —Pol Tarrés mide 190 centímetros y a eso se suma el peso de la moto—, nunca han tenido «un percance grave». De hecho, afrontan con optimismo el Mundial de Trial de este año, que comienza en abril con la primera prueba en Japón; el año pasado, su primer año juntos, consiguieron un meritorio 9º puesto.

Pasar de tener como ídolo a Jordi Tarrés —heptacampeón del mundo de Trial— a formar parte del Equipo Tarrés, así como ser seleccionado por el Equipo Nacional de Trial para estar en el área técnica ha sido un sueño difícil de creer; «todavía en alguna carrera me veo y creo estar soñando. Hace un año, estaba casi como un aficionado más, admirando este mundo —añade— ¡y ahora formo parte de él!».

Todo empezó cuando a los 16 años cayó en sus manos la primera moto de Trial averiada, de la marca Merlín; fue entonces cuando se despertó la pasión por esta especialidad del motociclismo (por la mecánica ya le venía de antes) y se convirtió en parte de su vida. El paso del tiempo no ha cambiado nada, reconoce tener la misma «sensación de satisfacción » cuando repara una moto actualmente que cuando lo hizo con aquella primera de su juventud.

A pesar del fuerte lazo que le une a este hobby, no entendería su vida sin la milicia. «Practicar Trial es mi afición, pero ser militar es un orgullo y es mi vocación; las dos son formas de vida totalmente compatibles».

No solo compatibles, sino que parecían predestinadas a encontrarse. Por ejemplo, en 2003 conoció a Jordi Tarrés —que era director deportivo de Gas Gas— durante una prueba del Campeonato de España en Puebla del Segur (Lérida); por aquel entonces él estaba en la Academia General Básica de Suboficiales, también en esa provincia española, y por eso acudió a presenciar el Campeonato. Su primer destino como sargento en el Grupo de Artillería de Campaña (GACA) V, en Vitoria, fue el que más le acercó al Trial, pues en la zona había mucha afición; ir destinado (2010) al GACA I/63, en León, le sirvió para estar cerca de casa e involucrarse más en el mundillo —es presidente y fundador del Motoclub Trialeón, que fomenta esta disciplina con cursillos y ha conseguido que en la localidad leonesa de Boñar cuenten con un espacio de terreno amplio donde se puede practicar el Trial sin restricciones—.

El hecho de que fuera un deporte minoritario hizo que, al principio, tuviera que explicar a jefes y compañeros lo que hacía. Sin embargo, ahora incluso consigue aficionados, como sucedió cuando llevó a la base “Conde de Gazola” de León a Jaime Busto, campeón del Mundo de Trial Junior 2014, para una exhibición durante la celebración de Santa Bárbara.