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Antonio Fraguas “Forges”, in memoriam

Llegué hasta Antonio Fraguas, “Forges”, en diciembre de 2012, cuando fui destinado al Departamento de Comunicación del Ejército de Tierra (DECET) y comenzaba a prepararse la ceremonia de los Premios Ejército del año siguiente, los premios culturales más antiguos de España.

El equipo del Departamento tenía prácticamente todo encarrilado, salvo un par de cuestiones “sin importancia” que quedaban por resolver. La primera, no fácil de solventar en tiempos de crisis, era cómo conseguir fondos para la ceremonia de entrega de premios (patrocinios, créditos); y la segunda, más complicada todavía, quién sustituiría al genial Mingote, don Antonio, que había colaborado en los premios los últimos 20 años y recientemente había fallecido.

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ANTONIO FRAGUAS “FORGES”, IN MEMORIAN

A la vista de que esta decisión se escapaba de nuestras atribuciones le hicimos una presentación al JEME, general Domínguez Buj, en la cual sometimos a su aprobación las líneas maestras de la Ceremonia y le planteamos la principal de las dudas que teníamos: la sustitución de nuestro ilustrador.

Varios fueron los nombres que presentamos, a cual mejor, pues el DECET había contado con los mejores viñetitas para la confección del calendario del Ejército de Tierra de 2012 que llenaron de color todos los meses de ese año.

La verdad es que el JEME al ver la lista no tuvo ninguna duda; desde el principio lo tuvo claro, Forges. Forges era nuestro hombre. A Mingote le hubiera encantado, pues era su heredero natural, por antigüedad, cariño entre los compañeros y prestigio. Nadie mejor que él podría sustituir al genial Mingote.

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Antonio Fraguas “Forges”, in memorian

Localizarlo no fue difícil y su fiel secretaria, Gloria, nos lo facilitó mucho. Antonio era nuestro vecino (vivía muy cerca del Cuartel General del Ejercito) y quedamos para comer en un restaurante próximo para explicarle nuestras intenciones. Cuando uno va a reunirse con un artista del prestigio de Antonio va cargado de prevenciones y argumentos, pues no sabe por dónde puede discurrir la reunión. Su sonrisa, su cordialidad, su sencillez y humildad nos desarmaron nada más verlo.

Ya totalmente desarmados, le explicamos lo que queríamos. Aquel año no era fácil, pues el argumento alrededor del cual se desarrollaba la ceremonia trataba de ese Ejército que miraba al futuro, moderno, útil y cercano al servicio de la sociedad española. Inmediatamente sacó un rotulador, y empezó a dibujar en una servilleta y escribió: ¿Dónde vas?  Al siglo XXI.

Como sucede con esta clase de grandes artistas, las distintas figuras fueron apareciendo cuando menos lo esperabas y en menos de cinco minutos ya tuvo un primer borrador. Era un helicóptero que volaba por encima de soldados de distintas épocas de nuestra historia desde la Edad Media hasta nuestros días.

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Antonio Fraguas “Forges”, in memorian

Después de ese primer encuentro se sucedieron las ocasiones, en las que acudió pronto a nuestra llamada y haciendo uso de su prodigiosa memoria nos contaba su Servicio Militar, que hizo en el Servicio Geográfico que antaño se ubicaba en los sótanos de lo que hoy es el Cuartel General del Ejército. Anécdotas que sazonaba con mil recuerdos de aquella época. Recordaba con mucho cariño a sus jefes, de los que se acordaba perfectamente de sus nombres y sus manías, de las dificultades de entonces y presumía de haber sido Artillero y furriel, sin ser cabo.

Durante cinco años hemos contado con su trazo magistral para centrar la Ceremonia de entrega de los Premios Ejercito y también con su compañía. En todas las ocasiones trasmitía cariño a la institución, preocupación por la formación de los jóvenes y un gran amor a España. Recuerdo que en una ocasión en la que nos vimos trajo un CD en el que una coral y una orquesta, creo recordar que de Navarra, interpretaba el himno nacional con una letra que él había escrito y de la que se sentía muy orgulloso.

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Antonio Fraguas “Forges”, in memorian

Las páginas de nuestros periódicos están llenas de maravillosos viñetistas que podrán hacer el relevo a Antonio Fraguas, FORGES, pero los que tuvimos la suerte de estar en aquellos momentos en la organización de los Premios Ejercito no olvidaremos la ilusión con la que compartía con nosotros las modificaciones que iba introduciendo en los bocetos, su sencillez para adaptarse a lo que nosotros necesitábamos y por supuesto el cariño con el que nos recibía como si lo nuestro fuera el mayor de los encargos; sin duda, es y será uno de los grandes, y cuanto tocaba lo hacía grande.

JBM

Tomando el mando

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Tomando el mando

Amanecía en San Gregorio un frío día de febrero de hace ahora un año. Era la primera vez que me ponía al frente de una unidad, sin contar cuando había mandado a mis propios compañeros en algún ejercicio táctico en maniobras. Aquella mañana se mezclaban en mi interior sentimientos de responsabilidad, nerviosismo —por no saber si iba a responder bien a aquel reto— y, sobre todo, ganas, muchas ganas. Tenía ganas de probarme como mando con gente a mi cargo; ganas de demostrar que era capaz de poner en juego los conocimientos, las destrezas y los valores que me habían inculcado durante tres años a través del Plan de Liderazgo de la Academia General Militar y, cómo no, ganas de conseguir, como jefe de pelotón de la 221 Sección, el primer puesto en la segunda edición del Trofeo “Teniente Vicente García Cabrelles”.

Empezó la competición físico-militar y, a pesar de la dureza de la prueba, que constaba de una marcha de entre 12 y 15 kilómetros con obstáculos y una serie de ejercicios que ejecutar, la motivación estaba por las nubes. Los alféreces cadetes de tercer y cuarto curso, que liderábamos a los cadetes de primero y segundo, nos animábamos unos a otros, comentábamos que íbamos a darlo todo para intentar ganar, e incluso nos reíamos y bromeábamos mientras nos dirigíamos a la prueba inicial.

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Tomando el mando

No obstante, el tiempo estaba muy ajustado, por lo que ordené a mi equipo ir a un trote rápido para que no nos penalizaran. No podíamos permitírnoslo. Como jefe de pelotón, yo era el encargado de la topografía e iba indicando al grupo por dónde debíamos ir. Mi responsabilidad era enorme, ya que un fallo a la hora de leer el mapa podía significar que nos perdiéramos o, peor aún, que los cadetes perdieran su confianza en mí.

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Tomando el mando

Llegamos al primer obstáculo y lo pasamos en tiempo. También el segundo, y el tercero, y el cuarto. Estábamos cumpliendo objetivos, pero las risas del principio hacía mucho que habían dejado de escucharse. Todo el mundo callaba y sufría por la creciente intensidad de la carrera. Yo iba atento a la hora y, sobre todo, a la gente: nadie podía descolgarse del grupo. Cuando alguien decaía, los compañeros le ayudábamos a continuar. Avanzábamos cohesionados y centrados en la misión. No parecía que era la primera vez que trabajábamos juntos. Así, obstáculo a obstáculo, fuimos superándolos todos hasta llegar al último, luchando contra el cansancio, corriendo al tope de nuestras fuerzas como un solo hombre para llegar a la hora. Peleamos como equipo y ganamos el trofeo.

Este ejercicio de iniciación al liderazgo constituye, por un lado, un claro ejemplo de cómo en el Ejército el trabajo de cada individuo, fomentado por el líder y realizado con motivación y espíritu de unidad, contribuye a cumplir la misión encomendada, y, por otro, refleja la preocupación de la Academia General Militar por inculcar a los futuros oficiales las dotes de mando que demandan las complejas misiones internacionales en las que participan actualmente las Fuerzas Armadas españolas.

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Tomando el mando

Tales competencias se analizaron en profundidad en el II Ciclo Internacional de Conferencias de Liderazgo AGM-CUD que se celebró durante los pasados 27 y 28 de febrero en dicha Academia, y en ellas estuvimos presentes los cadetes para seguir aprendiendo a ser los futuros líderes del Ejército de Tierra, escuchando de primera mano a ponentes con experiencia en el mando de unidades en combate,  y comprobando cómo los valores del espíritu de sacrificio, el compañerismo, la disciplina y, sobre todo, la ejemplaridad que nos enseñan en la AGM sirven de sustento moral para llevar a cabo en situaciones límite las operaciones militares y de mantenimiento de la paz que precisa la defensa de nuestro país.

Porque, como tuve la oportunidad de comprobar durante las horas que tomé el mando en la 221 Sección, la figura del líder no es importante al principio de la carrera cuando las cosas son fáciles y todo va bien, sino cuando al final, con el cansancio acumulado y en una cuesta arriba, hay que aumentar el ritmo para llegar. Ahí es donde el líder marca la diferencia. Así es cómo se ganan las batallas.

Caballero Alférez Cadete Víctor Pérez García-Miguel

4º Curso de Infantería. LXXIV Promoción AGM