“He querido reflejar el alma del Rey a través de su mirada”.
Es el pintor del alma. Así es como conocen al malagueño Antonio Montiel (Antequera, 1964), quien logra captar lo más profundo de sus retratados y plasmarlo en su mirada. Su pincel ha recorrido el rostro de personajes tan conocidos como Rocío Jurado, Marisol y hasta la mismísima Reina de Inglaterra, Isabel II. Inspirado en Velázquez, ha querido volver a impregnar sus óleos de realeza para acercar su pincel a la figura del Rey Felipe VI, en un cuadro de gran profundidad y realismo que ya luce en el Palacio de Buenavista, sede del Cuartel General del Ejército de Tierra.
Acaba de entregar el cuadro al Ejército y ante numerosos invitados. ¿Qué siente un artista cuando ve culminada su obra? Es una emoción muy grande que, de pronto, se descubra y se sienta la ovación del público. Cuando se trabaja en el estudio, paso a paso, hasta concluirla, pasan muchas cosas. Por eso, un retrato y una fotografía son completamente diferentes. Mucha gente dice que con los adelantos que hay hoy no tiene mucho sentido el retrato. Sin embargo es un compendio de muchos momentos. Según se viven todas esas situaciones, va cambiando la obra. Cuando la concluyes es como haber integrado en ella todo lo que tu ya has visto. Pero siempre está esa cosa de ¿habré logrado que vean al Rey como es?
El cuadro destaca por el realismo del rostro, ¿qué es necesario para acercarse tanto al personaje? Lo primero es la experiencia que te da la observación. A lo largo de mi vida he sido una persona que me he fijado mucho en los rostros humanos, los gestos, las miradas. Al final termina siendo como un campesino que sabe que va a llover solo por la propia intuición. En el caso del Rey, yo siempre lo había visto a través de los medios como una persona en su sitio, con prestancia. Lo que hice fue corroborarlo y, además, descubrí que era mucho más cercano.

¿Cómo fue aquel encuentro? Se organizó cuando ya habíamos hablado sobre la posibilidad de hacer el retrato para el Ejército. Al principio me dijeron que no iba a ser posible verle con el uniforme de capitán general, pero al final salió vestido con él. Estuvo muy dispuesto en todo momento. Yo tenía clara la postura, pero él sugirió también otras. Le hice casi 400 fotografías, con diferentes luces, expresiones.
¿Qué aspecto de la personalidad del Rey ha querido transmitir? Lo que he pretendido es darle el punto militar. El uniforme lleva un tono caqui, que no es un color que se distingue mucho, con ello lo que más se ve son la cara y las manos. Es muy de la escuela barroca, de Velázquez, que a mí me ha influenciado. El retrato tiene que tener un punto fundamental. Como lo que siempre me dijeron es que tenía una capacidad para transmitir el alma a través de la mirada es lo que he querido hacer con el Rey: darle importancia a lo importante.
También ha tenido la oportunidad de retratar a doña Sofía, don Juan Carlos… Cuando pinté al Rey don Juan Carlos yo tenía 19 años y estaba haciendo el servicio militar. Entonces no tenía la experiencia que tengo ahora, con 55. En el de doña Sofía, de menor dimensión, no busqué una reina, sino a ella como persona. El Rey me dijo que era uno de sus preferidos.
Incluso también ha retratado a la Reina de Inglaterra… ¿Cómo surgió? Tengo un representante inglés, que su abuelo fue tesorero en la Casa Real y parlamentario, y su tía dama de corte. A través de su familia se le hizo llegar mi trabajo. El cuadro se pintó con motivo del Golden Jubilee (50º aniversario de la subida al trono). Fue increíble. Nunca había imaginado que eso me podría suceder. Llegar a ella fue algo muy bonito y muy sorprendente, porque era mucho más normal de lo que uno puede imaginarse. Llegó a decir de mi retrato que era una delicia.
Le llaman el pintor del alma… ¿Cómo se llega hasta el alma a través de la pintura? Detrás de cada persona, cuando le quitamos los complejos, los miedos, el ego; esa es la parte que a mí me interesa. Una buena iluminación, pero siempre buscando lo mejor de la gente.
Actualmente ha pintado muchos rostros de artistas conocidos, pero, en sus inicios, hubo uno muy especial… Marisol fue para mí el descubrir del dibujo. Yo tenía tres años cuando mi padre trajo a casa una revista con el rostro de Marisol. Me fascinó de tal manera que lo copié en una libreta hasta que me lo aprendí de memoria. Con 14 años me escapé a conocerla a Altea (Alicante). Después la he pintado muchas veces y ha sido una musa para mí.
¿Y ella qué pensó? Se quedó sorprendida, le hizo mucha gracia. Yo me había escapado en un autobús que circulaba toda la noche, primero a Alicante y luego a Altea. Me preguntó por lo que había visto de ella. Siempre fue una inspiración para mí.
Además ha dado vida al rey Fernando El Católico en Málaga… Fue un honor que se me concedió a finales de agosto. Con motivo del final de la Feria de Málaga, se realiza una puesta en escena de la reconquista de la ciudad, en 1487. Íbamos paseando por la calle y fue muy bonito. La verdad es que de pequeño en el colegio dirigí Jesucristo Superstar y de más mayor representé alguna obra de Lorca, pero yo siempre me decanté por la pintura.
Su especialidad es el arte sacro… ¿se puede llegar también a plasmar el alma de una imagen religiosa? En Málaga tenemos muchas imágenes que guardan mucha devoción. Yo creo que esa energía que proyectan los fieles termina teniendo alma. Cuando lo tienes cerca es como si tuviera vida.
También jurado en Premios Ejército… Los conocí haciendo el servicio militar. Son de los más antiguos que existen, actualmente, a nivel cultural en España. Es un honor formar parte del jurado y tener la oportunidad de que esos pintores, que siguen una escuela más clásica, no se queden en el olvido por culpa de una vanguardia en la que parece que está impuesto lo moderno. El arte es arte, independientemente de los tiempos.
¿Cuál es el próximo reto que tiene pendiente? Un retrato del Rey de Marruecos. Estoy esperando que me llame para hacerlo en Marruecos o en su casa de París.