CARMEN POSADAS / ESCRITORA

« Para ser escritora hay que ser gran lector y gran observador »
Carmen Posadas nació en Montevideo en 1953 y vivió allí hasta los 12 años. En 1965 se trasladó a Madrid con su familia, aunque también ha vivido en Moscú, Buenos Aires y Londres. Es autora de decenas de libros, principalmente novelas, ensayos y cuentos infantiles, así como guiones de cine y televisión. En 1998 ganó el Premio Planeta gracias a Pequeñas infamias. Sus obras han sido traducidas a una veintena de idiomas.
CARMEN POSADAS / ESCRITORA<br /> « Para ser escritora hay que ser gran lector y gran observador »
CARMEN POSADAS / ESCRITORA
« Para ser escritora hay que ser gran lector y gran observador »

Después de tantos siglos de literatura universal, uno puede pensar que en realidad ya está todo contado: el amor, los celos, la muerte… ¿No resulta un tanto desalentador?

Es verdad que las pasiones humanas son las mismas desde la noche de los tiempos, y los griegos eran especialistas en contar todas las grandes pasiones, así que no se puede inventar nada nuevo. Lo importante es ver cómo se manifiestan esas pasiones en cada momento, porque los celos, por ejemplo, no se expresan de la misma forma hoy que en la antigua Roma o en la época puritana. Ese es el reto.

En los últimos años estamos viendo cómo el papel se bate en retirada frente a los soportes electrónicos. ¿Llegará a ser el libro impreso una pieza de museo?

Yo no leo en el e-book. Lo he intentado y no me entero de nada. Es más, sigo pensando que el libro es un invento perfecto y que va ser muy difícil que una cosa sustituya a la otra. De hecho, el crecimiento inicial de los e-books fue muy rápido y todos nos asustamos pensando que, en una generación, ya nadie leería en papel. Sin embargo, ahora ese fenómeno se ha estancado y la gente lee en e-book un determinado tipo de libros: novela rosa y novela policiaca, principalmente. Pero cuando quieres leer Fortunata y Jacinta o los Episodios Nacionales, o quieres conservar un libro que te gusta, te lo compras en papel, porque con él llegas a entablar una relación no sentimental, pero sí emotiva.

Usted promueve, junto a su hermano Gervasio, una serie de talleres literarios para que escritores noveles aprendan a desarrollar su creatividad. ¿Qué se necesita, a su juicio, para ser un buen escritor?

Solo hacen falta dos requisitos. En primer lugar, ser un gran lector, porque si no cada vez que escribas algo te va a parecer que has hecho un gran descubrimiento, y resulta que eso ya lo dijo Cervantes y lo dijo mucho mejor que tú. En segundo lugar, ser un gran observador; es decir, ver la vida como un escritor en vez de verla como cualquier otra persona. Se trata de hacerse preguntas permanentemente e ir con los ojos bien abiertos. Por eso los lectores de este periódico juegan con ventaja, porque son militares y, gracias a ello, han tenido unas experiencias muy distintas a las de otras personas. Si en ellos se dan esos dos ingredientes, ¡ya se pueden dedicar a la escritura!

¿Qué importancia tienen para usted las modas literarias?

Cualquier otro autor dirá que escribe lo que le inspiran las musas y que no se fija en las modas, pero yo creo que la moda es un fenómeno mucho más profundo de lo que pensamos. No se trata de si la falda se lleva larga o corta, sino de conectar con la sensibilidad del momento. Y un escritor, necesariamente, tiene que hacer ese ejercicio. En el siglo XIX, por ejemplo, Balzac y otros escritores hacían descripciones de cinco páginas, porque la gente no sabía cómo era un bergantín o un cocotero, y había que explicárselo. Pero hoy día, con el cine, la televisión, etc., ya no es necesario, porque la gente sabe cómo son las cosas. Ahora la literatura se parece mucho más a un spot publicitario.

¿Y qué valor concede a las críticas, buenas o malas, que reciben sus libros?

Si la crítica es en Estados Unidos, Francia, Reino Unido u otros muchos países, estoy siempre nerviosísima, porque los críticos son muy influyentes y el lector valora su opinión antes de decidir si compra o no el libro. Sin embargo, en España la opinión de los críticos no importa mucho. Aunque uno te saque los ojos, no pasa nada. Lo que importa es lo que piensen los lectores.

CARMEN POSADAS / ESCRITORA<br /> « Para ser escritora hay que ser gran lector y gran observador »
CARMEN POSADAS / ESCRITORA

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¿En qué está trabajando actualmente?

Estoy escribiendo un libro en el que la duquesa de Alba [María Teresa de Silva Álvarez de Toledo, 1762-1802] es uno de los personajes centrales. Yo no sabía que la duquesa, que no pudo tener hijos, tenía una niña adoptiva negra, lo cual es bastante sorprendente. Goya pintó un óleo en el que se ve al ama de la duquesa jugando con esta niñita, que se llamaba Mari Luz, y posteriormente realizó varios dibujos de ella en Sanlúcar de Barrameda, cuando la duquesa de Alba se había quedado viuda. A través de este personaje, quería contar la historia de la duquesa y también la de la esclavitud en España, que es un tema muy desconocido. Yo soy uruguaya y siempre había oído hablar de la existencia de esclavos en Sudamérica, pero no sabía que en España también los hubo hasta el siglo XIX.

Para preparar este libro, ha tenido la oportunidad de visitar el Palacio de Buenavista, sede del Cuartel General del Ejército. ¿Qué le ha parecido?

Para mí fue una enorme sorpresa. Yo estoy acostumbrada a utilizar mucho la imaginación, porque, cuando ves un sitio, normalmente no tiene nada que ver con lo que fue y tienes que imaginártelo todo. Pero cuando llegué al palacio, dije: “¡Dios mío, si no hace falta imaginar nada! ¡Está todo aquí!” [refiriéndose a los cuadros, tapices, muebles, lámparas, relojes, etc.]. Me ha sorprendido mucho, porque, al ser un palacio vivido, es muy diferente a un museo. En un lugar como este, te puedes hacer una idea perfectamente de cómo era la vida aquí.

Dígame un libro que, por encima de cualquier otro, recomendaría a su mejor amigo.

A mi mejor amigo le recomendaría alguna obra de Dickens. Me encanta este autor, porque, aparte de contarte una historia y contártela muy bien, está reflejando una época y analiza psicológicamente a los personajes. Además, Dickens tiene la rara virtud de interesar tanto al público más popular como al más intelectual.

¿Y un libro que no recomendaría ni a su peor enemigo?
El último Premio Pulitzer. Lo acabo de leer y me ha parecido una tomadura de pelo, aunque está teniendo mucho éxito. Se llama La luz que no puedes ver.

http://www.carmenposadas.net/index.php

https://www.facebook.com/CarmenPosadasOficial

Un héroe del pueblo para un pueblo de héroes

Se acerca el Día de la Fiesta Nacional. En este día nos gusta recordar hazañas de nuestros soldados españoles, porque su ejemplo vertebra la columna de valores sobre la que se asienta el espíritu de nuestra España, tantas veces castigada y tantas veces gloriosa en la adversidad.

En una noche fría de diciembre de 1868, las monjas de la inclusa de Madrid recogieron a un bebé abandonado en su puerta. El bebé llevaba una nota en la que se pedía que se le bautizase como Eloy Gonzalo, y así lo hicieron las hermanas, que, además, encontraron una mujer que se hiciese cargo de él, al menos hasta la edad de trece años, cuando no pudo seguirle manteniendo. Al cabo de unos años el muchacho acabó, tras alguna incursión no muy exitosa en varios de los oficios de la época, alistándose en el Regimiento de Dragones de Lusitania en 1889. Inclusero y abandonado por la suerte, buscó su sitio en nuestro Ejército.

Eloy Gonzalo, héroe de 'Cascorro', 119 años de su hazaña

Eloy Gonzalo, héroe de ‘Cascorro’, 119 años de su hazaña

Tras ser encarcelado en Valladolid tras amenazar a un oficial que había “intimado en exceso” con su novia, siguió toreando al destino al alistarse para Cuba, lo que eximía de presidio a los convictos por falta leve, arribando a la isla caribeña en diciembre de 1895 y siendo destinado a Camagüey con el Regimiento de Infantería María Cristina nº 63.

El General español Weyler se enfrentaba en Cuba a una “guerra asimétrica”, donde los insurrectos cubanos (mambises) atacaban en pequeños grupos para desaparecer después, por lo que estableció unas posiciones fortificadas, o blocaos, para la defensa de la isla. A uno de esos blocaos, llamado “Cascorro”, acabó llegando el bueno de Eloy.

En la madrugada del 22 de septiembre de 1896, unos 2.500 rebeldes equipados con tres piezas de artillería y abundante caballería atacó la plaza. El oficial al mando, el capitán Neila, sólo tuvo tiempo de enviar un mensajero a pedir refuerzos al cuartel general de Camagüey. La ayuda no llegaba debido a la impracticabilidad del terreno, anegado por las lluvias. El insurgente Máximo Gómez conminó a Neila a rendirse. Esta fue su respuesta: “He admitido al parlamentario que me envía usted porque creí que, habiéndose desvanecido todas vuestras ilusiones de triunfar, y aprovechando la bondad de España, veníais a acogeros al indulto. Nosotros no nos rendiremos nunca, y no me envíen más recado, o haré fuego sobre el emisario”.

Neila decidió un movimiento táctico que sorprendería al enemigo: pagarle con la misma moneda, infiltrando un hombre que incendiase por sorpresa la casa donde se encontraban los primeros asaltantes. Era una tarea suicida, por lo que pidió voluntarios entre la tropa. Eloy no se lo pensó dos veces y se ofreció voluntario, pero pidió que le atasen con una cuerda para que, si moría en el intento, sus compañeros pudiesen recuperar su cadáver de las manos del enemigo.

Salió al anochecer equipado con su fusil, una antorcha y una lata de petróleo. Cumplió su cometido y la casa Miguel Hernández, cuartel general de los mambises fue pasto de las llamas, mientras Eloy abatía rebeldes en buen número, regresando posteriormente a su blocao.

Pero a Eloy Gonzalo la suerte sólo le acompañó en Cascorro. El bravo madrileño acabó muriendo meses después, en un hospital de Matanzas, de una disentería. Por la acción de Cascorro, Eloy Gonzalo recibió la Cruz de Plata al mérito militar y, lo más importante, el reconocimiento del pueblo de Madrid, muy necesitado de héroes y desconocedor de que Madrid, como el resto de España, estaba repleto de ellos.

Si pasáis por el Rastro y os encontráis su figura, sonreídle.