«LOS NIÑOS AFRONTAN EL CÁNCER CON UNA SONRISA»
Miguel Renuncio / Madrid
Paco Arango (Ciudad de México, 1966) es un hombre polifacético. Director, guionista y productor de cine, ha realizado ya tres películas (Maktub, Lo que de verdad importa y Los Rodríguez y el más allá), cuyos beneficios han ido destinados a mejorar la calidad de vida de los niños con cáncer. La Fundación Aladina, que él preside, nació en 2005, pero comenzó a gestarse cuatro años antes…
¿Qué le llevó a querer dedicar su tiempo a los niños con cáncer? Me abrumaba, y me sigue abrumando, pensar que yo he tenido suerte en la vida y otros no, así que quise devolver esa suerte haciendo algo por los demás. Por eso, en 2001 pedí a un cura que me ayudase a encontrar un sitio donde “mancharme las manos” —fueron mis palabras— y él escogió por mí. A la semana me llamó y me dijo: «Vas a cuidar a niños con cáncer en el Hospital Niño Jesús», en Madrid, y así fue. Empecé a ir los miércoles y, al cabo de dos meses, aquello se había convertido en una actividad diaria, lo cual no ha cambiado hasta ahora. A los cuatro años, pensé que esto me tenía que sobrevivir y entonces decidí crear la Fundación Aladina junto a Lorena Díez, que ahora es nuestra directora de Hospitales.
¿Cómo afrontan los niños la difícil experiencia de sufrir un cáncer? Aunque parezca increíble, ellos lo llevan con una sonrisa. Lo pasan mal, obviamente, pero su existencia sigue siendo la propia de un niño, y eso es algo muy impactante. Los más afectados son los hermanos sanos, que no entienden por qué sus padres se alejan, por qué su hermano está enfermo… Por eso, cuando yo entro en la habitación de un niño con cáncer, si está el hermano, me dirijo primero a él y le digo que es un héroe. En cuanto a los padres, ellos hacen el mayor sacrificio que se les puede pedir. Y si la cosa acaba bien, es maravilloso, pero si acaba mal… es muy duro. Un 80% de los niños con cáncer se curan, pero lamentablemente el otro 20% no. En esos casos, la Fundación Aladina acompaña a los padres en su duelo durante un mes entero, en compañía de otros padres.
Esa tiene que ser la experiencia más dura que se puede vivir… Sí, pero es muy importante que los padres se den cuenta de que ellos también fueron niños, y de que sus hijos quieren que ahora vivan por ellos y lo hagan con una sonrisa, que no caigan, que no desistan de intentar recuperar su vida.
¿Cómo está afectando la pandemia a la situación de estos niños? El principal problema es que los niños están solos en los hospitales y las familias no pueden ir a verlos: tiene que ir el padre solo o la madre sola… Si ya de por sí la batalla del cáncer es difícil, ahora resulta mucho más compleja. A la Fundación Aladina también le está afectando, ya que, aunque hacemos muchas cosas, para mí lo más importante es la asistencia presencial todos los días. Y como ahora no podemos ir a los hospitales a causa del coronavirus, hemos lanzado una iniciativa que se llama “Juntos desde casa”, a través de videoconferencias. Al principio parecía una cosa muy fría, pero está siendo increíble, porque gracias a ella estamos llegando a muchísimos más niños de toda España.
Sus películas ayudan a financiar los proyectos de la Fundación, y ya está preparando una nueva, que se titulará 11%… Sí, es una fábula sobre una mujer que vive en Nueva York, en una casita, y todo el mundo quiere comprarle la casa para derribarla y construir un rascacielos. Pero la señora no solo no la vende, sino que mantiene en ella a 10 inquilinos que han tenido muy mala suerte en la vida. Lo que ocurre es que la mujer fallece inesperadamente y un banco muy grande se hace con la casa y da a los inquilinos una semana para que se vayan. Entonces, resulta que la señora les ha dejado el 11% de algo que le pertenecía en herencia… y ahí empieza el lío. Para escribir el guion, he trabajado un año con Ron Bass, que tiene un Óscar por Rain Man.
El mayor proyecto de la Fundación hasta el momento ha sido la UCI Aladina. ¿Por qué es tan especial? El Hospital Niño Jesús necesitaba renovar su UCI pediátrica, porque carecía de luz natural, no ofrecía suficiente intimidad, etc. Ahora, sin duda, es una de las UCI más sofisticadas de España. Además, hay que recordar que es la UCI de 18 hospitales públicos de la Comunidad de Madrid. Muchos padres me han escrito para darme las gracias porque su hijo ha pasado por la UCI y no podía haber estado mejor atendido.

Otro proyecto muy importante es el Centro Maktub para el trasplante de médula ósea. ¿Qué lo hace único? Es un centro impecable y, a día de hoy, vamos por los 370 trasplantes. Cuenta con seis boxes, donde los médicos hacen la magia de intentar curar a estos niños. Se inauguró en 2013 y el dinero lo conseguí gracias a mi primera película. Había pactado con Antonio, un niño con cáncer, que haría una película en la que él sería el personaje de ficción, y que con el dinero recaudado renovaríamos el centro donde él estaba. Antonio superó el cáncer, pero lamentablemente falleció después a causa de un virus.
¿Cómo se puede colaborar con la Fundación Aladina? Lo más importante es que la gente entre en nuestra página web (aladina.org) y vea las diferentes formas de colaboración que existen. El mero hecho de seguirnos y apoyarnos es ya de por sí una ayuda. Si además uno tiene la capacidad y las ganas de hacerse socio, entonces pasará a formar parte de nuestra familia, porque eso es lo que somos en realidad: una verdadera familia.
En todo este tiempo, ¿ha tenido alguna relación con el mundo militar? Las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil han hecho muchas cosas con nosotros (recogida de juguetes, visitas al hospital, etc.). Los militares españoles han sido muy solidarios con la Fundación Aladina y hemos sentido siempre su cariño y su apoyo, por lo que los tenemos en alta estima y les estamos muy agradecidos.
