Del mismo modo que los organismos evolucionan ante nuevos entornos, la logística del Ejército ha tenido que hacerlo para adaptarse a las necesidades de la operación “Balmis”
Organismo Logístico
El alimento
Una semana después de decretarse el estado de alarma, la Dirección de Adquisiciones (DIAD) del MALE fue designada como única adquiriente del material necesario para la operación “Balmis” de todas las Fuerzas Armadas, y ha centralizado los procesos de obtención (adquisiciones, donaciones, fabricación propia…). La DIAD tiene experiencia en este terreno puesto que, en condiciones normales, realiza estas labores para la dotación y sostenimiento de la Fuerza del Ejército. Sin embargo,
poco tienen que ver esos recursos con los que se necesitaban frente a la pandemia. Además, había que adquirirlos en el mercado internacional, a través de proveedores no habituales, y bajo parámetros de urgencia y con la problemática del transporte, por la distancia desde los países
fabricantes. Por suerte, la agilidad, anticipación y el conocimiento del mercado adquirido en breve espacio de tiempo por el personal de la DIAD ha hecho posible que se pudieran iniciar las adquisiciones al surgir las primeras necesidades.

El centro de gravedad en torno al cual ha girado la obtención de los recursos ha sido la Sección Técnica de Campamento, Ingenieros y Sanidad de la Subdirección de Sistemas de Armas que, desde el inicio
de la pandemia, permanece activada las 24 horas, siete días a la semana. La Sección se ha reforzado con personal de otras secciones y con una oficial del Cuerpo Militar de Sanidad, para asesoramiento técnico. Además de esto, otra vía significativa de adquisición de material ha sido
la obtenida a través de la NATO Support and Procurement Agency, vía en la que España ha sido pionera, y que ha servido de ejemplo a otros países de la Organización Atlántica. También han sido importantes las donaciones de empresas, entidades financieras y particulares, así como las llevadas a cabo por otros países. La gestión de este material donado,
su transporte desde los países fabricantes (en algunos casos), e incluso
la orientación que se le está dando son algunas de las tareas diarias que
realiza la DIAD.
El corazón
Al igual que el corazón bombea sangre para que llegue a todas las partes del cuerpo, en la operación “Balmis”, el PCAMI centraliza el esfuerzo para que todos los recursos adquiridos o donados, para la lucha contra la expansión del coronavirus, lleguen a donde se necesitan cuando se requieren.
Tras su designación como órgano logístico centralizado de las Fuerzas Armadas para la recepción y distribución de los recursos de abastecimiento que precisan las unidades, su día a día cambió radicalmente. Pasó a ser el punto de entrada en el inventario de Ejército de todos los recursos específicos para la operación, que van más allá de las raciones individuales de campaña, el vestuario y equipo del soldado, el material individual y colectivo NBQ, y el material de acuartelamiento
y campamento al que estaban habituados.
De hecho, se ocupa de la recepción, almacenamiento (en su caso) y preparación de cargas para transporte de «todo el material sanitario y preventivo que no requiere de condiciones especiales de almacenamiento, manipulación y distribución, tales como mascarillas, lejía, desinfectante o guantes de látex», explica el comandante Selva, jefe del Centro de Control de Apoyo Logístico del PCAMI, en el que se han integrado estas actividades logísticas.
En situaciones normales, este material lo recibiría la Unidad de Apoyo Logístico Sanitario, al igual que los recursos sanitarios que exigen unas especiales medidas de conservación y manipulación, pero la excepcionalidad de la coyuntura actual ha llevado a su centralización en
el Parque, que contaba con la infraestructura y la experiencia necesaria para prestar el apoyo.
Desde el arranque de la pandemia, los almacenes de la Unidad de Abastecimiento han recepcionado más de 5,4 millones de mascarillas, 3 millones de guantes, 31.000 litros de gel hidroalcohólico, o 92.000 monos de protección desechables en un mes. El PCAMI ha tenido que
adaptarse y pasar de una logística muy estandarizada y acostumbrada a trabajar por procedimientos, a otra focalizada en el cumplimiento de la misión de manera inmediata, capaz de recibir e identificar semejante cantidad de recursos de orígenes diversos, y poder suministrar en tiempo récord dichos recursos a quienes los necesitaban, en algunos casos, en menos de 24 horas. Para conseguirlo, se han adoptado procedimientos de crossdocking, o lo que es igual, que los recursos transiten en el menor tiempo posible hasta los clientes finales. De este modo, se preparan los pedidos, provenientes de diferentes proveedores, sin pasar por el almacén.

Aparato digestivo
Este cambio lo han vivido en primera persona los militares destinados en el almacén de la Unidad de Abastecimiento del PCAMI, convertido ahora en un almacén de tránsito y no de almacenamiento. Por este motivo, han tenido que alargar sus jornadas, incluso acudir los fines de semana, para recibir y preparar envíos diarios a un total de 85 unidades. Una situación atípica que el soldado Jimeno «no había vivido antes», pero que acepta con responsabilidad. Sabe, al igual que sus compañeros, que su labor «es
fundamental para garantizar la protección de los militares que salen a diario», bien en misión de presencia o a realizar desinfecciones de distintos centros. Ayuda en esta tarea titánica el contar con un almacén automatizado inteligente de 27.000 palés, en el que «los productos y materiales que son de uso más habitual están ubicados en lugares más accesibles, y además están duplicados, de tal manera que si hay un problema en una de las localizaciones, se puede encontrar en la otra», explica la teniente coronel Kaiser, jefa de la Unidad de Abastecimiento.

Nuevas células
El reto de la operación “Balmis” no solo ha supuesto adaptar procedimientos y sistemas de gestión en los almacenes de la Unidad de Abastecimiento, sino también transformar capacidades del PCAMI para apoyo a las necesidades más urgentes de la operación. De esta forma, los talleres de Corte, Confección y Bordados de la Unidad de Mantenimiento han abandonado temporalmente la confección de banderas, estandartes y guiones, los arreglos de uniformes de representación, gala y uniformidad de gestantes y tallas especiales, para producir mascarillas higiénicas a un ritmo de 1.500 diarias, hasta 140 equipos de protección individual al día y 800 cintas de identificación de agentes de autoridad para los militares que cada día están presentes en distintas localidades españolas. Estas cifras se logran gracias al esfuerzo de las costureras y bordadoras, que han establecido dos turnos para que las máquinas no paren. Paloma, jefa del taller de vestuario, asegura que
para ellas el hecho de cambiar de tarea no supone un problema, y lo hacen encantadas, porque quieren arrimar al hombro en estos momentos tan difíciles. «Estamos para lo que haga falta», subraya. Una actitud y disposición que es extensiva a todo el personal de los órganos logísticos del MALE y que, unida a la experiencia y capacidades con las que cuentan, llena de significado uno de los grandes lemas de esta crisis: Juntos lo conseguiremos.