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ALBERT BOADELLA

DRAMATURGO Y DIRECTOR ARTÍSTICO

El actor, director, escenógrafo y dramaturgo Albert Boadella (Barcelona, 1943) no necesita presentación. Siempre crítico, polémico e inconformista desde que estuviera al frentede la compañía catalana Els Joglars; siempre coherente con sus ideas, clarividente y certero en sus consideraciones, sin temer las consecuencias. Así es este controvertido y famoso intelectual catalán que, a finales de junio, ha dejadode estar al frente de los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid.

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Albert Boadella

 Termina etapa tras casi ocho años como director artístico de los teatrospúblicos madrileños, ¿qué sentimiento le suscita?, ¿qué va a hacer después?

Es el fin de una etapa en la que he trabajado muy a gusto. Sin embargo, ahora voy a hacer cosas más parecidas a las de antes. Por ejemplo, voy a escribir un libreto para una obra sobre Picasso, en la que Juanjo Colomer pondrá la música, en una coproducción entre los Teatros del Canal y el Teatro Real. También voy a representaruna obra de Molière con la orquesta barroca Les Arts Florissants o voy a hacer cuatro representaciones de El sermón del bufón (sobre el juego del arte y la vida), como proyectos más inmediatos. Los Teatros ya funcionan a velocidad de crucero, así que voy a saltar de un transatlántico a una barca de remos que me permita recuperar libertad personal. Estos últimos ocho años me he dedicado, sobre todo, a prestar un servicio público.

¿Un servicio ejercido con libertad?

Absolutamente, y eso que he trabajado con tres presidentes de la Comunidad diferentes. Ninguno de ellos me ha dicho nunca lo que tenía que hacer. Los Teatros del Canal son un teatro público pagado con el dinero de todos los contribuyentes, que tienen gustos muy diversos. Es un servicio, además, que pagan dos veces: una, con sus impuestos; otra, cuando compran la entrada. Ambas razones obligan a ser extremadamente respetuoso. Por eso no he coaccionado ninguna libertad, no he priorizado mis gustos; mi único filtro para decidir qué se representaba o no ha sido la calidad. De hecho, soy de la opinión de que, con calidad, se puede tocar cualquier tema. Un claro ejemplo es La naranja mecánica de Stanley Kubrick, una obra maestra que, sin embargo, hace apología de la violencia. El problema sur ge cuando una obra aborda un tema polémico sin delicadeza, de una forma burda, grosera, entonces es cuando se hieren sensibilidades.

Dramaturgo y director artístico
Dramaturgo y director artístico

Entonces, a su entender, ¿la calidad lo justifica todo? 

Hasta lo más arriesgado. Luego están las leyes, a las que los artistas también están sujetos. Es el juego del ratón y el gato, que además es un continuo en la historia de la civilización. Ya lo hizo, por ejemplo, una compañía de teatro italiana en la Francia de Luis XIV, que representaba una obra sobre la amante de turno del monarca… El artista cumple una función esencial, que es mostrar la realidad profunda de las cosas y no la epidérmica, ir a contracorriente de la sociedad, desmontar los tabúes. El artista es, socialmente, un anticuerpo.

¿Y nunca se ha autocensurado durante este tiempo como director de los Teatros?

No soy partidario de vetar. Por ejemplo, hoy en día, cualquier obra que tenga unelemento satírico sobre el Islam, se puede considerar de alto riesgo. Cuando seha dado el caso, lo que hemos hecho ha sido tomar las precauciones necesarias. A veces hemos requerido la presencia de policía para el control de los accesos al teatro. Pero no por ello hemos dejado de representar.

Supongo que a toda esta libertad de actuación también ayuda la evoluciónde los tiempos. Estoy pensando en La torna, la obra de Els Joglars que le llevóa enfrentarse a un consejo de guerra en 1977. Espero que su opinión sobre el Ejército haya cambiado desde entonces…

Desde luego. Estamos hablando de un Ejército preconstitucional, que hizo, de una obra de teatro, un conflicto de Estado. El propio Rey don Juan Carlos solicitó mi libertad a petición de la Princesa (luego Reina) Beatriz de Holanda. A partir de ahí, mi relación con el Ejército entró en otra fase. Soy un ciudadano responsable, partidario de la Constitución y las libertades, y entiendo que el Ejército es un estamento esencial en un país moderno. Por eso, soy respetuoso con el Ejército constitucional y tengo una relación que puedo adjetivar, incluso, de cariñosa. No he jurado la Bandera porque creo sobradamente demostrada mi fidelidad pública y notoria a España, sobre todo frente a lo intentos que existen de fraccionarla.

¿Y qué consideración hace de su actual participación en escenarios en el exterior como Irak, República Centroafricana, Mali, Somalia, etc.?

Creo que en el exterior, el Ejército está jugando un papel trascendental. Se trata de la defensa de una civilización, no de intereses puramente económicos o territoriales, como ha ocurrido en otros conflictos o momentos de la historia. Estamos ante el choque de unas formas medievales de vida y organización contra las formas de unas sociedades evolucionadas. En mi opinión, es un escenario enormemente peligroso para nuestro futuro y los países más avanzados deberían mantenerse unidos y hacer un frente común. El papel del Ejército español me parece crucial.

He demostrado sobradamente mi fidelidad pública y notoria a España
He demostrado sobradamente mi fidelidad pública y notoria a España

Sigue siendo una persona que expresa claramente lo que piensa, aunque le acarree consecuencias no muy agradables. ¿Es difícil vivir así o a todo se acostumbra uno?

Decir lo que uno piensa, sea verdad o sea mentira, tiene unas contrapartidas: laborales, familiares, públicas… Empecé a decir lo que pensaba del problema catalán con Els Joglars y, posteriormente, la creación de Ciudadanos me costó carísimo porque acabó con el público de la compañía. Sin embargo, no voy a ceder. Mi domicilio sigue estando en Cataluña, donde nací, y, aunque mucha gente me odie allí, estoy decidido a convivir con ello. Hay cuestiones sobre las que se puede mirar a otro lado, pero hay otras que no, porque son esenciales.

 

Una vida sobre ruedas

El teniente Pedraza destinado en el Regimiento "La Reina" nº2
El teniente Pedraza destinado en el Regimiento «La Reina» nº2

Los vehículos están muy presentes en la vida del teniente Pedraza: en su profesión, porque trabaja con los Pizarro —en la 7ª Compañía del Batallón “Lepanto” del Regimiento “La Reina” nº 2—; y en su tiempo libre, cuando pasa muchas horas montado sobre su moto de enduro (una modalidad del motociclismo de gran dureza).
Aunque sólo hace tres años que se pasó a este deporte —antes practicaba trial— ya ha cosechado triunfos: un Campeonato y un Subcampeonato de Andalucía en la modalidad Cross-country (donde los circuitos son más extensos), un Campeonato de Enduro Andaluz, un tercer puesto de Enduro Indoor regional, y un Subcampeonato
de España de Cross-country por equipos.
Este año dio el salto a la competición nacional individual y, a falta de una prueba que se disputará en septiembre en Santiago de Compostela, ocupa la octava posición de la clasificación. «Rompí la rueda dos veces en dos de las pruebas y eso me hizo bajar puestos, pero confío en escalar alguno en Santiago. De todos modos, para ser mi primer nacional, creo que quedar entre los diez primeros sería una gran posición», explica.
Sus jefes y compañeros de unidad conocen su afición y le apoyan en todo lo que pueden para facilitarle acudir a las competiciones, que se celebran por toda España. Por ejemplo, a la última prueba, que se disputó en Lalín (Pontevedra), pudo acudir gracias a que otro teniente le cambió el servicio.

El teniente Pedraza disputando una prueba de enduro
El teniente Pedraza disputando una prueba de enduro.

El enduro es un deporte de gran exigencia física, porque hay que pasar muchas horas sobre la moto —las competiciones
suelen durar de 5 a 6 horas—, por terrenos muy accidentados, que machacan todos y cada uno de los músculos del cuerpo, con lo que se llega «hasta la extenuación». Su profesión le ayuda a afrontarlo, porque le mantiene en buena forma —aunque tiene que compaginar la instrucción militar con el entrenamiento específico y las horas de conducción—, y le ha acostumbrado a soportar las inclemencias del tiempo. «Aquí un día te diluvia, otro hace un frío increíble y otro te asas de calor, igual que pasa en la profesión militar cuando te vas de maniobras», subraya. Además, la simbiosis que debe existir entre máquina y piloto es muy similar a la que se produce entre el Pizarro
y su tripulación. «Sois tu máquina y tú; los dos tenéis que estar bien para conseguir la victoria», bromea.
Junto al sacrificio personal que exige el enduro, está también el económico. Al ser un deporte minoritario, los patrocinadores
no abundan. El teniente cuenta con dos colaboradores —un concesionario de motos y un centro de fisioterapia— pero, aún así, el grueso de la financiación sale de su bolsillo. El gasto en ruedas —un juego por cada carrera—, equipo, gasolina y viajes es «brutal» pero queda en un segundo plano, comparado con la descarga de adrenalina que aporta la competición. «Como en todos los deportes extremos, cuando acabas estás reventado, pero al día siguiente ya tienes ganas de volver», afirma. Como dice el refrán: sarna con
gusto no pica.