Texto: Norberto Ruiz de Lima
El Ejército español sirvió en la misión EUTM Mali durante casi 12 años. El río Níger y sus gentes convivieron con sus soldados un largo trecho, casi una vida. No nos podíamos ir de allí sin hablar con el actual guardián de la biblioteca de Kati en Tombuctú, Ismaël Diadié Haïdara, descendiente de Ali b. Ziyad al-Quti (el godo); a su vez descendiente de Witiza, penúltimo rey visigodo. Una larga historia maliense que comienza en Toledo (España). Pero es mucho mejor escuchar sus palabras que todo lo que yo pueda escribir sobre él.
Ismaël, ¿puede explicarnos un poco qué es la biblioteca Kati de Tombuctú y qué la convierte en un tesoro? Fondo Kati es la biblioteca de un descendiente toledano de Es-Sahili (Granada, 1290– Tombuctú, 1346), Ali b. Ziyad al-Quti (el godo). Éste dejó su ciudad natal el año de los fuegos de la Magdalena (1467), año en que los musulmanes, los judíos y los cristianos viejos se sublevaron en una sangrienta contienda que acabó con el incendio de la catedral y de 1600 casas de la urbe regia, Toledo. En el 2003, se inauguró en Tombuctú el edificio financiado por la Junta de Andalucía para albergar los 12714 manuscritos del Fondo Kati. En 2012, la Biblioteca se vuelve a dispersar ante la ocupación de la ciudad por movimientos islamistas radicales e independentistas tuareg. El Fondo Kati cuenta hoy con 12714 manuscritos, 1102 de ellos llevan en sus márgenes 7126 textos sobre la historia de al-Andalus, de los sefardíes, los moriscos y de los Qutí (godos islamizados), la propia familia Kati. Todo esto hace que el Fondo Kati sea una biblioteca doble. Una biblioteca que no llega a alcanzar la paz y la tranquilidad tan anheladas por el padre de los godos islamizados de África, Ali b. Ziyad al-Quti, el lejano descendiente del rey Witiza. Fondo Kati, en enero del año 2014, después de 547 años del exilio de Ali b. Ziyad al-Quti, recibe la medalla de oro de Toledo de mano del entonces alcalde de la ciudad, García-Page.
Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo, dijo en Tombuctú, el 25 de noviembre del 2006: «Un tesoro de la historia que hay que rescatar del polvo para que las futuras generaciones de europeos y africanos conozcan sus raíces comunes».
J. O. Hunwick de la Universidad de Illinois en USA & Alida Jaye Boye en su libro The Hidden Treasures of Tombuctú, 2008, Thames & Hudson, pp. 144-145, dijeron del Fondo Kati: «…los manuscritos más importantes de la colección de Kati son aquellos cuyos márgenes han sido utilizados por los antepasados de la familia para anotar eventos, actividades, nacimientos y defunciones desde el siglo XV hasta el siglo XIX». Esto hace de la colección Fondo Kati un tesoro extraordinario, no sólo como un registro de la cultura islámica, sino también por su potencial para añadir una nueva dimensión a nuestra comprensión de la historia social y política de la región de Tombuctú. Su «descubrimiento» es sin duda el evento más significativo en la historia de la recuperación del legado intelectual de la África musulmana precolonial en el último medio siglo.
El camino recorrido por todos esos volúmenes ha sido arduo, desde pasar por un periodo en el que se encontraba repartida por muchos poblados del Níger hasta el momento de su reunificación en el que tanto usted como su padre tuvieron tanto que ver. ¿Puede resumirnos ese camino y contar qué decisiones adoptó el año 2012, cuando la rebelión yihadista tomó Tombuctú con el peligro que suponía para la valiosa biblioteca y dio comienzo a la misión de la Unión Europea en Mali, con la participación de los soldados españoles? La historia del Fondo Kati se confunde con la de la familia Kati. Empieza con el primer manuscrito de la familia, un Corán copiado en Ceuta el 23 de noviembre del año 1198, año de culminación de la construcción de la Giralda de Sevilla y dos semanas antes de la muerte de Averroës, el gran filósofo de Córdoba, quien tuvo una gran influencia en toda la Edad Media europea sobre grandes pensadores como Santo Tomás de Aquino. En aquellos años, la familia de los Quti de Toledo se instaló en Granada, donde se emparentó con la familia de los Sahilí. Los Quti volverán a Toledo y en 1467 acabarán saliendo de la ciudad después de los fuegos de la Magdalena. Ali b. Ziyad al-Quti dejó Toledo en mayo del año 1468, pasó por Granada, Sevilla y cruzó el estrecho. Se quedó en Ceuta, después siguió su camino por las ciudades marroquíes de Fez, Siyilmasa, el Tuwat, donde estuvo 6 meses antes de ir a Sicilia, de nuevo cruzó el mar hacia Egipto. Pasó por Oriente, donde visitó Damasco, Bagdad, Jerusalén, La Meca; luego vuelve a África y se instala en la antigua capital del antiguo reino de Gana. Allí se casa con Kadiya Sila, sobrina del rey Sunni Ali el Grande y hermana mayor del futuro emperador Askia Muhammad. De este matrimonio nace el historiador Mahmud Kati, quien unificará los manuscritos que trajo de Toledo y de sus viajes su padre Ali b. Ziyad al-Quti y los de la corte imperial de Gao en una sola biblioteca, el Fondo Kati. Desde entonces, la biblioteca se dispersó después de la muerte de Mahmud Kati el 27 de septiembre del año 1593. Con Mahmud Kati II, muerto en 1648, se reunificó bajo el gobierno de los moriscos, por poco tiempo, ya que se tuvo que dispersar y esconder por los saqueos de aquellos moriscos. Entre los siglos XVIII y XIX, Alfa Ibrahim, hijo de Mahmud Kati III, inició la reunificación. Entre tanto, los peules de Macina, bajo la dirección de Seku Amadu, conquistan Tombuctú. Alfa Ibrahim es asesinado por los tuareg. Abana, mi tatarabuelo, hijo de Alfa Ibrahim, sigue con la labor de reunificación. Los peules instauran la sharía en toda la curva del río Níger. Abana se exilió. La biblioteca se dispersa. Al final, conseguí reunificarla a finales de los años 90, bajo la dirección de mi padre, Diadié Haidara.
La primera historia que se escribe del imperio Songhai la escribe Mahmud Kati, el hijo de Alí Ben Ziyad, el sabio de Toledo que llega al Níger con su biblioteca. ¿Qué influencia e importancia tienen esos volúmenes y esas personas que vienen desde el reino de Castilla a Tombuctú? En tiempo de Mahmud Kati, había una comunidad andalusí, la de los Sahili de Granada del siglo XIV en Tombuctú, a la que se sumó la de los castellano-manchegos a finales del XV y principio del XVI. León «el Africano» vivió de joven en la corte imperial de Gao, donde conoció a Mahmud Kati. Allí escribió su Descripción de África años después, primer libro de geografía de África, y Mahmud Kati escribió Tedzkiret al-Ihwan, en dos volúmenes, el primer libro de Historia de África. En resumidas cuentas, el primer geógrafo de África occidental es un granadino y el primer historiador de esta parte de África es un toledano. La obra de Mahmud Kati está dividida en dos partes, un primer volumen habla de la historia de Castilla y de los Quti (godos islamizados) desde los tiempos de los visigodos hasta la caída de Granada y el final de al-Andalus. El segundo volumen trata de la historia del Songhay y de los reinos de Ghana y de Mali. Tarikh al-Fettash, atribuido a Mahmud Kati, es de su bisnieto del mismo nombre, Mahmud Kati III de Kirshamba.
Con todos esos volúmenes que guarda la biblioteca en Tombuctú, ¿es posible el estudio y la escritura de la historia de los reinos de Castilla y al-Ándalus en aquellos días? ¿Qué tienen de particular esos libros? ¿Qué hay escrito en ellos que pueda destacar? Tanto las obras de los Kati como los manuscritos de la biblioteca aportaron documentos que permiten escribir la historia de las relaciones entre la península ibérica y la curva del río Níger. En los márgenes de los manuscritos, como le dije, se encuentran 7100 textos escritos por los Quti, y en estas marginalias encontramos los primeros elementos del castellano en la curva del río Níger, documentos sobre los judíos sefardíes y miles de escritos sobre diferentes reinos de la península ibérica, del Magreb y de África.
Son usted y los suyos descendientes de Witiza, el penúltimo rey visigodo de la península. Ha sido un largo recorrido y, como escribe Ángel González: «para que su ser pese sobre el suelo fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres de todo mar y toda tierra…». ¿Cree que ese mestizaje es lo que funda a los pueblos? Desde luego, no ha habido mayor cruce de caminos que la península ibérica, ese centro entre Europa, América y África. ¿Dónde cree que debe mirar España? «Los hombres han construido demasiados muros y pocos puentes», dijo Newton. El Premio Nobel belga Dominique Pire hizo de esa frase su lema. Mi ancestro Ali b. Ziyad al-Quti nació en Toledo. De su familia, dice:
«Toledo es/ la ciudad cuyos reyes lo son por votación / y así la han gobernado/ más de setenta [reyes]/ entre los que figura/ nuestra conocida familia/ Ha sido/ el trono de la monarquía goda/ y se asoma al río Tajo/ sobre el que había/ un puente que/ nadie ha sido capaz/ de describir: / alzado sobre arcos/ abierto a un paisaje de placer/ por cada lado/ Abd Rabbihi/ Ali b. Ziyad/ b. Bakr el godo».
De la casa familiar dice (Folio 58):
«De Toledo/ lo más preciado para mí/ era el palacio real/ de la estirpe de mis tíos/ que había sido/ con anterioridad/ de la dinastía de los Banu Di-l-Nun/ reyes de taifas/ del siglo quinto/ y que lo llamaban/ la alcaicer/ en la lengua de ellos/ con la que denominaban [a la ciudad]/ Tulita/ así como otras gentes/ la llamaban/ Todo que significa/ ‘la alegría de quien la habita’/ hasta que, después de aquello, los árabes la arabizaron/ y pasó a llamarse Toledo/ Abd Rabbihi Ali/ b. Ziyad».
Los Quti se emparentaron con los Sahili al-Ansari de Málaga y Granada en el reino nazarí antes de volver a casarse en esas familias de origen árabe en Tombuctú.
El sefardí Azan Ferrer «el griego» y el renegado Amar al-Fata, de Cuevas del Almanzora (Almería), se casaron con descendientes de Mahmud Kati, hijo de Ali b. Ziyad al-Quti de Toledo, en 1591. Los descendientes del judío sefardí, afincado en Grecia antes de instalarse como mercenario de los saadíes de Marrakech en Tombuctú y casarse con los Qutí, también lo hicieron con la familia real de los Askia.
Eso significa que llevo en mis venas sangre de europeos y de africanos, sangre judía y árabe. Soy, como cada uno, un cruce de caminos. Sin estos encuentros, no estaré aquí, el Fondo Kati no estará. Es mi gran suerte ser hijo de tantos mundos. Mirando hacia sí misma, España mirará al mundo entero porque España es una de las grandes tierras de mestizaje. El pasado de España está hecho de mezclas, su futuro lo será. Es mucha suerte para la península estar entre Europa, África y América. Sin estos encuentros, no habrá esa historia fascinante y única de la península en el mundo. Mi maestro, Amadou Hampate Ba, dijo: «Lo que hace la riqueza del arco iris es la diversidad de sus colores».
A principios de siglo, un grupo de intelectuales y escritores se hicieron eco de la existencia de la biblioteca de Kati en Tombuctú. Entre ellos estaban José Ángel Valente, Juan Goytisolo, José Saramago… ¿Cómo está en la actualidad la biblioteca y cómo ve su futuro? Hoy en día, los 12714 manuscritos de la biblioteca Fondo Kati están dispersados y escondidos desde que el 1 de abril del año 2012, grupos yihadistas y rebeldes independentistas tuaregs ocuparon la ciudad. Este año, las grandes inundaciones anegaron pueblos enteros de los Quti castellano-manchegos y de los andalusíes. Los manuscritos. ¿Hasta cuándo? La historia lo dirá. Somos los 4949 descendientes de la península ibérica en la curva del río Níger y los 12714 manuscritos de la biblioteca Fondo Kati, parte de la diáspora hispana y de su patrimonio. Si los perdemos, si los manuscritos desaparecen, parte de nuestra historia común desaparecerá para siempre.
Es usted historiador, poeta y filósofo. Recientemente, ha publicado un libro con la editorial Almuzara titulado Sabiduría de Tombuctú y en él recoge usted proverbios y aforismos songhais de una sabiduría ancestral que ha ido pasando de padres a hijos por tradición oral. ¿Lo ha escrito porque teme que se pierda esa tradición en estos tiempos modernos? Hay un proverbio que me gusta mucho y que refleja lo que es la vida, lo que toca siempre cuando elegimos vivir: «Sólo quienes no han nacido se salvan del amor y de la muerte». ¿Eso iguala a todas las personas del mundo, aunque nos creamos únicos? Pertenezco por mis raíces andalusíes y castellanas a una cultura de tradición escrita y por mis raíces africanas a una cultura de tradición oral. Mi lucha es salvar tanto los manuscritos como nuestra cultura oral. Estoy hecho de palabra y tinta. Las palabras son frágiles, se pierden si no se copian, si no se escriben; también los manuscritos son frágiles. Mi amigo Jesús Arrimadas, gran coleccionista de arte africano, me dijo un día: «Ismaël, si no se recopilan los proverbios, cuentos, tradiciones africanas, dentro de una generación se perderán». Me dio un escalofrío. Tenía razón. Este libro de proverbios, como mi libro de cuentos filosóficos Zimma, publicado en Vaso Roto en México, o mi libro de poesía, Tebrae, un libro de poemas de 2 versos, más cortos que los haikus japoneses que son de 3 versos, publicado en Cantabria, son libros desesperados, escritos para salvar formas culturales en vía de desaparición en un mundo cada vez más globalizado, unipolar, unidimensional, un mundo cada vez más pobre. Cuando leemos los proverbios songhay, bambara, encontramos muchos parecidos con los dichos de los sabios egipcios, griegos o romanos, chinos o japoneses. Dice Sócrates : «Conócete a ti mismo». Dicen los Songhay: «Saber montar a caballo es bueno, saber nadar es bueno, conocerse a sí mismo es mejor». Epicuro dice: «El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente, nosotros no existimos». Un proverbio songhay que tiene su origen en los de los sabios bambara dice: «No tengas temor a la muerte. Mientras existes, la muerte no está, y cuando está, tú no estás». Es sorprendente, pero nos muestra cuánto se asemejan los pensamientos de un pueblo a otro, y pueblos sin culturas, sin civilizaciones, no existen.
¿Qué le diría a todos esos soldados españoles que ha conocido durante tantos meses en Mali y que estuvieron en EUTM Mali en unos tiempos tan convulsos? Les diré una sola palabra: GRACIAS.
Muchas gracias, señor Ismaël, por atender al periódico Tierra y por acercarnos de nuevo a la curva del Níger y a Mali, país que tanto queremos, y donde tantos años sirvió el Ejército español en una misión de la Unión Europea.




