Superación en el Tatami

Texto: Paula Mozota / Madrid

Fotos: OCE BRILEG

Este año se ha celebrado la VIII edición del Campeonato Nacional de Combate Cuerpo a Cuerpo del Ejército de Tierra. La cita tuvo lugar entre el 26 y 29 de mayo en Almería, concretamente en la Base Álvarez de Sotomayor, en Viator. 

La competición, que se celebra desde 2017, tiene como objetivo valorar de manera lúdico-deportiva el nivel de instrucción alcanzado en las unidades en la modalidad de combate cuerpo a cuerpo. Asimismo, busca fomentar el compañerismo y afianzar el espíritu militar entre los competidores. Este evento anual está dirigido por el coronel -en la reserva-, Piña Sánchez, con el apoyo y asesoramiento técnico del cabo 1º Martín Guiraldo. La labor de este último ha sido clave, no solo como mano derecha en la planificación y ejecución del campeonato, sino también como colaborador fundamental en la incorporación de mejoras al reglamento, con el objetivo de dotar a la competición de un carácter cada vez más realista y acorde a las exigencias operativas.

Sumisión, técnica y realismo

El campeonato se estructuró en tres jornadas, cada una de ellas centrada en una modalidad específica destinada a evaluar las capacidades esenciales de los combatientes. 

El primer día estuvo dedicado al combate en suelo, donde se emplearon técnicas de sumisión inspiradas en disciplinas como el judo, grappling y jiu-jitsu. 

La segunda jornada se centró en unas demostraciones técnicas que pusieron a prueba el dominio de los participantes en la ejecución y resolución de las técnicas de defensa ante ataque recogidas en el manual de instrucción de Combate Cuerpo a Cuerpo e Intervención No Letal (CCC-INL) del Ejército de Tierra. 

El campeonato finalizó con la modalidad de combate cuerpo a cuerpo de pie, donde se simularon escenarios reales de enfrentamiento. En esta última prueba, los participantes adaptaron los principios de las artes marciales mixtas al contexto castrense.

Unión fuera y dentro del tatami

Durante el acto de clausura del campeonato, el Coronel Piña declaró que «lo vivido aquí no se mide en medallas o puntos, sino en sudor, compañerismo y en esa huella imborrable del espíritu militar que nos une». Este campeonato superó su carácter de competición técnica para pasar a ser un evento de unión deportiva y militar. La edición de este año batió récords de participación con representantes de numerosas unidades provenientes de todas partes del país. 

Estas unidades fueron la Brigada «Galicia» VII, Brigada «Guzmán el Bueno» X, Brigada «Extremadura» XI, Cuartel General de Fuerza Terrestre, Mando de Artillería de Campaña, Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra, Mando de Transmisiones, Mando de Artillería Antiaérea, Comandancia General de Baleares, Centro Geográfico del Ejército de Tierra, Mando de Tropas de Montaña y Mando de Adiestramiento y Doctrina, junto a los cadetes de la Academia General Militar.

La organización de este campeonato rota anualmente su sede, con el objetivo de acercar esta disciplina a un mayor número de unidades del Ejército de Tierra. Esta itinerancia favorece la implicación directa de dichas unidades, no sólo al facilitar la participación activa de los competidores, sino también al involucrar a quienes animan desde las gradas. Esta experiencia posee un gran valor formativo para ambos grupos, ya que, quienes observan las técnicas, procedimientos y actitudes también refuerzan su aprendizaje individual y estimulan el espíritu de superación colectivo. De este modo, el campeonato se consolida como una herramienta de instrucción, cohesión y motivación al servicio de toda la Fuerza.

El coronel Piña aseguró en el discurso de clausura que «los participantes volvieron a sus unidades no solo con muchas lecciones aprendidas, sino con una mayor y más sólida camaradería forjada en el tatami. Porque en ese polideportivo no se compitió solo por ganar, sino por superarse, y por honrar los valores que unen a los militares». 

El éxito de esta octava edición confirma que este campeonato es ya una cita anual dentro del calendario deportivo castrense. En palabras del coronel Piña «el verdadero valor de esta competición no está en los pódiums subidos, sino en haber demostrado una vez más que el verdadero rival no está enfrente, sino en la lucha personal por superarse a uno mismo». Tanto vencedores como vencidos hicieron honor a los valores del Ejército al demostrar su entrega y resiliencia.

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