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Conocer a… sargento 1º bujalance

Un legionario con dron de rescate

Sargento 1º Bujalance

El 18 de mayo, la rápida actuación del sargento 1º Bujalance logró salvar la vida de un hombre que tuvo un accidente en la localidad de Huércal, en Almería. Sin embargo, a la acción meritoria de este militar, destinado en la Compañía de Transmisiones de la Bandera de Cuartel General de la Brigada “Rey Alfonso XIII”, II de la Legión, se suma una intensa colaboración con la asociación Guardias Civiles Solidarios, con la que ha participado en la localización y rescate de personas desaparecidas por medio de drones.

Todo comenzó en 2016, cuando realizaba el Curso de Piloto Avanzado de Dron. Allí conoció al guardia civil José Cabrera, presidente de la asociación, que fue quien le introdujo en ella. «Me pareció una iniciativa interesante, así que decidí hacerme socio», explica. No obstante, su participación empezó a ser más activa en 2018. Ambos volvieron a coincidir, esta vez, en un curso de drones orientado a la búsqueda en emergencias y catástrofes y descubrieron lo interesante que podría ser una colaboración de este tipo para la asociación.

Antes de culminar la formación, ambos participaron, durante un periodo práctico, en la búsqueda del pequeño Gabriel Cruz, desaparecido el 27 de febrero de 2018, en la localidad almeriense de Las Hortichuelas. El caso tuvo un fuerte impacto mediático y marcó de gran manera al sargento 1º. Sin embargo, destaca que desde aquella primera búsqueda han venido muchas más en Almería, Jaén, Sevilla, Córdoba o Murcia, entre otras.

Sin ir más lejos, poco después de la desaparición de Gabriel, participaron en una operación para localizar a un hombre en Alicún de Ortega, en Granada. «Ha sido uno de los casos que más me han marcado», reconoce. En esta ocasión, se trataba de una persona con principios de alzhéimer que presuntamente se había quitado la vida en un río y no era posible localizarla. «Para los familiares fue muy gratificante el vernos llegar, porque percibían que se ponían más medios a su disposición», manifiesta. Finalmente, el cuerpo del hombre apareció, en parte, gracias a su ayuda.

El militar, de 36 años, explica que su participación en este tipo de operativos es desinteresada, al igual que la del resto de miembros de la asociación: «Una vez que llegamos al lugar, montamos un puesto de mando para poder coordinar a otros voluntarios que participan en el operativo. Todo ello requiere de mucho tiempo y dedicación», expone.

Bujalance es aficionado al material gráfico y audiovisual. Esto fue lo que le llevó a conocer el mundo de los drones, en 2013. «Un amigo fotógrafo tenía uno, me lo vendió y en ese momento comencé a descubrir este ámbito», recuerda.

Sin embargo, desde Guardias Civiles Solidarios promueven muchas otras iniciativas, como recogidas de alimentos, ropa, juguetes o material médico; tanto dentro de España como fuera del país. «Estamos muy agradecidos por la labor que está realizando el sargento 1º Bujalance», reconoce el presidente de la asociación, José Cabrera. Amante del aire libre, el senderismo y el deporte, tiene claro que la Legión es lo suyo. De hecho, desde que entró en el Ejército, en 2004, inicialmente como soldado y, posteriormente, como suboficial, siempre ha estado destinado en esta unidad centenaria. «Empecé a estudiar Biología en la universidad, pero tenía claro que lo mío era el Ejército», mantiene. Desde su dron, cogiendo altura y echando la vista atrás, puede comprobar que su objetivo ya se ha cumplido.

ATILA, TERROR DEL VIRUS

El Ejército adapta un sistema de iluminación ultravioleta al robot Teodor para descontaminar espacios críticos de coronavirus

Cuando los equipos de Desactivación de Artefactos Explosivos (EOD) de las unidades de Ingenieros del Ejército de Tierra pusieron en marcha por primera vez el robot Teodor, no se imaginaron que casi dos décadas después seguiría salvando vidas, pero con sus capacidades transformadas. Se trata de adaptar los equipos a las amenazas —donde la innovación tecnológica del ET juega un papel fundamental— y, en 2020, toca combatir la epidemia de la COVID-19.

El Ejército ha desarrollado el sistema ATILA (Antivirus por Iluminación de Luz ultravioleta Autónomo), que se implanta en estos robots como una nueva capacidad añadida a las labores de desinfección en la operación “Balmis”. Con una eficacia ensayada en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), permite descontaminar una estancia, de entre 15 y 20 metros cuadrados, mediante la exposición a este tipo de luz —que incide directamente sobre el virus y lo elimina— en menos de 20 minutos.

Un proyecto conjunto

A principios de abril, el INTA y el Regimiento de Defensa NBQ (RDNBQ) “Valencia” nº 1 estudiaron la posibilidad de acoplar un implemento portátil —emisor de radiación ultravioleta— en robots de los equipos EOD del ET para descontaminar algunas zonas. «El implemento de radiación ultravioleta es realmente eficaz y rápido, sobre todo en instalaciones críticas que presentan una alta concentración de carga vírica y material sensible, como son los puestos de mando y control, centro de comunicaciones, Unidades de Cuidados Intensivos, residencias de ancianos… Allí se requiere una intervención inmediata y la descontaminación manual puede dañar los equipos», cuenta el teniente coronel Moneo, de la Escuela Militar de Defensa NBQ (EMDNBQ).

De este modo, el INTA y la Jefatura de Ingeniería del Mando de Apoyo Logístico del Ejército (JIMALE) coordinaron la integración de estas luminarias —que proyectan la luz 360 grados— en robots EOD. Consistía en emplear productos que ya existían para crear nuevas capacidades y, junto con el Parque y Centro de Mantenimiento de Material de Ingenieros, diseñaron el bastidor del robot, que alberga cinco lámparas de luz UV-C. «Se pensó en el Teodor porque el Ejército cuenta con 21 unidades en todo el territorio nacional y todos los operadores EOD están ya formados en su manejo, por lo que solo había que implementar la luminaria», cuenta el director técnico de este proyecto en la JIMALE, el capitán Álvarez.

Posteriormente, la EMDNBQ se encargó de instruir a las unidades de referencia en materia de descontaminación NBQ (RDNBQ 1), así como a los equipos EOD del Mando de Ingenieros, de las Brigadas “Almogávares” VI y “Guadarrama” XII, y la Academia de Ingenieros, donde debieron resolver diferentes casos de descontaminación en instalaciones críticas integrando las capacidades de los equipos EOD con las de las unidades NBQ.

El teniente coronel Moneo incide en que «ha sido un trabajo muy intenso, de sol a sol, en el que todos tenían muchas ganas de colaborar y en un tiempo récord se ha obtenido un sistema rápido, eficaz y seguro». Durante varios días, se realizaron diferentes pruebas en zonas susceptibles de ser contaminadas por el coronavirus SARS-coV-2, como el Centro de Comunicaciones de la ONU o el Hospital General de la capital valenciana.

De momento, ya se ha dotado a dos unidades del ET con el sistema, y su entrada en servicio está prevista para junio. Una es la Compañía EOD del Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros

nº 12 y otra el RDNBQ 1, aunque es probable que después se destine a algún otro equipo EOD de una unidad de Ingenieros próxima a Madrid. Aun así, la designación de las misiones corresponde al Mando Componente Terrestre, que dirige la participación del Ejército en la operación “Balmis”.

Transformar las capacidades

ATILA se introduce en una habitación para descontaminarla, mientras que un operador trabaja desde fuera, por seguridad, mediante control remoto. Está indicado sobre todo para zonas con poco mobiliario, aunque la diversidad de movimientos del brazo del robot permite que pueda radiar en varias posiciones. Esto permite que cubra la mayoría de las superficies, ya que si hay “sombras” —por ejemplo, debajo de una mesa—, es preciso que un equipo lo desinfecte manualmente después de finalizar.

El sistema consta de un bastidor portalámparas, colocado en la pinza del brazo del robot, y de una caja de control de alimentación, situada en la parte posterior, en el lugar que tradicionalmente ocupa el porta-herramientas. La conexión de las lámparas se efectúa por medio de un mando a distancia y permite dos posibilidades de funcionamiento: conectado a la red mediante cable o con el uso de la batería, con una autonomía de tres horas.

Aunque ATILA se ha experimentado en el Teodor, ya se está probando en el robot Avenger, mucho más pequeño y con mayor capacidad de movilidad a la hora de acceder a los lugares que presentan más dificultad y, por tanto, actuar en más escenarios o contingencias NBQ. «Tiene una tecnología más avanzada y es más ligero; además se está estudiando si es viable la implementación de tecnología LED o continúa con la de vapor de mercurio, como en el Teodor», cuenta el capitán Álvarez. Llevará también una caja de control de alimentación y un bastidor de luces, aunque adaptado a su reducido tamaño. Actualmente, el Ejército cuenta con dos y están pendientes de llegar otros dos, a los cuales se podrá incorporar este sistema en los próximos meses para que, como su caballo, por donde pase ATILA no vuelva a crecer el virus.