CONOCER A… SARGENTO 1º LASO

«EL MEJOR REGALO ES UNA CARTA FIRMADA»

Rocío Gallo / Madrid

Tréboles, diamantes, corazones y picas son los palos que componen la baraja de cartas francesa, una de las preferidas por los magos para hacer sus trucos. Este es el caso del sargento 1º Laso, destinado en el Regimiento de Infantería “Príncipe” nº 3, que desde los 7 años comenzó a aficionarse a la magia.

Su andadura como ilusionista empezó de la mano de los juegos de mesa de Magia Borrás. Sin embargo, no fue hasta los 16 años cuando un familiar le enseñó dos trucos —uno con una moneda y otro con un cigarrillo—, que practicó y perfeccionó durante años. Recuerda que un día le llevaron a ver un espectáculo de magia y no perdía detalle de cómo el mago ejecutaba cada movimiento. Tras ello, se acercó

a hablar con él: «Vio que no se me daban mal los trucos que le hice y quedamos para ir a la Sociedad Oviedo Mágico, para que conociera a otros ilusionistas».

Allí se preparó, le recomendaron diversos libros y le ayudaron a realizar nuevos trucos. Recuerda con especial cariño el momento en el que comenzó haciendo magia en la calle y creó una web para publicar sus actuaciones. Esto le permitió en 2006 presentar uno de sus vídeos a un concurso de YouTube: «El premio a los cinco mejores era salir como extra en el DVD de la película El ilusionista, y el mío estaba entre ellos», afirma el sargento 1º.

Con esta aparición consiguió darse a conocer y realizar espectáculos de “magia de cerca” en diferentes locales. Estos son los más complicados, ya que el público está alrededor, pendiente de lo que el mago hace y cómo lo ejecuta. Además, si emplea monedas la dificultad es mayor, porque todo el mundo está familiarizado con ellas. «Cualquier movimiento extraño se puede ver muy fácilmente», asegura el sargento 1º Laso, quien, aunque ahora mismo no actúa, sigue llevando una moneda de medio dólar en el bolsillo como si fuese su amuleto de la suerte.

Los juegos de cartas son una de las especialidades de este mago y, a día de hoy, todavía le recuerdan aquel truco en el que pedía a una persona que escogiera una carta, luego la mezclaba con las demás y, tras lanzar la baraja contra una ventana, la carta se quedaba pegada en el cristal, pero por la parte de fuera.

La ejecución de estos trucos ha hecho que la mayoría de las barajas del sargento 1º estén incompletas. «El mejor regalo que puede hacer un mago a un espectador es una carta firmada», considera. Por ello, cuando acababa sus espectáculos firmaba una carta a todos los que se lo pedían. A su vez, él guarda con gran cariño la que le firmó su ilusionista favorito, el argentino René Lavand, que solo tenía una mano.

Pasión por la esgrima

Otra de sus pasiones es la esgrima. Un deporte que comenzó a practicar en la Academia de Logística, en Calatayud (Zaragoza). Allí realizaba esgrima en la modalidad de espada, pero uno de los profesores le recomendó que aprendiese a utilizar el sable. En 2009, estando destinado en el Batallón de Zarpadores VII, en Pontevedra, comenzó a practicar con el sable en una escuela especializada. Allí aprendió que lo más difícil es automatizar los movimientos e intentar predecir la actuación del oponente y forzarle a atacar por un sitio, para así ganarle. Su principal éxito como esgrimista fue ganar el Campeonato de las Fuerzas Armadas en 2016.

Para el fututo, el sargento 1º Laso tiene diferentes retos. Por un lado, no descarta volver a actuar como mago, aunque actualmente la magia para él es un hobby. Por otro lado, su objetivo se centra en las competiciones de tiro con arma corta (9 mm), donde le gustaría ganar el Campeonato del Ejército de Tierra.

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