PELOTÓN DE LIMPIEZA

Las desinfecciones de instalaciones se han convertido en uno de los cometidos fundamentales del Ejército en la fase actual de la Operación “Balmis”. Tierra ha acompañado a uno de estos “equipos de limpieza”, del Regimiento de Artillería Antiaérea (RAAA) nº 71, en la desinfección preventiva de la clínica CEMTRO Montecarmelo de Madrid. Es un ejemplo de otras tantas actuaciones que se han repetido, con diversos protagonistas y en distintos escenarios de toda España, en cerca de 2.000 ocasiones.

Las jornadas de trabajo de los componentes del pelotón del sargento Morales discurrían entre la educación física, la instrucción y el adiestramiento con sus cañones antiaéreos de 35/90, las clases teóricas, las tareas de mantenimiento y limpieza, y las maniobras y ejercicios. Pero, de un día para otro, esa cotidianidad se vio alterada por la crisis sanitaria. Las que constituían sus actividades habituales fueron sustituidas por patrullas, apoyos sanitarios y desinfecciones. Estas han sido las tres formas que ha adoptado la contribución del RAAA 71 a la Operación “Balmis”. En la fase actual, las últimas son las que han adquirido más peso, aunque se compaginan con un apoyo permanente en el hospital central de la Defensa “Gómez Ulla”, que implica diariamente a 30 de sus integrantes (aunque llegaron a ser 40 en la etapa inicial).

El RAAA 71 lleva a cabo labores de desinfección y presta apoyo en el Hospital Central de la Defensa

En la unidad hay quienes han pasado por todas ellas, como el artillero Diestra. Estuvo como celador en el hospital, algo que, reconoce, fue «impactante al principio». También en labores de presencia en Segovia y, ahora, en las desinfecciones. «Te sientes muy útil», afirma satisfecho de haber participado en la operación. Una sensación que comparte con compañeros como la artillera Sarmiento. Ella, natural de Canarias, lleva tres meses sin ver a su familia, que vive en las islas, pero tenía claro que su lugar estaba donde pudiese ayudar. «Para eso me hice militar», añade. También al artillero Simo le encanta haber tenido la ocasión de que la gente les vea en acción, «que sepan que estamos ahí y podemos echar una mano», añade. Considera que la formación militar que reciben les prepara psicológicamente para afrontar situaciones tan difíciles como la actual. Una formación de la que han tenido que echar mano y reforzar, en la parte referente a defensa NBQ, para la desinfección.

9.00 h

El pelotón llega a la clínica a bordo de dos vehículos ligeros y un remolque en el que llevan todo el material que necesitan. Al frente del mismo está el sargento Morales, que es quien lleva la parte técnica de la descontaminación y es el encargado de distribuir al personal y supervisar la limpieza. Allí les espera el capitán Urturi, uno de los oficiales que lleva la coordinación del personal implicado en las descontaminaciones que se le asignan al Regimiento. El sargento, acompañado de los cabos Espino y Villaprado, realiza un reconocimiento (que se suma a otro, de unos días antes), mientras el resto del pelotón prepara el desinfectante (una parte de lejía por siete de agua), rellena con él los aerosoles y las mochilas, y comienzan a colocarse los equipos de protección: el traje, las botas, las mascarillas, los guantes y las gafas. Cuando regresan los cabos, ellos también se equipan y llega el momento de comenzar el trabajo.

9.30 h

El pelotón se divide en dos escuadras y cada una se encarga de una de las dos plantas de la clínica, que tiene cerca de 2.000 metros cuadrados. Su método de trabajo es el siguiente: todos empiezan por la derecha y van recorriendo las estancias. Los artilleros llevan los difusores de mano, y se centran en la limpieza de tiradores, interruptores y todos los elementos pequeños. «Ellos desinfectan los detalles», aclara el cabo Villaprado. Al tratarse de una clínica con salas de fisioterapia, no hay que olvidar repasar todas las máquinas de las que dispone. Los cabos son los que llevan las mochilas con capacidad de 15 litros. «Nosotros nos encargamos de las grandes superficies (puertas, paredes) y terminamos con los suelos», indica el cabo Espino. Los primeros en acabar su planta se encargan de la limpieza de la sala de fisioterapia exclusiva con la que cuenta el centro, siguiendo el mismo proceso.

11.30 h

Tras dos horas de trabajo, la limpieza ha finalizado. El pelotón vuelve a reunirse en el aparcamiento para su  propia desinfección: uno por uno van pasando para ser rociados con la solución de lejía. Después tienen que esperar unos minutos a que se seque y entonces comienza uno de los momentos más delicados del proceso: la retirada del traje y demás elementos de protección. Para ello, montan una línea en la que guardan la distancia de seguridad y van quitándose con mucho cuidado todo el equipo. «Siempre hay que tener precaución pero no tengo miedo, porque se nos ha instruido bien», destaca el artillero Pavón.

12.00 h

Tras recoger todo el material, emprenden la vuelta a la unidad. Al llegar toca desinfectar los vehículos y depositar los trajes y el material que no pueda reciclarse en una bolsa para que se deseche, mientras que lo que tiene más usos (como las botas o las gafas) se limpia a fondo. Y así, termina una nueva jornada de desinfección para el RAAA 71, y el contador de las realizadas por las unidades del Ejército en el marco de la Operación “Balmis” suma otra cifra.

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