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Javier Fernández ‘Patinador Olímpico’

Hace años el periódico Tierra entrevistó a un joven que hacía patinaje artístico. Por primera vez, un patinador español se había clasificado de forma directa para unas Olimpiadas de invierno.

Cuando el reportero se interesó por su currículum le comentaron que era el primer patinador artístico español que incluía un triple Axel en sus programas. «¿Un triple Axel? ¿Eso que es?», preguntó el reportero.

Ahora, seis años después, este patinador ha enseñado a los españoles el arte del patinaje, ha sido dos veces campeón del mundo, y Tierra tuvo la suerte de hablar con él cuando todavía estaba lleno de sueños; y, además, nos dijo que si no fuese patinador habría sido militar.

¡Felicidades campeón, estamos muy orgullosos de ti!

 

Entrevista del 30 de junio de 2010, en el Boletín Tierra

«Si no fuese patinador, habría sido militar»
Javier Fernández 'Patinador Olímpico'
Javier Fernández ‘Patinador Olímpico’

Es el segundo patinador es­pañol que participa en unas Olimpiadas de invierno, pero el primero que lo consigue por clasificación directa. En Van­couver (Canadá) logró un me­ritorio duodécimo puesto en la final individual masculina, pero en la última competición que ha disputado —los Mun­diales de Turín (Italia)— ha su­perado su mejor puntuación personal, una señal de que su progresión es magnífica.

 ¿Cómo empezó su afición por el patinaje?

 De pequeño, porque mi her­mana también es patinadora. Em­pecé a patinar con seis años, pero entonces no sabía que iba a dedi­carme a este deporte, porque también me gustaba el fútbol. Con el paso de los años fui mejo­rando y dándole más importancia al patinaje, y casi sin darme cuen­ta, me fui metiendo dentro de la competición.

 ¿Qué recuerda de esos co­mienzos?

 Entrenaba en Madrid, prime­ro en Aluche y luego en un club de Chamartín, dos o tres horas a la semana. El día que tocaba cla­se, regresábamos a casa a las on­ce de la noche, porque el entre­namiento era a última hora de la tarde. Después toda la familia nos trasladamos a Jaca (Huesca) porque allí disponen de mejores instalaciones y podía entrenar más horas.

 Y llega un día en que se va a Estados Unidos…

 Mi actual entrenador (Nikolai Morozov), que es ruso, me dijo que si quería dedicarme a esto, fuese a Estados Unidos para en­trenar con él. Esto fue hace dos años. En ese tiempo, un día nor­mal para mi ha sido: levantarme, desayunar, ir a la pista un par de horas, parar para comer, volver al hielo otro rato y luego al gimnasio o más pista. En total, entre 4 y 5 horas diarias de entrena­miento. Y ahora me marcho a Rusia, porque mi entrenador se traslada allí.

 La preparación ha dado re­sultado, consiguió clasificarse para las Olimpiadas, ¿sabe que ha hecho historia en el patinaje español?

 Estoy contento y orgulloso de haber podido participar en unas Olimpiadas, pero yo, desde den­tro, lo he vivido igual que unos Campeonatos Europeos o unos Mundiales. Eso sí, en la villa olím­pica no se sigue como una com­petición normal. Estás rodeado de gente deportista, sólo escuchas hablar de deporte y de entrena­miento. Es una experiencia de gran valor personal.

Después vinieron los Mun­diales, donde ha mejorado sus puntuaciones, ¿se ha marcado una próxima meta?

 Mi objetivo es ir mejorando cada año, y por ahora lo estoy consiguiendo. En los Mundiales de 2011 queremos mejorar y so­brepasar el décimo puesto para ganar otra plaza para España en la competición.

 Para las próximas Olimpia­das, en Rusia, en 2014, quedan cuatro años, ¿podemos soñar con un podio español?

 Ahora no me marco objetivo para Rusia, miro la temporada que empieza. Pero me gustaría llegar a Sochi en mejor forma que a Vancouver e intentar la mejor plaza posible.

Javier Fernández 'Patinador Olímpico'
Javier Fernández ‘Patinador Olímpico’

¿Cómo prepara el programa con el que compite?

El ejercicio lo decidimos entre el entrenador y yo. Él trae varias músicas y decidimos cuál puede ir mejor con mi personalidad.

Los personajes de película han sido fuente de inspiración para sus actuaciones (James Bond, Jack Sparrow), ¿es que le gusta el cine?

Sí, me gusta. Y hay que buscar personajes que te vayan. O sea, que tanto el agente secreto como el pirata le pegan… Yo creo que sí. (Risas). He hecho también música española, aunque no soy amigo de la música clásica para patinar. Utilizo mucho las bandas sonoras de películas. Hice una vez un programa con la banda sonora de La Misión y no la conocía, pero luego la vi, y eso me ayudó a preparar el ejercicio.

Tiene 19 años, pero la vida de los patinadores es corta (25-26 años), ¿ha pensado qué hará después?

Para poder vivir de esto tienes que ser de los mejores, y en España no ha habido hasta ahora ninguna figura de ese nivel.
Yo, en el futuro, quiero ser entrenador.

Parece que lo tiene muy claro, ¿siempre ha sido así?

No, de pequeño quería ser militar, como mi padre (subteniente del Ejército de Tierra). Y sé que si no fuese patinador, habría sido militar, porque del Ejército me gusta todo y me hubiese gustado hacer de todo.

Campeón mundial de patinaje artístico
Javier Fernández

 

 

 

Maestro en autocontrol

Conocer a…Comandante Robles

Artes marciales
Ha participado en la redaccióndel Manual de Combate Cuerpo a Cuerpo del Ejército de Tierra

EL COMANDANTE ROBLES  diplomado en Operaciones Especiales, dio el salto al de­porte «por vocación personal y trasferen­cia de valores entre la milicia y el deporte».
Ya de profesor en la Escuela Central de Educación Física (ECEF) del Ejército —seis años al frente del Área de Defensa Perso­nal—, se doctoró en Ciencias del Deporte, en la Universidad Autónoma de Madrid, y cursó un máster en Investigación en Cien­cias del Deporte, en la Universidad de  Castilla-La Mancha; también es autor de
varios libros y manuales, así como de nu­merosos artículos; monitor de natación, atletismo, baloncesto y esgrima; ha sido director técnico del Campeonato de Judo del Ejército y delegado del Equipo de Judo del Ejército; practica y es maestro entre­nador nacional de jiu jitsu, defensa perso­nal, kárate, bu jutsu, sambo, aikido… Su in­terés se centra sobre todo en el combate cuerpo a cuerpo y en la defensa personal, de hecho ha participado en la redacción del Manual de Combate Cuerpo a Cuerpo del Ejército de Tierra… Semejante currícu­lum intimida un poco, ¿verdad?

Sin embargo, aquellos que conocen al comandante Robles aseguran que es un hombre tranquilo, que transmite sere­nidad. Él mismo asegura que las artes marciales, «me han aportado estabilidad, seguridad y equilibrio emocional, prin­cipalmente». Esto que, a primera vista, podría resultar paradójico tiene una ex­plicación: «Recientes investigaciones en Neurociencia indican que la felicidad es “la ausencia del miedo”. Desde este pris­ma, el entrenamiento modulado de artes marciales nos enseña a gestionar el es­trés, a la vez que nos prepara para poder defendernos físicamente. Esta capacidad superior de defensa nos permite mejorar en el autocontrol, venciendo los miedos —a menudo psicológicos— que tenemos, lo que al final nos permite gestionar estas situaciones con mayor templanza y, por tanto, permitiéndonos ser más felices en nuestra vida, y disfrutar de las relaciones sociales», asegura el oficial.
Al final, uno de los mayores beneficios de las artes marciales no es tanto defender­nos de las agresiones físicas como de las pequeñas agresiones psicológicas que recibimos a diario de compañeros, fami­liares, amigos… «El poder gestionar estas emociones nos enriquece como personas y nos permite contextualizar determina­das agresiones.  A la vez, como militares, nos prepara para las situaciones más peli­grosas en las que nos podemos encontrar a vida o muerte», matiza el comandante Robles.
En cuanto a su práctica por parte de per­sonas poco estables o agresivas, el pro­fesor de la ECEF considera que lo deter­minante es el enfoque: «Los deportes de contacto aumentan el grado de agresivi­dad intrínseco y extrínseco, mientras que las artes marciales, en un contexto más amplio que el mero entrenamiento de lu­cha, dan como resultado una modulación del grado de agresividad a partir de los seis meses de entrenamiento. No es que la pierdan, sino que son más capaces de canalizarla, y utilizarla solo en caso estric­tamente necesario».