«Recibir a unos futuros padres es un momento muy emocionante»
Álvaro Val / Madrid
Posiblemente, el mayor desafío que tiene que afrontar una persona es criar a sus descendientes. No obstante, existen casos donde los padres no están capacitados —ya sea de forma permanente o temporal— para realizar esta labor. En ese caso, se abre la vía de que el bebé esté con una familia de acogida hasta que sea adoptado por una nueva o vuelva con sus ascendientes biológicos.
Este es el caso del coronel Ardanaz —jefe de la Escuela Militar de Defensa Nuclear, Biológica y Química (EMDNBQ), en Hoyo de Manzanares (Madrid)—, que lleva desde 2012, junto con su esposa, acogiendo bebés de manera temporal —hasta que consigan un nuevo hogar o sus padres estén aptos para la crianza—. «Una compañera del Regimiento de Defensa NBQ “Valencia” nº 1, que empezó a hacer esta labor, nos mandó una foto donde se veían los niños que estaba acogiendo en ese momento, se la enseñé a mi mujer y le encantó la idea», así describe el coronel el momento en el que decidieron iniciar esta labor. Desde entonces, han cuidado 25 niños.
Habilitarse para ejercer esta tarea no es sencillo, ya que los interesados deben aprobar cursos, evaluaciones y realizar entrevistas con psicólogos, además de aprenderse las normativas vigentes y protocolos para actuar ante cualquier situación. A partir de ese punto, los candidatos filtran los menores que están dispuestos a acoger según diferentes parámetros, como puede ser el rango de edad —en este caso, el jefe de la EMDNBQ y su mujer escogieron los recién nacidos hasta que cumplan seis meses—. Una vez terminados los trámites pertinentes, los solicitantes ya pueden acoger a los niños.
La misión del coronel y su mujer es proporcionar atención afectiva, material y alimenticia al bebé: «Besos, abrazos, hablar con él, interactuar con él… Para que él se sienta querido y reaccione, para que vaya, poco a poco, criándose como debería un niño bien cuidado», apunta. Ellos no siguen un itinerario fijo de actividades con los recién llegados, ya que no saben, realmente, cuánto tiempo va a estar el niño.
El coronel Ardanaz reconoce la habilidad que tiene su mujer con los más pequeños: «Sabe sacar lo mejor de cada bebé». Esto se debe a que ella estudió Magisterio en su juventud, además de poseer la formación correspondiente en niños con necesidades especiales. Consecuencia de la situación laboral de ambos —su mujer vive en Valencia, donde realizan la labor de acogida, mientras que el coronel está destinado en Madrid—, la mayoría de los cuidados recae en ella, aunque él asume también la responsabilidad los fines de semana y siempre que puede. En todo caso, siempre intentan —y consiguen— salir adelante, como cuando el coronel estuvo de misión en Líbano, de mayo a noviembre de 2015. En aquella ocasión, su esposa estuvo cerca de parar el desempeño de esta tarea, pero decidió continuar ya que le sirvió para paliar la ausencia de su marido.
Independientemente de si el niño retorna con sus progenitores biológicos o le adopta una nueva familia, ellos sienten una profunda alegría por ello: «Ese momento es muy emocionante. Abrir la puerta de tu casa para recibir a unos futuros padres, que van a cuidar a ese bebé que has tenido en casa, es un momento de nervios y de satisfacción», señala el coronel. También es para ellos un momento de duelo, ya que se separan de ese menor que ha estado con ellos durante unos meses. No obstante, la adopción no es el final para el vínculo creado entre el matrimonio y los niños acogidos, ya que han mantenido el contacto con la mayor parte de los que han tenido y con sus familias: «Solemos felicitarnos las fiestas, intentamos vernos alguna vez al año, preguntamos cómo les va a los niños en el colegio, cómo están…», declara el coronel.
Finalmente, aseguran que se sienten apoyados por los compañeros del jefe de la EMDNBQ: «Todos reconocen la labor que hacemos mi mujer y yo. En todas las unidades en las que he estado intentamos que se hable de lo que hacemos», concluye el coronel Ardanaz.

